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El Caso Tellerda

20/04/2009

Ilustración EduardBlanco

Ilustración EduardBlanco

El caso de Tellerda apenas demoró en ser archivado. El fiscal tenía al autor, el móvil y el satisfactorio desenlace con héroe regional incluido. Los medios hicieron el agosto en aquel idílico rincón del Pirineo, sin embargo, para sus habitantes resultó un estigma infernal del cual, pensaron, nunca se desprenderían.

A las pocas semanas, mientras experimentaba con la teoría del caos en mi estación cibernética, escuché los mensajes del contestador del teléfono fijo. Siete de mi madre, cinco de ventas y uno de Désirée.

– Je suis Désirée. Moi, je suis secuestgada pour Berbíii. Dans la montagne il est le secret – ¡Te jodan! – Exclamé – No haber ido.

No obstante, el instinto me dolió en el culo. Casado, la familia, los gatos, los peces. Después de una ducha fría, entré como civil en el dormitorio conyugal, revolví el fondo de los cajones y salí con los cojones del Caballero Legionario del Tercio del Gran Capitán que un día fui. A pesar de cruzarme con mi esposa en la puerta del ascensor, aludiendo el clásico del tabaco, tomé las de Villadiego apresurándome a borrarme del rellano. Un taxi me trasladó hasta la Estación Central. Al atardecer llegaba a Tellerda, con el uniforme de camuflaje, la mochila a reventar y todo lo necesario en su interior. Caminé campo a través, de incógnito, no debía llamar la atención puesto que era una misión secreta.

Mi plan no podía ser más simple, contaba con la osa mayor, una brújula que encontré tirada al principio del sendero, y el plano topográfico de la zona. Franqueé la línea policial que prohibía el acceso al pasadizo que daba a la zona donde hallaron los cadáveres congelados. Escupí al suelo y murmuré: – El aperitivo. Chts, chts, chts, este Berbi, menudo cabrón.

lococolgadoDispuse un punto de encuentro para la tropa y una hora tope. Me alimenté del bocadillo de Nocilla que Laura había preparado para la merienda del niño. Formaba parte de la estrategia, igual que las seis latas de cerveza, (una barbaridad en ácido fólico) y la onza de hachís, para los momentos álgidos de soledad. Paciente, atendí a la ambientación bélica y mi mirada se adaptó a la oscuridad como la pupila de un búho. Se me cayó una china a mi izquierda, al tumbarme a ras de suelo para buscarla descubrí un gornitti señalando hacia una hilera de diminutas bombillas dispuestas a lo largo. Caminé hasta el fondo de un rellano donde nacía otro declive. Encendí la linterna oficial de las Operaciones Especiales y el círculo iluminado reveló la forma abrupta de una gruta. El silencio que de allí provenía estremeció mi alma guerrera, realicé unos pasos cortos con cautela, la temperatura era bajo cero. La luz proyectada por la linterna todavía permitía ver unos cuatro metros del resbaladizo suelo, el resto era pura y callada oscuridad. Rozé la pared helada con la mano entumecida, continué con el descenso siguiendo la pared con el tacto hasta dar con un angosto pasadizo, el cual se abría a una gran caverna. El silencio comenzó a ser molesto, recordándome a cada silbido que debía dejar de fumar. Bajé la linterna y comprobé la firmeza de un suelo traslúcido. Calculé mal y el confiarme me costó un golpe en la pierna derecha contra algo duro. Maldije a gritos, una vieja costumbre para ahuyentar el pánico. La rodilla se resintió un poco, una minucia para un tipo como yo. jetaescritor

Examiné la caverna y me pareció observar algo anormal en un zigzag de luz, ante mis ojos surgió lo que parecía ser una pareja de personas envueltas en un lienzo, volví a apuntar con la linterna oscilante. No quería admitirlo, pero el terror empezaba a apoderarse de mi control vital. Unos bultos definidos aparecieron y desaparecieron con la siguiente proyección de luz, sufrí un violento temblor en las tripas que me obligó a vomitar. Alargué la mano hacia la sombra de delante para sostenerme, apartándola de inmediato al descubrir que era una cabeza.  Con la luz temblorosa de la linterna observé alrededor. El corazón a punto estuvo de pararse en cuanto levanté el paño del bulto, una chica yacía sentada mirándome fijamente, a un par de metros, otro bulto, este más grande, perfilaba una sombra de dos jorobas, muchachas jóvenes en posturas activas, como un museo de hielo, carne y hueso. Conté diez, cincuenta, cien, doscientas. Todas hermosas y jóvenes, sin un desperfecto en la piel, sin una tara en los vestidos, maquilladas y formadas como simpáticas excursionistas, los ojos brillando al frío vacío.

– Jodido Berbi. ¿Qué hiciste aquí? – El miedo se esfumó dejando paso a una perversa perplejidad. La luz acarició, por última vez, los bonitos rostros, las manos, los pies. Sólo se trataba de eso, huesos, órganos congelados y pellejo plastificado.

Emprendí el ascenso hacia la salida a la carrera. Exhausto, de regreso al aire puro de la superficie, arropado por una noche colmada de estrellas perdidas, me eché a llorar como un niño. El terrible secreto moriría con Berbi y conmigo.

PD: Para seguir el hilo de esta historia hay que navegar por estos cuelgues:

https://eduardblanco.wordpress.com/2009/04/08/desiree-la-francesa/

http://unodetellerda.blogspot.com/2009/04/la-francesita-desiree.html

http://jalozadas.blogspot.com/2009/04/el-deseo-en-tellerda.html

Dedicado a la Gente del Norte, por su empuje y arrollador talento desaprovechado*


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8 comentarios leave one →
  1. 21/04/2009 16:12

    Sea, me han convencido ustedes. Recojo el guante y un pañuelito bordado que se me ha caído del bolso. El señor Ubé ya saben que hará lo que yo le diga.
    Intentaré estar a la altura.

    Saludos de vértigo

  2. 20/04/2009 17:34

    ¡¡Tremendo, Eduard, tremendo!!

    Esta tarde el señor Morales ha pasado por mi negociado, la cara rojica, contenida la risa, y me ha dejado en la mesa unos folios. Los desenrollo y leo “Caso Tellerda”.

    Estaba esperando a un cliente para tratar un tema de la máxima seriedad pero me pudo la impaciencia y he comenzado a leer el texto. Con lágrimas en los ojos he alzado la vista y me he encontrado con la visita. Con un… Rabanaque,supongo… he intentado convertirme en el profesional que él esperaba encontrar. Ha debido pensar que estaba chalado. No sé, en una de éstas acabamos en la puta calle.

    Me dice Morales, José María, que ya nos vale, que mira que aprovechar su apagón tecnológico (poblemas tésnicos enjundiosos le tiene sin internel) para darle la estopa que le estamos dando. Ha prometido una venganza terrible.

    Animo a Morales, Angélica, a continuar la saga, a pasar de tetralogía a Pentateuco, antes de que vuelva Morales, José María, y la cosa acabe como el rosario de la Aurora.

    P.D. Falta nos está haciendo un ilustrador de caché que ponga imágenes a este hilo infernal. Me han contando que existe un proyecto para trasvasar esta Historia Tellerdana de la Infamia al tebeo, cómic según los modernos.

    Besos y abrazos.

  3. 20/04/2009 14:59

    Excelente como siempre amigo Eduard, ándese con ojo por esos montes de dios y si en algo vale mi opinión (y en contra de la de annefatosme, quien dice ser Desirée) no deje de usar esos hongos, que la mente hay que abrirla 🙂
    Un saludo

  4. 20/04/2009 14:39

    Una reverencia, señor Blanco. Me gustó su brújula.

  5. 20/04/2009 12:58

    Pues vaya con cuidado e hile fino que por aquí más de uno habrá en busca y captura por delitos descomunales.

  6. annefatosme permalink
    20/04/2009 12:41

    No hay ningún hilo que seguir. Yo soy Desirée. una estatua muy bella deseada por todos los hombres, artistas en particular. De hecho cuando tienen la mente nublada por exceso de porros o alcohol convierten mi superficie de granito(soy celta) en carne sonrosada y me atribuyen el don de la palabra.
    En el hipotético caso de poder articular palabra, cosas más raras se han visto, lo haría en galeico y no en francés, a ver si se enteran de una vez. Como buena vickinga tengo un temperamento un tanto guerrero. Y basta de tomarse hongos halucinógenos cuando suben al monte. Desirée dixit. Tengo más de 2000 años y exigo obediencia. Y todo eso se lo digo para su bien, las estatuas también tenemos nuestro corazoncito y aunque estan como siflos ustedes me caen requetebien.

  7. 20/04/2009 12:20

    ¿Con que relatos encadenados, eh?
    Uff ya empieza a cosquillearme la mano. No sé si voy a poder resistir la tentación de mi pluma gansa.
    Son ustedes bombas cañones.

    Saludos de lectora ansiosa

Trackbacks

  1. Mienten « Angélica Morales

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