Skip to content

Asesino Profesional

17/12/2008

El Equilibrio entre el Bien y el Mal

El Equilibrio entre el Bien y el Mal

No imaginé que la documentación que poseía tuviera relación con una historia de amor al ser contratado en Marsella por el intermediario serbio, un militar entrado en años disfrazado de ejecutivo, mal hablado y demasiado nervioso para estos encargos.

Volé hasta Madrid en primera, me hospedé en un Hostal hasta recibir, a través de una empresa de mensajería, el material de trabajo. Al tercer día subí al autocar que debía transportarme hasta Zaragoza; allí, localicé el Parking acordado donde recogí el vehículo, un Mercedes.

A primera hora de la mañana del día siguiente desayunaba en la Plaza Catalunya de Barcelona, en el restaurante que corona el rascacielos del centro comercial del Corte Inglés, junto a un ventanal por donde contemplar Las Ramblas en toda su extensión arquitectónica y humana. Luego, en la sección de jardinería y bricolaje, adquirí ropa de pintor de brocha gorda.

Descendí las siete plantas en ascensor, mudé de vestuario en los lavabos del aparcamiento para clientes. Guardé el traje en el maletero del Mercedes y salí a la calle caminando.

Un taxi me llevó hasta la estación de Sanz, a pocas manzanas de la cárcel Modelo. Por la acera de enfrente y a paso medido, fui aproximándome al centro penitenciario cargado de cubos, trapos y brochas.

Cada día a la misma hora, en la puerta principal se agolpaban las madres y mujeres de los presos, hermanos, hermanas, hijos, nietos, emparentados todos por el efecto causado por la privación de libertad. Con la misma rutina horaria, por encima del muro de la parte derecha de la prisión una descarga de paquetes esféricos cruzaba de un lado al otro, drogas, dinero, comida, pastillas. Los guardias, desde sus garitas, poco podían hacer más que intimidar a los lanzadores con sus fusiles.

Al lado izquierdo de la cárcel, durante los mismos espacios de tiempo, los reclusos también recibían visitas y recados.

Tengo un contrato a cumplir, un elemento a eliminar. La dirección del edificio de delante, tras la oscuridad del viejo portal asoma una escalera para cuatro pisos independientes, sin ascensor y una terraza sin vigilancia.

La mujer va cada mañana a sabiendas que tan sólo podrá verle durante quince minutos. Quince minutos de amor, de novedades, de las correrías de la pequeña de tres años, de recuerdos que les estremecen y unen. Él asoma entre los barrotes de la ventana de la segunda planta, desde allí le dedica sus mejores versos, compuestos en las febriles noches de insomnio y soledad.

Atravieso el portal y asciendo por las escaleras hasta alcanzar la salida a la azotea. Descargó mi equipaje compuesto por una pequeña escalera plegable, un par de palos de alargo, rodillos, trapos y un cubo. El mono blanco que visto me camufla entre las sábanas desplegadas por el suave viento del tendedero.

Miro al cielo, despejado de nubes, y pienso que es un buen día para morir.

Los utensilios de pintura se materializan en un arma con mira telescópica de alta precisión. Extraordinario instrumento al servicio del Diablo. Miro el reloj y compruebo el punto de mira mientras quedo a la espera.

La mujer no entiende qué ocurre cuando él desaparece de súbito, sólo el compañero de celda es testigo del vertiginoso salto hacia atrás, con el pecho escarlata y un feo orificio escupiendo rojo entre dos ojos muy abiertos y sorprendidos. Ella grita su nombre atenazada por el pánico, alertada por el sentido femenino número seis.

Me borro del mapa calculando la cifra en mi cuenta suiza.

WP

En la Página INICIO,

arriba a la derecha: NARRACIONES

CuentosCortosCompletos

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: