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Hoover and Dillinger

02/06/2009

wanted-dillinger

swEl mocoso corría como si le persiguiera el Diablo, la camisa acogida como la bolsa de un canguro, donde votaban las piezas de fruta. Un grupo de adultos le seguían voceando y dispuestos, si lo agarraban, a propinarle una buena paliza. Supera una valla y osa perder unos segundos, apoyado en la alambrada, para que sus perseguidores vean como desaparecer las ciruelas por su boca.

–    Tu madre me va a oír pequeño mal nacido.

–    Ve a buscarla al Club del viejo Sam, seguro que está divirtiendo a los amigos de papá.

–    Desvergonzado ladrón. Devuelve la fruta que has robado. – Exigió el tendero con los dedos aferrados a la alambrada sacudida con ira.

El chico exhibió la navaja para mondar una manzana con arrogancia , después la engulló ante las protestas de los comerciantes, luego les escupió las pepitas a la cara. Partió a paso tranquilo, como si no oyera el ruido metálico del enrejado ni las maldiciones contra él.

Era el hijo de John Wilson Dillinger y Mary Ellen Lancaster, La familia llegó atraída por la bonanza económica y el progreso. El Campo de Trenton en Indiana tenía el depósito de gas natural y el yacimiento petrolífero más grande del mundo. El gobierno estatal ofrecia gas gratis a las fábricas que fueran construidas allí. Caprichoso destino, ya que los depósitos de gas fueron agotados en  1920. Diez años más tarde, La Gran Depresión estallaría como el globo de un niño pobre. La crisis económica, prolongada hasta 1934.

El joven John pasó su juventud golfeando por las calles, billares, dados, pequeños hurtos, chicas, clubs. Indianápolis se divide en distritos, cometiendo John un delto en cada uno de ellos. Acosado por las autoridades locales, opta por borrarse una temporada.

Durante esa época, sin oficio ni beneficio, John se alista en la Armada de los Estados Unidos, desertando a los pocos meses. Regresa a casa con la sana intención de disfrutar de una nueva oportunidad, casándose con una muñeca, Beryl Ethel Hovious (de 16 años). El evento conyugal no agradó a la comunidad, apreciándose en las trabas a John para conseguir un empleo; a resultas, se convirtió en un sólido bebedor quien metido en faena, apostaba poder beberse el lago Michigan entero si éste fuera de cerveza. El divorcio llegó cinco años más tarde.

Una noche de verano, bebiendo cerveza con su amigo Ed Singleton, urdieron un plan para atracar a un tendero de la localidad. Un desastre. La policía les capturó, borrachos como cubas durante el golpe. Singleton contrató un abogado para apelar su sentencia, el juez le condenó a dos años de prisión, mientras que John, al no poder costearse su defensa, le condenaron a nueve.

Ese mismo año, 1924, un tal J. Edgar Hoover es nombrado Director del FBI con 29 años. Objetivo con su misión, funda un departamento para compilar información Oficial y Confidencial con la justificación de acabar con la corrupción en el cuerpo (Asuntos Internos); nadie pone en duda la escandalosa realidad.

John queda libre después de pagar nueve años y un día. Por entonces ya cuenta con contactos importantes en el mundo del hampa. Pasando de ser un sospechoso habitual a colgar en un mapa del estado con las fotografías en blanco y negro de sus colegas clavados por jerarquía. Pronto ascendería en el plano piramidal. gun

Inspirado por los acontecimientos, Dillinger crea su propia banda, decide trabajar los bancos del medio oeste; hay competencia, la cual se dedica a los casinos y a las putas, también hay más dinero, los locales de música negra atraen al público, restaurantes y casinos.

Esto no les gustará John.

Una pena, chicos. Porque vamos a ir a divertirnos.

Sus hazañas llenan los periódicos. Los niños juegan a ser Dillinger, lo ven como un héroe, una especie de Robin Hood urbano. Para la policía resulta una burla tremenda.

Dillinger es traicionado, lo capturan en un motel de carretera. Lo Trasladan al Lima Reformatory en Ohio, a la espera de juicio. A los cuatro días, algunos de sus hombres, huidos de la Prisión Estatal de Indiana, aparecen esgrimiento placas de policía ante el alcaide Jessie Sarber, intentando hacerse pasar por agentes federales reclaman la custodia el preso para entregarlo en Indianápolis.

¿Problemas jefe?

Quien hizo la pregunta sacó su arma y le disparó entre los ojos. Luego tomaron las llaves, liberaron a Dillinger de su celda y encerraron a la esposa del alcaide en la misma, creando confusión para la fuga.

Tras dar por acabada la persecución, Dillinger es reconocido por casualidad en el incendio de un hotel de Tucson, aunque se escondían con identidades falsas, los heroicos bomberos le apresan. Jonh Dillinger vuelve a ser conducido a la cárcel de Crown Point, de donde lograría escapar, cuenta la famosa leyenda, con una pistola hecha de jabón.

En su huida, el atracador, libre de delitos federales, cruza la frontera de un estado a otro armsrezerocon un coche robado, lo que le valió a Hoover para nombrar oficialmente a J.H. Dillinger ENEMIGO NÚMERO UNO, lanzándose a su persecución con todo el peso de la ley. La banda al verse hostigada se creció, sus componentes compartían la misma manera de sobrevivir, la experiencia les estigmatiza de gánsteres profesionales. Sin embargo, ignorantes de los avances científicos, identificados gracias a las huellas digitales, ignoran que les pisaban los talones. La banda se vuelve más desconfiada y peligrosa, en un enfrentamiento con la bofia de Chicago, uno de los muchachos mata a un detective a traición de un disparo en la nuca. A la semana siguiente, durante el tiroteo del Banco Nacional del Este de Chicago, un oficial de policía muere en una encrucijada de tiros. Otra escaramuza, esta vez con los muchachos de Hoover, causa bajas y heridos en la banda de John, si bien, Lester J. Gillis, alias Babe Face, logra abrirse camino a balazos y huye con Dillinger malherido.

Dillinger halla un refugio donde esconderse una temporada con su novia Evelyn Frenchette, la cual no soporta la vida rural, guapa nerviosa y agobiada, decide hacer una escapada a Chicago, donde espera paciente Hoover, es identificada y apresada. John lo sospecha, sabe que no la detendrá, la chica tiene el espíritu del asfalto y el neón y todo el derecho de ir de cabeza al infierno. John regresa a Chicago pensando en Hoover, en las horas que pasará delante de las fotografías y los planos, recomponiendo el rompecabezas. Las horas de sueño robado, el apetito e, incluso, el deber conyugal, gracias a su servidor, su amable vecino John Dillinger.

HooverSanado de los disparos, Dillinger se siente poderoso, se sabe temido, soborna a policías de distraída lealtad y las mujeres le adoran. Es un jefe importante.

Decide reunir a sus hombres en un antro de la ciudad, si bien la reacción lo intranquiliza, puesto que nadie alega un compromiso para no asistir con el riesgo que la orden conlleva; probando dar con el confidente no la cancela, a sabiendas que uno de ellos ha dado el soplo, simula no estar al corriente.

Hoover continúa presionando el cerco, si bien, llegado el momento la redada se transforma en un escándalo, los hombres de Dillinger, alertados, esperan a la poli, los reciben con fuego y plomo. Los gánteres vivían y morían, tal la mayoría de profesionales consagrados al código del terror, vendiendo caro el pellejo. En cuanto a los agentes de Hoover, muchos eran jóvenes inexpertos a punto de casarse o tener hijos. A resultas de la reyerta, Babe Face mata a un agente del FBI mientras el resto de la banda huye de la redada humillando a Hoover, quien lo toma como algo personal. Con todo, vive preocupado por su posición, por su caza de brujas o las orientaciones sexuales de los artistas, que por las viudas o madres de los agentes.

Dillinger regresa a Chicago de forma anónima, intenta pasar página y una segunda oportunidad. Consigue un empleo y una nueva novia, Polly Hamilton, amiga y compañera de trabajo de la rumana Ana Sage. John Dillinger se cree a salvo, a salvo de su enemigo y de su pasado. Si bien, el dragón nunca duerme, sólo descansa. Ana Sage está siendo chantajeada con motivo de su deportación por Melvin Purvis, famoso agente especial del lado oscuro del FBI. El tipo morirá más adelante en extrañas circunstancias adecuadas a un extraño suicidio.

John Herbert Dillinger es acribillado a sangre fría a la salida de un cine, acompañado por dos hermosas mujeres, una de ellas un poco más retrasada por culpa de un tacón, acababan de ver una película de gánsteres en la cual actuaba Clark Gable.

Un aforo desbordado por reporteros gráficos y agentes camuflados, el cuerpo del atracador tirado en el suelo, disparado sin previo aviso, las chicas contemplando como se desangraba, la fotografía que catapultaría a Hoover convirtió la crónica en su lanzadera política. El efecto conseguido para consagrarse en el cuerpo con el máximo control informativo del mundo.rulos-copia

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4 comentarios leave one →
  1. 02/06/2009 21:30

    Todos tenemos espinas. Por cierto EL MAESTRO Y MARGARITA, es uno de mis libros preferidos.

  2. 02/06/2009 19:57

    Pues acertáis las dos, procuro hacer muchos guiños a la infancia sea cual sea el contexto. Le doy importancia a la visión infantil, a las cosas que pueden marcar una vida, el origen de la familia, los trastornos de los padres, la época, ser téstigos de las peores barbaridades.
    Anna, es posible que alún día ms historias te recuerden a Eduard Blanco, por un decir.

    Los delincuentes (Nunca asesinos) son flores con espinas.

    Mijail Bulgakov

  3. 02/06/2009 19:29

    Me gusta tu manera de contar como son, en la mayoría de los casos, las circunstancias vitales padecidas desde la infancia, las que hacen de uno un delincuente. Nadie nace delincuente, la vida se encarga de ello. El final me parece muy acertado, la muerte de John, lanza al estrellato a un oscuro policía. De cierta manera le engendra. Poderosos lazos de sangre. El ambiente me recuerda al de las novelas de Steinberk.

  4. 02/06/2009 17:07

    Es interesante como un niño recorre un camino vital hasta convertirse en un gran gangster, a medio camino entre se veía venir/estaba escrito y es el increíble fruto del azar.

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