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J.A. 340

01/05/2009

Ilustración EduardBlanco

Ilustración EduardBlanco

J.A. ojeó el reloj. Yo sabía que estaba restando el tiempo necesario para recoger a Lucía, también sabía que haría lo imposible por retenerme.

– Vamos a visitar a un colega. Tomaremos una copa antes de que te vayas. – Expuso como si concediera una sentencia.

– ¿A estas horas? Ok, tú eres el casado. ¿Dónde?

– Es el dueño de unos cuantos locales. Tiene un club de lujo en la carretera.

Cuando sonreía inclinándose hacia delante, mirándome con vertiginosa malicia desde su mundo interior, le cogía en falso. Evidentemente, él lo ignoraba, pero yo había aprendido a leer de sus gestos.

Estuve de acuerdo en el acto, conocía algunas de sus debilidades y sabía que la cojera le acomplejaba, y aún más, ante un grupo de atractivas daifas. Por poco o nada que valiera su dinero en éstos locales, nunca se animaba a visitarlos, como mucho, se aproximaba en su vehículo, se quedaba unos minutos frente a las puertas mientras se fumaba un cigarrillo, para luego desaparecer.

El accidente le había partido los huesos importantes de la pierna izquierda y astillado la cadera. A los pocos años, un tropiezo estúpido volvió a romperle el fémur, obligándolo a pasar nuevamente por quirófano.

Salimos del restaurante a media noche. Describiría la panorámica iluminada del ambiente portuario, pero les aconsejo una buena postal, yo jamás hallaría las palabras para detallar la extraordinaria belleza del paisaje.

J.A. cojeaba apoyándose a su bastón, yo le seguía como un lazarillo, fiel a su paso y atento a sus deseos. Cuando silbaba yo movía el rabo.

El BMW era su hábitat natural, automático, adecuado a sus necesidades, alta fidelidad y aire acondicionado, oficina y sala de recreo. La 340 parecía un Tour programado con los alicientes más golosos del turismo nocturno, caravana de coches, controles de la policía, putas a cada veinte metros, letreros de neón amagados tras los manzanos secos, indicando senderos terrenales hacia paraísos carnales donde pecar a placer.

Un control motivó que nos detuviéramos tras la cola. Una chica con aspecto latino se acercó a la ventanilla de J.A. Las luces azules y rojas de los coches patrulla iluminaron su sugerente contorneo.

– Hola papito. ¿Te la chupo mientras esperáis? Si tu amigo mira cobro suplemento. Dos quinientos. Tres billetes y os la chupo a los dos. ¿Vale? Mucho morbo. Vamos, anímate, déjame entrar, ¿Ok, papito?

J.A. enmudeció con las manos pegadas al volante y la vista clavada al parabrisas.

– Tres mil, ¿Vale? Vamos con el carro. Por cinco lo hago con los dos.

La chica aprovechó la ventanilla abierta para, con la excusa de apoyarse, exhibir sus voluptuosos encantos, desprendiendo de paso, un seductor aroma a perfume francés.

El sudor perló el rostro de J.A., percibí el movimiento que tensó los músculos de su mandíbula y una mirada que se perdía.

– Te mataré. – Certificó en un grave murmullo al girarse y mirarla fijamente. Lo normal hubiera sido escuchar a la muchacha arrojarle un torbellino de insultos y maldiciones; sin embargo, ésta empalideció retirándose con cuidado de no caerse de los tacones.

Cuando dejamos la carretera atrás J.A. detuvo el coche a la entrada de la zona portuaria y me escupió las buenas noches.

– ¿Ya no te apetece ir a tomar una copa? – Probé hacerme el gracioso.

Al no obtener respuesta, me conformé con el simple asentimiento de cabeza mientras giraba el volante.

El BMW rojo metalizado menguó ante mis ojos filtrándose por las calles del pueblo. Negocio redondo; fui a buscar a Lucia y llegué justo a tiempo para cumplir con una apasionada noche de amor.

A la mañana siguiente salimos temprano. Tenía la intención de impresionar a Lucia llevándola a un magnífico mirador, pero nos encontramos con nuevos controles de policía, pensé que habría ocurrido un accidente, con víctimas mortales al descubrir el aluminio brillante cubriendo un cuerpo sin vida.

La brisa marina de la mañana recorrió el lugar enredando con los obstáculos. Obtuve la suficiente óptica cuando el cobertor de aluminio se alzó contra la corriente, el perfil yerto de la muchacha no albergaba dudas. Un intenso escalofrío me produjo nauseas y tuve que abrir la puerta para vomitar.

J.A.

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2 comentarios leave one →
  1. 01/05/2009 12:26

    Demasiados halagos para un muy agradecido aficionado Aprendiz de Brujo.

  2. 01/05/2009 10:43

    Polifacético y talentuoso Eduard.
    Un mortífero abrazo de la dalia negra!

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