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Entre la Vida y la Muerte

26/04/2009

Ilustración EduardBlanco

Ilustración EduardBlanco

Me levanto a las seis y media, como cada mañana durante los últimos siete años. Desde que un injusto cáncer se llevó a mi Mercedes. Los huesos molidos, los músculos entumecidos, el vientre suelto y la próstata por explotar.

Después de encender la luz de la cocina, corro al baño. Al terminar, de regreso a la cocina, me detengo un segundo en el salón de la televisión para dar vida a los personajes del informativo matinal. La gente que vive sola sabe cuán importante es escuchar las voces de la caja tonta, un estúpido antídoto para disfrazar nuestro exilio social.

Las voces me acompañan a la cocina mientras preparo el café. Al pasar por delante del dormitorio me giro hacia la cama, revuelta y abultada. Una mala noche, todas igual desde que ella partió.

La cafetera, ajada y deslustrada, resopla el hervor interno, como el alegórico reflejo de mi estampa, deformada y descolorida. De regreso al baño, con las tripas retorciendo su trayecto hasta el dolor sordo e infame, indecoroso para la sociedad del progreso. Con todo, una perpetua tortura fisiológica.

Maúlla la gata tuerta, con su infinito bostezo insiste en guardar reposo. Ambos nos comprendemos a fuerza de sabernos durante años. No obstante, es extraño que no se haya levantado para continuar el complejo cometido de cercar mis pasos de arrastre. Si bien, los dos nos hemos separado de la manada y amagado de la luz, esperando a que la oscuridad nos engulla con el curso del tiempo.

A la vuelta, con una mano agarrándome el cinturón del pijama y la otra por delante, como si de un arma se tratara, presta para disponer las piezas del desayuno. No es que la primera comida del día me importe mucho, es a razón de la cantidad de pastillas que debo tomar, las que me manda la doctora. En el frigorífico tengo pegado un papel amarillo con la lista.

El maullido de Blanquita, una broma de nombre si la vieran hoy, me hace asomar de nuevo la cabeza al dormitorio, todavía en penumbra puesto que la ventana permanece cerrada y la cama por hacer. En lo alto del remolino de sábanas y mantas, Blanquita maúlla sin abrir el único ojo con el cual mira el mundo, este ojo es de una belleza indescriptible e ilimitada, en su interior es posible contemplar las maravillas del universo. Es un animal especial, como lo fue para los egipcios, como lo es para la gente que ama a los gatos.

Hablamos de conducta anormal cuando existen variaciones alrededor de nuestro protocolo personal. Blanquita nunca antes se mostró así de perezosa, aún menos tan charlatana; quizás se sienta mal, aunque no es lo que parece cuando alza el cuello abriendo los bigotes como un abanico.

El café me ha revivido de tal modo que decido no tomar la medicación. Un acto impropio por mi idiosincrasia y disciplina habitual. Entonces caigo en la cuenta, los dolores han menguado hasta desaparecer.

Cierro el interruptor de la cocina, la televisión y regreso al reino de las sombras, ignorando hasta qué nivel. Entro en el dormitorio, los ojos acostumbrados a las penumbras, estiro los dedos de la mano para tocar la gata, ella se frota contra mi mano ronroneando desde la profundidad. Destapo las mantas y hallo mi propio cuerpo dormido en paz, yerto y muy solo, como los estamos todos ante la magnitud del último viaje. Blanquita rodea mi yo durmiente, invitándome a quedarme en cama, en serena armonía y paz.

Asiento con una caída de párpados. Penetro lentamente, fundiendo mi cuerpo cansado debajo de la cobertura. – ¿Mercedes? ¿Mercedes? ¿Estás ahí? – Susurro consciente de haber atravesado la línea que separa la vida de la muerte. – ¿Mercedes? – Insisto.

Shhhh. – Ella me pide silencio dejándose abrazar, cosiendo su alma a mi alma, como dos epílogos enamorados en un último útero. Siento su espíritu, su vientre, sus pechos, sus ojos y su amor. Blanquita nos calienta desde la cima de la cama por hacer.

El ojo universal cerrado al mundo de los vivos.

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8 comentarios leave one →
  1. 01/05/2009 21:03

    Eduard esto es un directo a la mandíbula. El ojo tuerto de Blanquita encierra dentro las ausencias.Aún le queda otro y con él te mira y te enseña el universo.
    Soledad y belleza.

  2. 29/04/2009 18:40

    Esta me ha gustado más que als anteriores, y la inspiración es ocsa de tiempo. Yo también estoy pensando en volcar mis ideas a otro género por eso los relatos, a veces cuando es difícl pensar, surge la avaricia de acaparar otras cosas. Podrías intentarlo 😉 Saludos

  3. 29/04/2009 11:09

    Al acabar de leerla deja un poso de cálida ternura. Preciosa historia eduard, bien relatada y mejor rematada.

  4. 27/04/2009 20:02

    Gracias fanou, eres un sol, eres grande.

  5. 27/04/2009 19:40

    Bueno, sirva de ánimo mi admiración, que muestro sin reservas.
    Y no te pongas tan estricto contigo mismo.

  6. 26/04/2009 15:48

    Me ha hecho reir, sonreir, sorprenderme y ahora me conmueve!

  7. 26/04/2009 15:48

    Te confieso que cada día me cuesta más adaptar las historias para que ocupen la misma medida, más o menos. Me obsesiono y me vuelvo más loco que de costumbre. Luego la ilustración.
    Toy cansado ya.

    Loco Datar

  8. 26/04/2009 15:12

    Que bonito.
    Me sorprende su capacidad creativa sin pausa.

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