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Lilly´s Club, Striptease para Blancos

02/04/2009

Tina Turner/Tommy/Retoques EB

Para Lilly La Noire resultó amargo no morir a tiempo, lo sentía en el corazón, pintándose la sonrisa en la cara, los ojos, las cejas, las mejillas. Todos los finales son dolorosos, pero ninguno lo es tanto como el del desamor, el desamor de aquellos amantes que la mantuvieron, a los que mantuvo, a los que deseó y a los que amó.

Lilly La Noire regalaba rubíes a los hombres que la hacían gozar, la elegancia de sus gestos la precedía, una dulce perversidad en la mirada turbadora y fascinante, ambas virtudes fundidas a un cuerpo condecorado con unos pechos magníficos, anchas caderas y largas piernas. Rubia natural e inteligente. Quienes la conocieron contaban que poseía un diamante por corazón, precioso y duro.

Pero para llegar hasta aquí habría que remontar años atrás, cuando una joven Lilly llegó a Nueva York con una maleta de ropa y otra llena de dinero.

Lilly´s Club fue la inversión, el burdel más emblemático de la ciudad. Los hechos transcurrieron del siguiente modo: Llegaron los sicilianos a negociar su protección, Lilly aceptó con una condición, conocer al Jefe de la familia, Toni Giuliano. A los seis meses se casó con el hijo menor de los Giuliano, Víctor Giuliano.

Lo más extraño del asunto fue que además cayó bien a la estirpe, mujeres incluidas. Jamás se la trató como a una extraña. Por aquellos tiempos las familias resolvían sus rencillas a lo grande.

El esposo de Lilly acabó contando chistes a los peces, bajo la aceitosa superficie del río Hudson, atado de manos y con cien kilos de cemento encadenados a los tobillos. Los autores, esbirros de la familia Trezza, se personaron en el club de viuda con la intención de expropiarlo. Lilly se mostró de acuerdo, pero con una condición. A los pocos meses ella y el hijo único de los Trezza de Córcega, Andolini Trezza, unieron sus vidas en Sagrado Matrimonio. Para colmo de lo imprevisible, enseguida encandiló a sus nuevos parientes. Ella rebosaba felicidad, viviendo los sucesos con naturalidad y una sobria resignación, con una sonrisa para cada ocasión y cada hombre.

La guerra por el tráfico del alcohol abrió las puertas a todos los asesinos a sueldo del estado de New York. A Andolini le acribillaron dos pistoleros a la salida de un combate de boxeo amañado, por venganza y por peculio. Lilly enviudó de nuevo, sin embargo, lejos de abandonarse a la pena o la soledad, continuó al frente del Lilly´s Club.

El local se convirtió en terreno neutral para desahogo de todos los bandos, La Madame trataba por igual a los negros de Harlem, a los judíos de Queens, a los latinos de Manhattan, pero por encima de todos, a los italianos del Bronx. La Madame disfrutaba por igual la compañía de unos y otros. De compañera pasó a ser confesora, madre, padre, hija, hermana, puta, niña, muñeca.

Una noche intervino en una trifurca con hombres de clanes rivales. No fue la última ni la única vez. Llegó a ejercer de tal modo su influencia que terminó por ser considerada una más, con sus beneficios económicos y los consecuentes riesgos que comportaba tratar con la mafia.

Corría el año 1930. La gran depresión, miles de trabajadores vagabundeando y deambulando de un estado a otro, huyendo de la pobreza en pos de la supervivencia, la delincuencia aumentó y las leyes se endurecieron. En el Lilly´s Club hicieron acto de presencia unos detectives procedentes de Boston.

Lilly La Noire fue detenida por el asesinato de su primer esposo William Benbow, y por haberse fugado con el dinero del seguro de la ferretería que quemó en Boston con él dentro. Lilly se entregó con una condición, pero entre la fiscalía no pudo hallar pretendientes a su genio y figura.

Treinta y dos años después La Noire se ganaba la vida vendiendo flores a la entrada del club que en un día fue suyo y que hoy era un salón de baile (Un Striptease) para blancos estirados. Era respetada en el barrio aunque malviviera de la limosna de los hipócritas, como mínimo no recibía las palizas de las bandas callejeras.

Lilly acariciaba la idea de que jamás hubo de ser vieja y fea. Envidiaba aquellos muchachos italianos e irlandeses que murieron jóvenes y felices en brazos de la venganza o el poder. El calendario se encargó de mantenerla con vida para escarmentarla de sus pecados y su soberbia.

dance

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6 comentarios leave one →
  1. 12/04/2009 23:55

    Si la llegas a casar con el hijo del fiscal del distrito me lo hubiera creido.Lo propio hubiera sido morir de un balazo que le atravesara el alma.Pero, no, tú has tenido la osadía de mostrarnos a Lilly de vieja.Hoy te veo moralizante.Yo me enamoré de la primera Lilly.¿Qué hago ahora para olvidar a la vendedora de flores?

  2. 03/04/2009 9:06

    Con o sin su permiso me quedo con la frase:
    Y los autores malditos no tenemos ingresos, salvo en los hospitales.
    ¿Cómo es posible que no se hubiera ocurrido a mí?

  3. 03/04/2009 6:20

    Usted lo que es, es un provocador. Marimar de tres al cuarto. Y le diré que no está ya uno como para mantener mas hijos…¡¡que seguro que luego me pide pensión!!

    Y los autores malditos no tenemos ingresos, salvo en los hospitales.

    Ya es usted mayorcito para andar disimulando con seudónimos, si usted fue fan de Los Guirlaches, lo fue. Acéptelo. Todos tenemos un pasado turbio.

  4. 02/04/2009 20:45

    Me encanta!

  5. 02/04/2009 18:23

    Obra mayor, querido amigo. Sabor negro. “Érase una vez en América”, y la ilustración muy ad hoc.

  6. 02/04/2009 15:45

    Lo he leído un par de veces, me encanta, no deje de llevarnos por esa Nueva York de la primera mitad del siglo XX, al menos yo disfruto el viaje y de qué modo.

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