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Cielo y Petroleo en el Más Allá

21/05/2009

Acaurela en directo Puente del Trabajo 1978

Acaurela en directo Puente del Trabajo 1978

Johnny Matasuegras pisaba a fondo el acelerador del Ford Mustang del 87, la llanta de los neumáticos como meteoritos de fuego blanco, en contraste al encerado de la chapa roja; encima del techo, sobreimpresa, un águila real.

La carretera estaba siendo despejada a causa del soplón que pasó el santo a la bofia. Jhonny escupió al recordarlo. Maniobraba el vehículo con la mano diestra. El musculoso brazo izquierdo, historiado por las pesas de prisión y los retratos tatuados de sus amores, acomodado a la ventanilla abierta del conductor. La gomina del pelo impedía que el aire lo despeinara, confiriéndole un perfil a lo Elvis, si bien algo más salvaje, de pómulos angulares y mentón de boxeador, extensas patillas pobladas e hipnóticos ojos glaucos. Un Malboro medio apagado vacilando en una comisura, mientras buscaba una emisora con buena música. Dando con éxitos de los 70. Y ahora, con todos vosotros Born to be Wild de STEPPENWOLF. Dedicado del viejo Joe para Sara.Los altavoces vibraron al ritmo de la banda.

El Mustang atravesó, sin reducir la velocidad, el último cruce de las dos carreteras, junto a una gasolinera abandonada, la cual, en lo alto del surtidor seco, exhibía una enorme bandera norteamericana descolorida por el sol. Un sol que ardía sobre la fila de coches que se dirigían hacia el desierto. A la cabeza conducía Johnny Matasuegras, buscado en seis estados por robo con intimidación. Tras la polvorienta estela de polvo, surgían los coches patrulla de la policía de Las Vegas y algunos Todoterrenos oficiales del FBI.

Todo había salido bien, demasiado bien, de ello se enteró tarde, aunque no lo suficiente para Van, el cómplice, un jodido imbécil infiltrado por los chicos del FBI.

Al verse atrapado a la salida del Casino, a medio camino del callejón, con la bolsa llena de pasta y Van tartamudeando incoherencias, huyendo con una urgencia mientras iba reparando con recelo entre la penumbra de las cornisas. De súbito, en uno de los pisos se encendió una ventana, suficiente para descubrir el oscuro perfil del tipo con gorra y fusil con mira telescópica apuntando hacia él.

No lo pensó dos veces, paró sus pies en seco y se pegó a la pared, dio un silbido y Van se giró de puro miedo. El instinto fue quien le avisó.

– Me has vendido perro sarnoso. ¿Qué te ofrecieron? ¿Unos meses y la condicional? De puta pena, pero ahora se acabó. ¿Sabes rezar Van?

– No es lo que piensas Johnny. Susurró quedándose sin voz¡Ahora! ¡Ahora!Gritó perdido, esperando que los francotiradores abrieran fuego.

Lo hicieron, pero tarde. Matasuegras le arrancó el pecho a Van de cuatro balazos en el corazón. Retrocedía a la carrera disparando hacia las alturas. Entró por la cocina de un casino familiar recargando el revólver y sacando, de la bota, una Beretta de 9 milímetros. Atrincherado tras los fogones, recibió a sus perseguidores con una lluvia de plomo cuando asomaron por la puerta. Calcando movimientos, corrió por el vestíbulo hasta la entrada principal, allí disparó al aire provocando el caos. Obligó a bajar del coche a una pareja de novios acabada de llegar y se dio a la fuga con las latas atadas al guardabarros trasero.

La sombra del helicóptero se le pegó como una maldita garrapata, simulando la intención de embestirlo, sin embargo él sabía que si hacían contacto provocaría el descontrol de los dos vehículos.

Fue con el coche robado hasta el motel, allí, sin un segundo de descanso, se cambió de ropa y de auto. Tenía la pasta, necesitaba un poco de suerte para cruzar a la frontera y acabar con su odisea felizmente.

Tomó la decisión, vio lo que le pareció un sendero y se desvió a través del desierto con las disonantes sirenas y fogosas luces de colores tras su culo. A las pocas millas supo que aquello no terminaría bien, se quedaría sin gasolina más pronto que tarde. Johnny era de aquellos tipos que vendían caro el pellejo. Se asomó por la ventanilla y disparó cinco veces con el hierro italiano, cogiendo a los agentes del helicóptero por sorpresa. El piloto recibió una bala en la entrepierna, el aparato comenzó a girar sobre sí mismo. En cuestión de segundos, cayó contra el suelo, realizó una vuelta de campana saliendo lanzado hacia el coche patrulla que iba en cabeza, el cual ya derrapaba al verlo cada vez de más cerca, entonces el motor del helicóptero sufrió un cortocircuito motivando el pequeño incendio que a su vez detonó en otra gran detonación, produciendo un fogonazo que deslumbraría a un club de ciegos. El polvo se confundió con las nubes. Johnny perdió el control del Mustang a causa de la explosión. Se vio atrapado en una chispeante vorágine de tumbos, recibiendo golpes por todos lados.

Recuperó el conocimiento aún entre nieblas de polvo, salió como pudo del Mustang y miró alrededor. Estaba en el desierto, sin embargo algo no encajaba, era un desierto diferente aquel. Y la Poli no se veía por ningún lado. Eso era un fenómeno paranormal. Se llevó el dorso de la mano a una sien.

De pronto vio a una niña. Oye, por favor  ¿Puedes ayudarme bonita? Dime dónde hay una gasolinera. Te daré cinco dólares.

La niña, que no paró de andar, dijoOjalá no tuviéramos petróleo.

– Bueno, pero sabrás indicarme dónde hay una. Te pagaré igual.

Entonces detuvo sus pies descalzos, Johnny había nacido en el gueto. Estaba acostumbrado a ver cosas así. La cría se fijo en las botas de piel de serpiente teñida de azul  y tacón cubano. Levantó la cara para hablar.

– Los soldados pisan mis sentimientos con sus botas.

– ¿Estás sola? ¿Dónde están tus padres?

– Los torturaron y les hicieron presos. No puedes caminar.

Johnny se turbó, incomodado por la situación. ¿Por qué dices eso? ¿Por qué no puedo caminar?

– Los soldados tomaron las calles. Esta mañana estalló una bomba. Murieron mis familiares. Mi gente sueña con la alegría, sueña que caminan y ríen. Yo no sabía lo que era la guerra. Te acostumbras mientras creces. A nadie le importa.

– ¿Cómo te llamas?

Mauy.

– Estoy muerto, ¿Verdad, Mauy?

– Sí. Bienvenido seas. Estamos muertos los dos.

bagdaddark


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4 comentarios leave one →
  1. 23/05/2009 3:43

    Lo que más me gusta (por ahora) de tus historias es cómo fluyen… no importa si es Talía o si es Melpómene quien susurra dulcemente en tu oído, las palabras se deslizan sobre ondas de seda, sin esfuerzo… No es que floten, están muy lejos de ser ingrávidas, sólo fluyen, limpia y suavemente, y tú regulas la velocidad, la intensidad, la temperatura y la fricción de la corriente con maestría de viejo lobo de río.

  2. 22/05/2009 15:05

    De película. Y buena, ritmo frenético, final trepidante.

    Entre Las Vegas y las balas recordé a 3000 Miles to Graceland.

  3. annefatosme permalink
    22/05/2009 7:17

    Parece una escena de película. Deberías ser guionista. Lograrías que nadie se duerma en la butaca!

  4. 21/05/2009 20:04

    El texto está muy bien. Pero la ilustración primera me tiene fascinada, literalmente. Me encanta.

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