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Fin de la Crisis

03/03/2009

* INTRODUCCIÓN *

¿Ficción? ¿Realidad? ¿Quién puede profetizarlo? Las civilizaciones vienen y van, son los anales de la humanidad. ¿Será éste el capítulo final de la nuestra? ¿Acaso serán las generaciones del siglo XXI las culpables del terrible Ocaso?


punto y final

Los analistas mediáticos coincidieron en la raíz del problema. La culpa era de los bancos. Los banqueros se sirvieron de las posiciones favorecidas por los políticos, cuando no al revés.

Pero, maestro, si se demostró que el sistema capitalista les arrastró a la situación límite, ¿Por qué ese empeño en refundar el mismo mal?

Porque la codicia no conoce límites, los que tenían dinero en los paraísos fiscales no quisieron devolverlo, los que antes ostentaron un pedazo de poder despreciaron las ideas y las necesidades del pueblo. Porque los humanos somos olvidadizos por conveniencia, y unos verdaderos desastres a la hora de prevenir los riesgos.

Pero las antiguas civilizaciones, ¿No sirvieron de ejemplo?

Puedes jurarlo amiguito. – Aseveró el maestro después de escupir sangre contra el fuego – Los fuertes acabaron con los débiles. Un nuevo orden entró en escena, motivando fenómenos sociales tales como la expansión de la pobreza en los países ricos. Los gobiernos establecieron duras leyes en contra de la inmigración ilegal, la más grave quizá fuera introducir vigilancia policial en los hospitales, en los comedores gratuitos y en las organizaciones no gubernamentales.

Los inmigrantes dejaron de acudir y enfermaron – Asoció con acierto el muchacho inglés de rostro pecoso y el pelo rojo erizado.

Muy bien Marc, y ¿qué ocurrió entonces?

Los contagios.

Adivinó Joseph, el menor de los cinco, quienes escuchaban atentamente en derredor al calor chispeante de la hoguera, entre las paredes de las oficinas de lo que en su día fuera una gran empresa textil.

Pandemias, pestes, la humanidad conoció los tiempos más crueles a resultas de la peor depresión económica de su historia. Guetos, barrios, poblaciones, ciudades, exterminios provocados por las acciones del terrorismo, vandalismo armado de violencia gratuita y asesinos que quedarían impunes por los crímenes cometidos.

El maestro, un tipo de unos cincuenta años, flaco y demacrado, instruía a los chicos durante las anochecidas. Era un elocuente orador con antecedentes en historia del arte. Una metástasis en los pulmones le atormentaba los sentidos al respirar. Intuía su muerte a corto plazo y la cuestión le perturbaba, aquel hatajo de muchachos debía resistir a toda costa, pues de ellos dependía el nuevo mundo, el mensaje que escondía la información con la cual les nutría las mentes cada noche. El salvoconducto para las generaciones del porvenir.

Yuleydi tenía trece años y estaba embarazada de Walid. El profesor Person les guardaba un particular afecto. No simbolizaban solamente la esperanza del milagro celular, sino que también eran portadores del amor más puro.

Maestro.

Reclamó Oliver, de unos nueve o diez años y afectado por una anemia que le marcaba el cuerpo entero con decenas de moratones violetas.

Dime pequeño héroe del futuro. ¿Cuál es tu pregunta?

Tú nos dijiste que las distintas religiones separaron las culturas. Entonces ¿Se pusieron de acuerdo para destruir el mundo?

Después de la risa, el profesor rompió a toser, contrayendo los labios como un pez fuera del agua. Los chicos le observaron en considerado silencio y disimulada preocupación. Yuleydi se incorporó para ponerle la manta sobre los hombros, esqueléticos, al viejo catedrático. – ¿Estás bien maestro? – Quiso saber mirándole con ternura. Cargando con el peso de los seis meses de gestación en su interior. Walid enseguida fue junto a ella, reproduciendo sus movimientos como si fuera su sombra. Yuleydi era finlandesa y blanca como la nieve, Walid era somalí, y más negro que el azabache.

Una semana más tarde, buscando la biblioteca de la ciudad en ruinas, el maestro les abandonó, obligándolos a continuar sin él. Inspirado en los instintos animales, buscó un lugar apartado donde poder agonizar en soledad y expirar sin provocar desánimos. Días después Oliver se marchó de la misma forma.

A los dos meses y medio, Yuleydi dejó la vida a cambio de un bebé sano con unos hermosos ojos celestes. La llamaron Esperanza, una niña preciosa. Walid invirtió su tiempo en educarla, Marc y su hermano Richard murieron, uno tras otro, por falta de medicamentos. Al fallecer Walid, Esperanza se quedó literalmente sola en el mundo. Tampoco ella llegó a envejecer.


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7 comentarios leave one →
  1. 06/03/2009 23:33

    Acepto la boina Eduard.Y el botijo y el porrón.Nada de lo que describes ha sido causado por estos nobles artefactos.Nos daría tal vez, la ingenuidad necesaria para empezar de nuevo.

    En el principio fue el botijo…

  2. 04/03/2009 21:46

    Bueno, si estudiamos los problemas actuales, empezando desde el vertedero espacial, pasando por la contaminación de mares y ríos, la atmósfera y el agujero de ozono, el exterminio de las especies, junto al tráfico de armas vinculado directamente al de drogas, el terrorismo, la religión, la pésima distribución de la riqueza, el obrero marginal y esclavizado, las naciones gobernadas por dictadores descerebrados, los derechos humanos pisoteados, mujeres y niños violados por familiares y vecinos, las cifras astronómicas de los deportistas y actores de élite, las enfermedades, las pasarelas de moda, las patentes de los laboratorios farmacéuticos los..(Podría seguir un año entero) etc. Pues, si yo fuera un pitoniso diría que el sistema sostenible no se sostendrá por mucho más.

    Si bien, por nuestra parte, podemos ser testigos del evento, podemos transmitir el mensaje en el interior de una botella a los que llegarán luego, podemos resistir con humor y Blogs, podemos legar el arte de nuestros tiempos, y podemos mantener la Esperanza.

    De hecho, si tu quieres, Jusamawi, te guardaré una boina, un botijo guapo y un porrón para que estés listo cuando ésto meta el pedo cósmico

    Lo digo sin mucha convicción pues tengo hijos y no me queda más remedio que creer en una Esperanza que envejezca. Pero, querido amigo, creo que mi relato, bueno o malo, avisa con una reflexión amagada de lo que podría ocurrir si no cambiamos el mundo a tiempo.

    Y sino, seremos historia junto a las civilizaciones egípcias, aztecas, índias, etc.

  3. 04/03/2009 21:06

    Tu historia confirma que la Esperanza es lo último que se pierde. Y después ¿qué? ¿el big crunch y de nuevo el big bang y el polvo estelar y las amebas y los animales marinos y los anfibios y los reptiles y… nosotros al final de cadena hasta llegar a otra Esperanza?¿No hay manera de romper semejante círculo vicioso?

    (Pesimista visión pero llena de talento y fuerza)

    Salud

  4. 04/03/2009 17:27

    Jajaja con su perdon caballeros, pero es que se os va la olla!!!!
    El texto muy bueno, sobre todo por esa manera tan felina de esperar la muerte. Destacable la última frase : ” Tampoco ella llegó a envejecer. ”
    Personalmente espero que el futuro se presente de manera menos trágica, o que al menos Esperanza acabe consigo misma… que sería un fin mas cercano.

    Saludos!!!

  5. 04/03/2009 15:36

    Evidente, me jodiste el siguiente capítulo, Mad Max surgiendo de entre las ruinas, con boina, un botijo y comiendo tortilla de patatas en polvo.

    Estás que te sales, regalando ideas y metiendo miedo con la supergripe.

    Porque no caí en la cuenta, sino les hubiera exterminado con el retorno de la supergripe española.

    ¿Ves? Ya tenemos otra historia con la que trabajar. Mad Max, el Retorno del Futuro, el renacimiento de una civilización donde sobreviviran los más fuertes, donde las luchas a muerte serán con botijos nucleares, tortillas de antrax y boinas teletransportadoras.

  6. 04/03/2009 14:11

    Apocaliptico futuro el que usted pinta, amigo Eduard. Mad Max de la crisis. No fate.

    ¿Viene la supergripe?

  7. 04/03/2009 10:43

    Vaya futuro negro como color de hormiga.

    Uff…

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