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Bagdad Té

05/05/2009

Ilustración EBlanco

Ilustración EBlanco

La guerra, como ser místico, camina a pasos agigantados aplastando ciudades y pueblos, dejando tras de sí regueros de sangre inocente. No hay guerra sin perdedores, sin daños colaterales, sin sufrimiento gratuito. Juega en el bando del mejor postor, cambia de equipo con relativa facilidad y jamás se casa con nadie.

Por donde pasa arrasa, asola y destruye, sus víctimas también contraen nuevas enfermedades, dejando huérfanos hambrientos de pan y venganza, larvando semillas para nutrir a las próximas generaciones.

Por extraño que parezca la guerra es una creación del ser humano, cuyo mérito proviene del más complejo de sus impulsos: la agresividad. Si bien, el mero hecho de comportarnos con raciocinio, ayuda a la hora de declarar una guerra sin mancharnos las manos, ni salpicar nuestras conciencias con la muerte ajena.

Quizás nos creamos a salvo por la distancia que nos separa, deprimidos por el número de muertos en el último atentado que vimos en las noticias.

Pero si hay algo cierto en la guerra es que sabemos cuándo empezó, pero jamás sabremos cuándo terminará, tan sólo volverá a cambiar de lugar.

* Enero de 1133 – Entrega de Bagdad

El Imán, Príncipe de los Creyentes, esperó sentado sobre la confortable alfombra. Dos soldados de su guardia personal escoltaron al Sultán Masud, quien al entrar le rindió la debida pleitesía a su rango.

Tras agacharse y besar el suelo, el Sultán Masud, se acomodó en un pequeño taburete dispuesto para el encuentro. El Príncipe de los Creyentes le dijo entonces: “Aquel que no se conduce bien no es apto para conducir a los demás.” El Visir, testigo en la reunión, repitió estas palabras en persa, las cuales obtuvieron las alabanzas y los halagos de los presentes. A continuación, el Imán al-Mustarshid ordenó que los soldados de la escolta trajeran dos sables con empuñaduras con incrustaciones empedradas para entregárselos con solemnidad al Sultán Masud, pretendiente y sucesor del clan selyúcida.

El Imán también le regaló siete túnicas de gala, la última de las cuales negra como el azabache, una corona con piedras preciosas, brazaletes, collares de oro, sedas y perfumes. A la sazón le dijo:

Recibe este favor con reconocimiento y teme a Dios en público y en privado.

Al término de la entrevista, el Imán al-Mustarshid, Príncipe de los Creyentes, se incorporó con la elegante agilidad de una cobra y capituló con las consiguientes palabras:

Marcha, llévate los presentes contigo y cuéntate entre la gente retribuida.

* Junio de 1135, Pérdida de Mosul

Después de perder Mosul tras tres meses de sangrientas batallas, el Imán al-Mustarshid, Príncipe de los Creyentes, fue abandonado por la mayoría de sus emires. Durante esas fechas volvió a encontrarse con el Sultán Masud, quien alentado por los turcos y cegado por la ambición de sus propios planes, le hizo prisionero como muestra de su poder.

Con todo, dos meses más tarde, el Imán al-Mustarshid, Príncipe de los Creyentes, murió asesinado.

Le hallaron sin vida en el interior de su jaima del desierto, desnudo como un recién nacido, las orejas y la nariz mutiladas, el cuerpo colmado de sablazos, con la huida de su sangre entretejiendo una alfombra roja.

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6 comentarios leave one →
  1. 05/05/2009 21:24

    Inútiles guerras.

    Ains, cuanto nos queda por aprender.

  2. 05/05/2009 20:05

    ¡Mucho peor! Encima de mi falda nueva. Ahora vieja y inservible. ¡Gracioso!

  3. 05/05/2009 19:02

    Irrepetible Julio Anguita, menuda verborrea gastaba, al margen de lo que defendiera, el modo de expresar las ideas. Y que mala fortuna la de su hijo, recién estrenado en los conflictos, en todos los sentidos.

    Si es genial es por vuestro incansable apoyo ¿En quién creeis que pienso cuando escribo un nuevo relato?

    Estoy abierto a toda clase de negociaciones, sobre todo cuando hay naranjas californianas por medio. ¿Tu sabes si yo fumo? ¿Te cayó la ceniza en tu despacho mientras visitabas mi blog?

  4. 05/05/2009 18:17

    Además de estar absolutamente de accuerdo contigo en tu apreciación sobre la guerra, te quería pedir un pequeño favor: prestame un poco de imaginación , enseñame a dibujar y insuflame sentido del humor.
    ¡Y no fumes tanto! Bebe zumo de naranja. Californiano.

  5. 05/05/2009 16:30

    Es genial. Me encanta. Menudo ritmo, sorprendente y sin bajar la calidad!

  6. 05/05/2009 14:23

    Parafraseando a un político, que siempre me pareció honrado, aunque bien pudiera equivocarme, y que perdió a un hijo en uno de tantos conflictos: “Malditas sean todas las guerras”

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