Skip to content

Sopa de Caballo

29/04/2009

Ilustración EduardBlanco/LocoDatar-SL

Ilustración EduardBlanco/LocoDatar-SL

Eh Bicho, ¿A cuánto sale un gramo de este material? Bah, yo podría encontrarlo más barato y seguro que más bueno.

¿Quieres tu parte o prefieres que te devuelva la pasta? Dictaminé salomónicamente mientras limpiaba la chuta con alcohol, bombeando el émbolo hacia delante y atrás a la altura de mis ojos, con la presión justa para que el esterilizador líquido saliera sin dificultad a través de la fina aguja de acero inoxidable, deforme a causa de las batallas contra las callosidades más duras. Era esencial cerciorar que la chuta no se obturaría.

Un olor agridulce reinaba en la habitación, dispuesta para ser usada como picadero, una mesa rectangular y baja en el centro, cercada por dos viejos sofás desgastados y un mueble-bar reconvertido en botiquín, en cuyo interior se hallan las jeringuillas viejas, mangos doblados de cucharillas con el culo quemado, vasos sucios de agua y sangre, un torniquete de goma, diminutas bolitas de algodón exprimidas y algún cenicero colmado de colillas y cenizas.

– Sabes, en el trullo nos chutábamos veinte con un bolígrafo.

El Palomo, siempre que había chicas nuevas, contaba sus experiencias carcelarias, exagerando e inventando anécdotas que tan siquiera le pertenecían. Mirándolo, desesperado por meterse la dosis, la punta de la nariz larga y huesuda brillando sudorosa, observé el amarillo alrededor de las turbias retinas carentes de pupilas. Su presencia me deprimió, sin embargo apenas lo sentí puesto que me hallaba al borde de cambiar la percepción de mis sentidos.

– ¿De verdad fuiste a la India de business*? – Preguntó una de las chicas, muy pintada y con peluca de extensiones rizadas de colores, con pechos de niña y una minifalda escandalosa. El Palomo bizqueó al mirarla, con la chuta colgando del brazo entretejido de venas negras. Vi su cuerpo inclinarse hacia delante, yo mantenía la cucharilla, doblada como un arco, encima de la llama oscilante de una vela. Empujando suavemente mi bota contra su pecho lo recosté en el sofá sin que él notara la diferencia. Las chicas rieron nerviosas, sin levantar la vista de la papela donde el Capa picaba y distribuía montañitas de heroína.

A la chica de la minifalda nadie la conocía demasiado. La trajo Érika del club donde trabajaba como Relaciones Públicas, un local selecto donde se organizaban orgias para ejecutivos de medio pelo, se consumían drogas y, por un suplemento, se consumaban relaciones sexuales con menores.

cocochute – Yo quiero un chute. – Exigió excitada. Era un mal rollo, el bautizo de una futura jonqui que tardaría nada y menos en alquilarse a precio de saldo. A fin de cuentas estaba buena y puso la mayor parte del dinero para pillar los tres gramos.

El Capa me interrogó con los ojos y la punta de la cuchilla sopesando la montaña de polvo sobre el agua hirviendo de la cuchara. Asentí con un ligero cabeceo; en aquel momento no daba para más, acababa de presionar el émbolo con la heroína mezclándose con la sangre de la vena que violó la aguja, concentrado en el efecto del flash, en el disfrute enriquecido del riego sanguíneo, la mente abierta al universo, el ritmo cardiaco a la calma, la desinhibición total del espíritu. A resultas, más a gusto que Dios. Lo que me importaba a mí que aquella niñata, la cual se la chupaba a tipos de la edad de su padre al salir de clase, se consagrara a comerciar con su ya dudosa dignidad por un pico de caballo.

– Tía, hazte una rayita. ¿Para qué lo quieres probar? Ya sabes lo que pasa luego. ¿Verdad Bicho? No la dejes, vale.

– Ha puesto la pasta Érika. Qué haga lo que le salga del chochito. – Contesté con desacostumbrada vulgaridad, aún menos a Érika, amigos de toda la vida. – Pero yo no se lo prepararé.

– Lo haré yo – Sabía que el perla no fallaría. El Capa quería follar con la nueva y lo tenía a huevo, si antes ella no soltaba la papilla y le ponía perdido. La nena, me miró con una sonrisa viciosa, con una desafiante invitación en sus destellantes ojos perfilados de color violeta. Érika vio venir la jugada, y lo que menos le apetecía era follar con unos jonquies descerebrados a los que posiblemente ni se les pusiera dura. Se marchó furiosa al comprender las intenciones de la amiga.

Con el Palomo fuera de combate, tampoco me costó mucho imaginar la escena, un trío. Podía estar bien. El Capa colocó la bolita de algodón ovillado en el centro de la cuchara, luego la aguja en la bola empapada, con la chuta sorbió la heroína hasta la mitad del tubo de plástico transparente. Localizó una vena buena mientras le preguntaba por su nombre. Ni eso sabíamos.

– Me llamo Carla, pero es mi alias de guerra. ¡Ay!

El Capa, arrodillado como en una escena de pedida de mano, atravesó la fina piel e introdujo la aguja. La cara de la chica empalideció al segundo, ocurrió demasiado deprisa para tratarse de una sobredosis. Apoyé la mano en su pecho ante la mirada cristalizada del Capa, quien, a medio incorporar, comenzó a desabrocharse el pantalón.

– ¿Qué mierdas estás haciendo joder? Esta tía acaba de palmar de un puto infarto. Hay que sacarla de aquí.

El cadáver de la muchacha con una jeringuilla colgando del brazo en cualquier portal del barrio no abriría ninguna investigación por posible homicidio involuntario. Las pruebas forenses cerrarían el caso de una adolescente de quien tan siquiera conocíamos su nombre verdadero.

*business*negocios

SIN NOTICIAS DEL CUENTO PERDIDO

SIN NOTICIAS

Anuncios
7 comentarios leave one →
  1. Letras permalink
    20/11/2010 14:22

    Este mundo se me escapa más allá de lo que se puede aprender en una penitenciaria. Tampoco son muy de mi agrado este tipo de relatos porque me inquietan demasiado. Pero escribes de maravilla. Tomo nota del libro que le recomiendas a Anne. Abrç

  2. 30/04/2009 14:04

    Eduard, desde luego eres mucho más entretenido que el comisario, la psicologa y un escritor(me callo el nombre) que nos han estado dando charlas. He leido a Wallace aunque no el libro que me mencionas. Soy una fan absoluta de James Ellroy.Estoy de acuerdo contigo en la imagen distorsionada proporcionada por la prensa sobre culpables y víctimas. A veces les separa un hilo muy estrecho, y claro que las ramas torcidas merecen una segunda oportunidad!
    Un abrazo precavido a Loco Datar

  3. 30/04/2009 13:42

    Hola Eduard! Vaya que fuerte la historia. Confieso que me pierdo en algunas expresiones que no son transparentes para mi, pero siempre es bueno aprender como se expresan en otros paises.

    Seguire leyendo y te cuento de los demas…

  4. 30/04/2009 9:00

    La verdad, Anne, que cuando me contaste lo de los cursos de criminología fue como un desafío, una demostración de la diferencia entre la teoría y la práctica.
    Mis antecedentes penales; perdón, laborables (Es broma; o no), cuentan con largas temporadas dando el callo por el Departamento Bienestar Social, rehabilitando y reinsertando las ramas que el viento dobla. Pienso que toda rama debe tener derecho a una segunda oportunidad para enderezarse.
    Y bueno, de hecho sé que los medios dan una imagen distorsionada de culpables y víctimas. Quise volcar un poco de realidad veraz, de esa que no nos gusta hablar y preferimos barrer bajo la alfombra. Sin romanticismo ni prosa. Letal como un balazo en el hígado.
    Me he vuelto loco buscando un libro de Edgar Walace, Los Cuatro Hombres Justos, una novela policíaca sublime, donde hace referencia a los primeros percusores de lo que hoy llamamos Criminología.
    Con todo, te recomiendo al autor, documéntate por la red y verás como terminas comprándote una de sus novelas. Si pudiera te la regalaría, pero me cae un pelín alejado.
    Un admirador anónimo Loco Datar

  5. 30/04/2009 3:54

    La verdad es que el final te deja tocado, pero lo has clavado.

  6. 29/04/2009 21:38

    Te comenté ayer que seguía clases de criminología. Acabo de salir de una de ellas. Acabo de leer tu relato y verdaderamente me he gastado el dinero en tonto!

  7. 29/04/2009 19:55

    Que historia más dura… me he quedado sin palabras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: