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El Documento Fantasma

06/03/2009

¿TIME?

La Misteriosa Historia de Toni Milton

Como cada mañana, Toni Milton abrió el Macbook y encendió el sistema. Clicó el icono del procesador de texto y se enfrentó a la falta de inspiración. Un café, un pitillo tras otro y los dedos crispados planeando sobre el teclado. A la escucha de los informativos de la radio, esperando hallar en los sucesos una idea para su columna.

No salía a no ser que se quedara sin cigarrillos o café. No respondía a las llamadas del director del rotativo ni a las de su hija mayor. Sufría, ¿Cómo decirlo?, una depresión bipolar, un concepto que nunca terminó de comprender, pero que gustaba de justificar como diagnóstico.

Dejó de asistir a las reuniones de alcohólicos anónimos. Hacía poco que se había divorciado y perdido el juicio que su ex-mujer se empeñara en tirar adelante. Lógico, ella se quedó con todo, la casa, la custodia de los niños, la libreta del banco y lo peor, su abogado consiguió que la juez lo obligara a pasarle una desorbitada cifra mensual. Así fue como Toni llegó al cuchitril del Besos. La primera semana le atracaron en su propio portal, le sustrajeran las cinco ruedas del coche, quemaron su buzón y desde la asociación de vecinos lo propusieron para presidente de la comunidad.

Sorbía de la taza del café cuando descubrió en el escritorio del ordenador un documento de texto que no recordaba haber transcrito. Al leerlo la perplejidad se adueñó de su razón. Dudaba de haberlo escrito él, sin embargo, no podía ser de otro modo, pues era el único con acceso al Macbook. El título del documento rezaba así: Lo Incomprensible. Con el formato acostumbrado, un artículo a dos columnas sobre las artes ocultas. Un tema que siempre se la trajo floja, puesto que era el rey de los escépticos hipocondriacos. Después de releerlo varias veces, aparcó el misterio cediendo el paso al pragmatismo. Corrigió lo mínimo, cambió algunos sinónimos y un par de verbos y lo envió vía e-mail.

majaretaDespués de una ducha rápida salió a comprar con el teléfono conectado ya. Las supuestas reprimendas se convirtieron en halagos y buenas críticas. Si bien, no olvidaba que había sido fruto de la casualidad; el pánico regresaría en cuanto volviera a enfrentarse a la página blanca.

A la mañana siguiente, al encender el portátil, descubrió con asombro otro documento, el cual tampoco recordaba haber realizado. Después de tomarse un café, dedicó unas horas a buscar por el sistema. Con el programa apropiado, reunió todos los archivos de texto, tiró a la papelera más de la mitad y envió el nuevo relato titulado Los Escépticos. Parecía ser una parte consecutiva del tema anterior, un despiece periodístico. Al mediodía recibió una llamada de Alicia, su hija mayor y conversaron sobre el derecho del aborto. Por la tarde, más lametazos del director.

Al iniciar el sistema el tercer día, sintió una punzante frustración al comprobar que no había documento ninguno. De súbito, unas nubecillas blancas explosionaron hasta esfumarse de la pantalla, dejando entrever el consiguiente archivo: ¿Creer o no creer? Contra más veces lo leyó más convencido quedó del anonimato del autor. Pensó en la piratería, en el sonambulismo, en que no tenía que haber vuelto a beber, en la remota posibilidad de un cruce de conexiones. De todos modos, tampoco tenía prisa por desenmascarar el enigma.

Transcurrieron meses viviendo este caso aceptado sin admitir el misterio de la esencia. Los Creyentes, Más allá de la Realidad, El Adivino, Incógnitas y Secretos, El Visionario, etc. Ya no se molestaba en revisarlos, confiado en la calidad del trabajo los reenviaba sin dudar.

Sin embargo, tal día como hoy, el milagro se esfumó de la misma manera que llegó. Y dejaron de aparecer los textos. Los días, una semana, un mes. El prestigioso columnista Toni Milton se abocó a la desesperación y su vida al caos total, despertando de la tajá en cualquier rincón del cubil, maltrecho y sucio como un cochino. Fue al darse cuenta de su fe en lo paranormal cuando entró en conflicto consigo mismo. Entonces, escudado por la fuerza de la voluntad se propuso volver a escribir, más y mejor que aquel documento fantasma.

Encendió el portátil y convocó la página en blanco. Sin vacilar, sus dedos teclearon habilidosos. Pero pronto su sonrisa se apagó, pues el documento escrito rezaba tal cual:

Como cada mañana, Toni Milton abrió el Macbook y encendió el sistema operativo. Clicó el icono del procesador de texto y se enfrentó con la falta de inspiración a la página en blanco.

Cuantas más veces lo escribió más veces lo leyó, la voluntad que creyó poseer no fue más que una ilusión, por mucho empeño que pusiera en concentrarse, sus dedos actuaban por cuenta propia. Condenado a este bucle del tiempo, repitiendo la misma historia una y otra vez.

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One Comment leave one →
  1. 09/03/2009 22:05

    Pobre Tony,esclavo dos veces de sí mismo.Lo que le liberó le acabó atando de nuevo.Concordar la voluntad con el tiempo es tarea harto dificil.Lo que llamamos suerte es cuando ambas coinciden.Si intentamos forzar ese encuentro nos vemos condenados a ese bucle del tiempo del que hablas.Cuando todo viene dado, pensamos que,de tan fácil,no podemos ser nosotros los que lo hayamos conseguido y nos lanzamos en brazos de la suerte, la casualidad o los fantasmas para explicarlo.

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