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Amor Sublime. (Prudencia y Eadberto)

06/05/2009

Ilustración EduardBlanco

Ilustración EduardBlanco

Ilustración EduardBlanco

Él la miraba de reojo, la cabeza llena de malos pensamientos y el corazón encogido como un pene bajo un chorro de agua fría.

Ella empleaba el plumero para limpiar, recomida por dentro, con los sentimientos danzando para sus retroactivos fantasmas. Creía que le quería pero le odiaba, creía que le odiaba pero le quería. Se paseaba ante sus narices con un jersey y una falda corta ceñidos a la esbelta figura, un pañuelo de colores anudado en la cabeza y sandalias de esparto de tacón alto, actuando con movimiento rápido y resuelto contorneo natural.

Él, acomodado en el sillón, malvivía tullido, una caricatura de quién fue. Físicamente finiquitado, condecorado con esas perniciosas medallas que homenajean la enfermedad. La traición inconsciente del propio sistema nervioso, reflejando éste emociones al presionar la quijada, fruncir el ceño o entornar la vista, plegando la piel como un acordeón ajado.

Quiso decir algo, pero al alzar la mano trémula en un conato por señalarla, se sintió desfallecer, harto de las argucias de la mujer, saciado de sus desprecios. Sabía que la quería y también sabía cuánto la odiaba. La memoria le traía hoy las piezas que ayer le faltaron para entender sus intenciones. La razón por la que jamás la sintió suya del todo, siempre hubo una mirada huidiza, un gesto involuntario, un ademán extraño.

Ella vivía con el pleno convencimiento de que él era el culpable de su desdicha, de sus sueños truncados. La frustración daba paso a la depresión y ésta al rencor. Tanto sacrificio para terminar cuidando de un cerdo machista que no cumplió con las expectativas. Su carrera como Relaciones Públicas, viajar, conocer gente, relacionarse. Mantenía un cuerpo de buen ver, aún podía competir con las inexpertas jovencitas anoréxicas. Sin embargo, debía asumir una realidad que se le antojaba tortuosa con el ánimo condicionado a la meteorología. Aquella mañana tocaba y soltó un par de lindezas con el objetivo de partirle el corazón. Le acusó de sus desgracias y lo envió a la puta mierda.

Él, haciendo de tripas corazón, se recordaba a sí mismo cuando aún marcaba porte, ejerciendo de Diputado para el Partido, sobrado de contactos sociales, las comidas con banqueros, jueces, empresarios y militares de paisano. Los bailes benéficos, las fundaciones para combatir la pobreza o la desigualdad. Actividades con las cuales elevaron su status social y engordaron el financiero. Porque cuando se conocieron en Bruselas, en aquella conferencia sobre civilizaciones paganas, él aún vivía con su esposa y eran felices. El azar les cruzó para fundir sus vidas.

Se juraron compromiso a consumar bajo el mismo techo, en el mismo nido y con el mismo amor que el primer día. Somos así de lelos enamorados.

Enfermó y a ella le tocó cuidarlo. Fin del glamur. No fue lo único. El dinero se lo llevaron las clínicas privadas, los mejores médicos, los cuidados en casa, las asistentas, las enfermeras particulares, los medicamentos manufacturados desde Suiza o los Estados Unidos. Restando, los viajes por placer, las galas, las fiestas, los autos.

Caían presos de la cólera, se gritaban, se acogían al silencio, hacían el amor de una manera bestial y con las luces encendidas. La pasión a rienda suelta como yegua brava a campo descubierto.

Cuando lo envenenó en el almuerzo, le suplicó perdón, pero él no quiso oír más sandeces y la ensartó con una catana oriental que adornaba la pared, regalo del cónsul japonés. Aquel instante en que a él la garganta le comenzó a arder y ella se desangraba por la boca, aconteció superior. Fue el clímax de sus vidas, se sintieron fusionados, sin subterfugios ni mentiras, abrazados al deseo común. Acabándose el uno contra el otro, devorándose con el máximo placer posible. Amor apocalíptico y enloquecedor. Amor sublime.

Comentarista Infantil

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6 comentarios leave one →
  1. 08/05/2009 16:03

    Parece que a la pequeña muerte la han tomado literal. Que par de chicos violentos -los del cuento, claro.

    He dicho que el sexo tiene siempre su dosis de violencia, más oculta, más sutil, a veces evidente y festiva. Y es que en la pareja nos estamos acabando, muriendo, deshaciendo. Llega luego el momento del reencuentro, la resurrección.

  2. 07/05/2009 20:22

    Mire don Eduard. Le he dicho varias veces, que lo primero que miro en sus relatos son las ilustraciones, y no por la misma razón que las de Jaloza.

    Me suelen gustar en cantidad, me recreo un ratito mirandolas y después paso al texto. Tampoco soy hombre dado al ensalce y al adjetivo grandilocuente. Tengo colgado un óleo suyo, de tamaño catalán, en mi negociado en la oficina, y también tengo una obra digital en un lugar que de momento no le mentaré. Así que como verá su obra es de mi gusto, claramente.

    Pero la de hoy, me la venda como me la venda, no me va…

    Y en una cosa tiene razón: No tengo remedio

  3. 07/05/2009 8:01

    Punk. Peter Punk.

  4. 06/05/2009 21:55

    La maté porque era mía ha quedado un poco desfasado. Me agrada mucho más este final tuyo. Mucho màs contemporáneo, un Bruegel auténtico. Se me olvidaba Peter. Pan.

  5. 06/05/2009 16:47

    Acaba de llegar y ya está usted provocando. Siempre matándome por colgar ilustraciones de alto nivel, para que jamás de los jamases diera una opinión nadie, ilustraciones al óleo, digitales, carbón, plumilla.
    Y hoy me critica una viñeta del renacimiento flamenco firmada por Pieter Bruegel.
    No tiene usted remedio

  6. 06/05/2009 15:54

    Un mes sin interné… pero hoy se ha hecho la luz. HE VUELTO.

    La ilustración no me convence. Usted sabe dar más, démelo entonces. Lo siento, he regresado sincero.

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