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Cristo SuperStar

08/06/2009

pequeno-gran-pintor

Maximino y Clodulfo se conocían desde siempre. Al ser del mismo barrio, coincidieron en el colegio, después en el instituto y luego en la Universidad y ambos se inclinaron por estudiar Bellas Artes. Decía uno del otro: éste es mi mejor amigo. El día de mi boda será el padrino.

En la fiesta de final de curso fue donde Maximino sufrió su primer desengaño, pues habiendo sido el afortunado por prometerse a Lira Giménez, al llegar el espacio de los bailes, Clodulfo, rápido y astuto como el zorro en celo, la invitó a bailar, la pareja fue aplaudida por los compañeros, pidiendo atrevidos bailes como el  Swing

Después del esperado concurso por parejas de Rock&Roll, Maximino experimentó una punzada de dolor en el corazón; a medida que descendía el interior de la ponchera adulterado con alcohol, sentía como una energía dirigía sus pensamientos, dándole los mejores consejos de su vida. Las luces cambiaron de tonalidades bajando la intensidad de las blancas y subiendo las rojas. Para entonces, Lira sólo le había lanzado alguna mirada de reproche, luciendo su soberbio vestido rojo, con el pelo rubio cayéndole sobre los hombros y sujeta por la cintura por Clodulfo, quien, por cierto, era un excelente bailarín, además del mejor del equipo de baloncesto.

Cuando Maximino hizo ademán de incorporarse con la intención de ir a golpearle, cayó de bruces mientras amenazaba con darle la gran paliza. A los seis meses, Lira se casó con Clodulfo.

En el transcurrir del tiempo, la vida continuó. Lira tuvo dos hijos con Clodulfo, pero se divorciaron cuatro años más tarde. Clodulfo se convirtió es un artista de vanguardia, de la bohemia condal. Experimentó con los elementos, los estados, el impacto de los colores cruzados. Hacía vida nocturna en las Ramblas y alrededores, las callejas del Barrio Gótico, las incursiones al Barrio Chino, los contactos establecidos a través de su pincel, valga la redundancia.

Maximino no se casó, sin embargo no vivía solo. Conoció a Fanou en un mercado de libros. Tomaron café, hablaron, se gustaron; si bien, ambos tenían en común pasados turbios que les habían marcado. A razón de ello, cuidaban de sus emociones al creerse vulnerables al engaño. Esa era la única condición que homologaron para la convivencia, no despertar sus fantasmas.

Maximino y Clodulfo recibieron la invitación el mismo día. Un concurso de alto nivel, cuya mera asistencia sería a cambio de 10.000 €. Rezaba la tarjeta, la carta resultó ser más explícita y directa, tanto como para llevar grapada el contrato a firmar.

La obra se realizará en la dirección indicada, 45 días serán el máximo de tiempo permitido para su acabado. El estilo completamente libre. El premio para la obra que el jurado decida recibirá 100.000 €.

Los dos sintieron una llamada especial, un asunto a saldar, un duelo. Sin floretes, estoques, pistolas, balas. Usarían sus más armas más eficaces, con un ejército de dedos y un elenco de pinceles.

Clodulfo dio por terminada su obra en quince días, el personal vinculado al evento podía pasearse tras el telón del arte, así llegó la sombra a la tela de Maximino. Antes de girarse, Maximino ya sabía quién era.

Hola Maximino. Ha pasado mucho tiempo, ¿Verdad? Joder, estás irreconocible tío.

Maximino llevaba el pelo y la barba largo, vestía como un rapero y llevaba unos auriculares al cuello. A diferencia de Clodulfo, deportivo, su pendiente de hippie, su discreta barbita de chivo.

Que original. Siempre fuiste famoso por tu ingenio espontaneo. Hola tío.

Lira está por allí, ¿No quieres verla? – A pesar de trabajar en corrientes distintas, Clodulfo no pudo contener la expresión de su rostro de asombro. – Dios mío – Murmuró al contemplar el lienzo en proyecto.

– Ya la veré. Ahora tengo trabajo. – Dijo limpiándose las manos con un trapo  sucio de aguarrás a la altura olfativa de Clodulfo. Éste, apartándose al instante, se retiró haciendo señas con las manos. Hubiese preferido manifestárselo de otro modo; cómo decir, algo más cínico.

Yo ya terminé. Voy a comer a la playa. He quedado con una joven artista interesada en mi obra.

– Cuidado con los infartos.

De nuevo a solas con sus pinceles gruñó “Hijo de perra engreído”, y siguió pincelando clavos ensangrentados, maderos y miembros humanos.

El día de la concesión del premio al mejor pintor, ganó la obra de Clodulfo, un enorme brochazo rojo cruzado por dos líneas horizontales en negro y con un final de pincelada salpicado a distancia.

Fanou impidió con diplomacia el acercamiento de Clodulfo a la barra del hotel donde Maximino bebía su frustración. Sin embargo, aunque no se girara, percibió el patético espectáculo. “Inmundicia humana recibe el premio al cinismo ético y la hipocresía artística”, pensó con aires de ausencia.

Le pidió a Fanou que le dejará sólo unos minutos con su obra, tras el telón, entre la penumbra y el olor a barnices.  Ella, respetuosa y comprensiva, se sentó en un banco de enfrente y se encendió un cigarrillo.

Eran cuatro altas paredes prefabricadas para este tipo de eventos y ferias. Maximino tiró de la tela y la descubrió a la oscuridad. Era la representación de un Cristo en la cruz, sin duda un trabajo extraordinario, el Divino parecía descender de la cruz ayudado por unas mujeres que no cesaban de llorar. Aquella mirada coronada de sangre, tan indefensa, tan sufrida, tan suplicante.

Maximino sintió el peso ingrávido del brazo sobre el hombro, enseguida se relajó y su mente adquirió otra perspectiva más amplia. Luego escuchó la voz.

No te lamentes. Mírame a mí. Traición más grande no hubo nunca. Y encima la ponen de ejemplo en los libros, ¿Qué te parece? Me venden, me torturan, me matan, me resucitan para seguir torturándome con sus historias. Y con el paso del tiempo ¿En qué me he convertido? Todas mis versiones tienen en común una máxima. Llenar sacas de dinero en nombre del Señor. Del cine, de los musicales, del teatro, de los espectáculos, camisetas, collares, debemos mantener nuestras propiedades en la tierra. Matar, vivir, las guerras, es parte del contrato a nombre del Mesías.

Las lágrimas brotaron como perlas de los ojos de Maximino, absorto en su composición de luces y sombras, el equilibrio de los cuerpos que sujetaban la cruz, la posición de las manos de las mujeres, el crucificado moribundo, expuesto para ejemplo del castigo, traicionado por sus propios adoradores.

¿Sabes que llegué a ser Número Uno en los 40 Principales?

Desde entonces no volvió a pintar Cristos.

inma


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3 comentarios leave one →
  1. 12/06/2009 10:30

    ¿Félix? ¿Qué Felix? ¿Félix el gato? ¡¡¡GRRRRRXXXX!!! Se me coló el nombre por escribirlo corriendo y deprisa, bautizo a los personajes con nombres muy simples, y luego los cambio con los que trae el santoral del google, se me quedaron unos cuantos sin copy/paste. Errata subsanada por mi más fiel lectora. Eso prueba que lo hice en exclusiva por un pedido, eeeeeh…! pero de corazón y demasiado apresurado.
    ¿Qué es eso que me dices del arte? Yo, desde siempre pensé que elarte era morirte de frío.
    PD No, no es obligatorio volverlo a leer ni estando reparado.
    Volando voy volando vengo, por el camino me entretengo, me borro una temporada, pero me las apañaré para asomar de vez en cuando.
    Disculpa la errata, malas compañeras de viaje las prisas.
    Edu

  2. 12/06/2009 8:03

    Estaba despistada. Tanto honor me abruma.
    Creo que le he perdido el hilo a los personajes ¿Quién es Félix?
    Has oído hablar de los hartistas (sí, con h). Tienen interesantes opiniones sobre lo que es arte, harte, hartismo y orto. Je je je.
    Yo creo que su perdición fue hacer un tema cristiano: están muy manidos.
    Gracias.

  3. 08/06/2009 23:00

    jajajja

    Menudo final épico te has marcado, Señor.

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