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El Secreto de Jacqueline y Margot

14/05/2009

No sé qué sueños cierran tus párpados, ni de quien haya abierto tu lecho inhospitalario
No sé qué sueños cierran tus párpados, ni de quien haya entreabierto tu lecho inhospitalario*

– ¡¿Quieres bajar de una vez?!

Jacqueline gritaba a su marido mientras preparaba la cena, farfullando un incesante monólogo de reproches y rencores.

“Llega de trabajar, sube al dormitorio, pone la tele y la esclava a ocuparse de todo. Dice que está cansado, pero yo sé que miente, son las cervezas con los amigotes. Es llegar y cambiarle el humor, un hombre encantador que dicen las vecinas. Y una mierda. Y con la niña, qué. Nunca la baja a los columpios del parque, no juega con ella. Este hombre no nos quiere.”

– ¡Jonás! La cena está en la mesa, se enfría.

Jacqueline iba y venía con los cubiertos, la bebida, los platos, se detenía un instante delante del televisor y continuaba con los vasos, las servilletas.

Margot, ve a lavarte las manos y dile a tu padre que baje.

“La niña últimamente está rara. No se la ve contenta. Claro, con un padre así qué esperas. Trae malas notas del colegio y no quiere salir de casa, siempre tumbada delante del televisor.”

Efectivamente Margot veía demasiada televisión, con el agravante de que la veía sola, sin un adulto para controlar el contenido. Noticias, series, películas, violencia, sexo, modas. Jacqueline y Jonás, tan enfrascados en sus mundos la miraban sin verla, ambos la concibieron por el instinto de conservación de la especie, y aunque la querían, no era aquel un ejemplo de amor familiar.

“Come mucho. Se va a poner como una foca. Y todo por culpa del cabrón de su padre. Me jodió a mí la vida y ahora se la joderá a la niña. Tantas cosas como hubiera podido hacer, viajar, visitar museos, conocer otras culturas. Joder, no tengo ni el carné de conducir. Siempre cuidando de la casa, de la niña, de la compra. Estoy más que harta.”

Margot, dile a tu padre que baje cuando le dé la gana. ¿Te lavaste las manos cariño?

“La niña no está bien porque detecta el mal rollo que hay entre nosotros. Así le diera un infarto. Todavía soy joven y Margot muy pequeña. Una segunda oportunidad, olvidarnos de Jonás, de este barrio, de esta ciudad. Un accidente de tráfico. No sé. Algo que cambiara nuestras vidas.”

Margot cariño, ¿Estás en la mesa?

Jacqueline alzó los ojos al oír el fuerte golpe en el piso de arriba.

– ¿Margot? ¿Es qué en esta casa nadie me escucha?

Salió de la cocina y luego se asomó al comedor, descubrió la mesa vacía iluminada por las rachas de color que despedía el televisor.

“Lo que faltaba. El colmo. Están los dos arriba, seguro que con la tele a todo volumen. Vaya mierda, te lo juro. No puedo más. Ahora intentará ponerme a la niña en contra, habrá traído chuches. Desgraciado cabrón. A la que pueda le dejo plantado y me llevo a la cría, eso por supuesto. Le va a hacer la cena su mamita que tanto le quiere, ¿No la llama todos los días? Pues que se vayan a freír rábanos y nos dejen en paz. Estoy quemando mi vida con el pringado éste. Y la niña, éste no la ve más, te lo digo yo”

Con la curiosidad entretejiéndose con una rabia ciega, Jacqueline se aproximó al pie de la escalera agudizando el oído. Oyó cerrarse una puerta y los pasos ligeros de Margot.

– ¿Qué hacéis allá arriba? ¿Eh? ¡Baja ahora mismo Margot!

“No, si entre unos y otros me van a volver loca. Te juro que no puedo más. Ahora la niña, ahora con la mierda de las chuches no me va a cenar. A media noche; mami, tengo hambre, como si lo viera.”

Jacqueline se quedó paralizada al ver a su hija de siete años descender los escalones, el hacha entre sus manitas.

– Dios mío… – Dijo con voz trémula, pero qué….

– Tú lo decías mami, tú siempre lo decías mami. Tú decías que querías que papá muriera, lo dijiste muchas veces.

Jacqueline recordó la mala costumbre de hablar sola, dejándose ir, soltando verdaderas barbaridades por desahogarse. Le vinieron a la memoria frases sueltas en presencia de Margot, incluso en alguna ocasión puede que motivara comentarios cómplices, tal vez se le escapó algún disparate, quizá en tono de propuesta, con acento de planes y aires fantasiosos. Inconscientemente, la había empujado al crimen, manipulando sus sentimientos, sus pensamientos. Ahora la pequeña Margot había marcado su vida, sesgado la de su padre y condenado la de mami.

El filo de la hoja goteaba sangre sobre la escalera, con el vestido azul que tan bien le quedaba, manchado, con largas coletas a los lados y el lazo blanco de seda en medio, los zapatos negros salpicados de puntitos rojos. El llanto desconsolado. ¿Cómo olvidar algo así? Jacqueline pasó, por orden del juez, los últimos años de su vida ingresada en una fundación privada, conviviendo día y noche con la escena de su hijita grabada a fuego en el alma.

Veinte años de silencio, veinte años sin murmurar una palabra.

Por extraño que pareciese, Margot continuó su vida, acogida por una de sus tías recién casada, como si nada hubiese sucedido. Siempre prestaron atención a sus reacciones, al supuesto rencor hacia la madre, puesto que fue ella quien mató a su papá. Sin embargo, la muchacha creció feliz como cualquier otra adolescente, con un secreto que la acompañaría hasta el Día del Juicio Final. Esa fue la única condición de Jacqueline, quien para purgar su pecado escogió lapidarse bajo el más absoluto silencio.

Pobre Jacqueline. Tantos sueños tuvo, tantos sueños rotos.

PD Dijo el poeta que quien habla solo, espera hablar con Dios algún día.

* (Antonio Machado era del Barça)Barcelona

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13 comentarios leave one →
  1. 23/05/2009 21:51

    Los deseos cumplidos son casi siempre decepcionantes. Jacqueline cumplió su deseo mediante su hija.Luego sufrió doblemente.
    Margot no cumplió ningún deseo por eso pudo olvidar los hechos.
    Sólo quien desea sufre.

  2. 15/05/2009 18:08

    Más vale tarde y bien que con prisas y mal. Habla con Fanou, quizás podrías aportarle algún dato.

    Gracias por todo.

  3. 15/05/2009 17:06

    Leo tu relato con retraso, últimamente viajo más que el baúl de la Piquer. Me ha hecho gracia el monólogo de la madre, tan veraz en ambos sexos (con pequeñas variantes). En cuanto a la niña asesina después de asistir a mis clases de criminología, no me sorprende en absoluto. Una niña inglesa, a los once años, ya había descuartizado a unos cuantos niños con cuchilla de afeitar, con todos los detalles cuidadosamente apuntados en su diario. Ahora es mayor y vive una vida apacible en América del sur!

  4. 15/05/2009 9:53

    Por favor, el honor sería para mí. Es más, a puntito estuve de pedírtelo viendo como casaba con tus personajes de pasados misteriosos, pero no quise ponerte en compromiso.
    Por supuesto que sería magnífico construirle un futuro a Margot.

    Tómate el tiempo que necesites

    Desde Siempre, tu admirador en serie.

  5. 15/05/2009 9:46

    Yo me decanto por lo de adorable asesina en serie.
    Una exitosa empresaria, mujer hecha a si misma, que no tuvo dudas en matar a hachazos a su padre y emerger como Minerva, pero tomando para si también el papel de Héfeso, no va a tener ni para empezar con un chantajista de medio pelo.
    ¿Me dejará entonces escribirle un futuro a Margot?
    Sería un honor e intentaría sorprenderle…

  6. 15/05/2009 9:13

    Era de suponer que pensarías en cómo sería la vida de la niña, Fanou. Ya tienes la justificación para una futura asesina en serie, o una empresaria a la que alguien que se entró soborna, etc. Ya se sabe lo que ocurre con los secretos cuando dejan de serlo.

  7. 15/05/2009 8:37

    Yo creo que si esa cría no tuvo problemas en matar a su padre, no se va a conformar con uno…

  8. 15/05/2009 2:58

    Pobre hombre (Jonás). Sí, se oyen las risas de los niños por doquier, fuertes, claras y cristalinas.

  9. 14/05/2009 22:18

    JM Es usted un tío elegante y más chulo que un ocho, pasada la medianoche se me antoja que le dedicaré otra ilustración, esta vez intentaré enviarla tamaño XXL. Pues le debo un cambio de ánimo.

    ¿Le guardo las moscas?

    Un abrazo de su vecino y amigo Spiderman

  10. 14/05/2009 20:43

    Relato bien llevado, con buen ritmo y con excelente ambientación de la madre. Duro retrato de una situación que no se me antoja tan rara sino que tal vez sea abundante.

    Ilustración: Tétrica y tenebrosa. Con moscas encima. Espero no ver una enfermera con sombra de ojos…

  11. 14/05/2009 19:24

    Estaba a punto de cumplir los ocho.

  12. 14/05/2009 19:08

    Siete años. Menuda fuerza tenía esta niña. ¿Qué será de grande? ¿carnicera?, ¿pondrá sellos en las ventanillas del gobierno?

    Me gusta el ritmo y las palabras en la narración de la madre, pero no me gusta la intervención de la niña, su frase no encaja, humilde opinión estimado eduard.

    Un saludo.

Trackbacks

  1. Un futuro para Margot. « efímero

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