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Rap del Rape: Si lo sé no vengo.

12/08/2009

Rap de Rape ¡Creo no haber escrito nada más absurdo desde hace mucho tiempo!

Las vacaciones de verano son, en teoría, para distanciarnos del ajetreado mundo laboral, cuando no simplemente metropolitano. En primera instancia, eso sería el sano propósito de la comunidad familiar. Sin embargo, no en vano cuecen habas en todas partes, y no queda lugar en la tierra donde no brote, cual florecilla primaveral, la estupidez humana en su máximo esplendor.

Toni Mala Vida consiguió un apartamento en la Costa Dorada, cerca de Tarragona la Romana, en una urbanización elitista con rascacielos de apartamentos cimentados, ilegalmente, en línea de mar.

A resultas de una fuga radioactiva en la Central nuclear de Vandellós l en 1989, un incidente de Nivel 3 obligo a la clausura del monstruo radioactivo; los precios de terrenos e inmobiliarias bajaron y subieron como un ascensor durante una crisis de bipolaridad mecánica. La negligencia de los técnicos, como era de esperar, pronto quedó relegada al olvido, la oportunidad la pintaron calva para los subastadores profesionales, quienes terminaron por apropiarse con la comarca una vez garantizada la fraudulenta seguridad de la permanencia de su hermana nuclear Vandellós ll.

Lo referido viene a cuento de, durante el transcurso del tiempo, quién o quiénes han terminado ocupando los habitáculos alquilados en temporada alta. Burgueses de medio pelo y parientes lejanos con contrato a nombre de anónimos paraguayos.

Los inquilinos habituales acostumbran a pasar el día entero en la playa, un arenal delimitado de forma artificial por pequeños espigones de roca, de tal forma que para penetrar en la misma se tuviera que, primero, realizar escalada para, segundo, superar, con el agua por la cintura, las sutiles defensas naturales; esta misión debe hacerse en fila india y nadie queda exento de servicio, los niños con cubos y palas encima de sus cabezas, los abuelos cubriendo la retaguardia con las sombrillas cargadas y las toallas a modo de turbantes, las madres untando con cremas la avanzadilla para la protección del sol, emulando la Batalla del Ebro (Cerca del lugar). En el aire quedó la cuestión de desactivar las minas explosivas durante la canícula.

Toni nunca sufrió ningún percance, él y sus vecinos descendían en ascensor, atravesaban un pequeño corredor, cruzaban una férrea puerta de la cual poseían la llave, y aterrizaban en el litoral. Evidentemente tomado por turistas en remojo, cual garbanzos en pleno hervor.

Los gruñidos de Toni indicaban que aquello no era de su agrado, si bien tampoco su problema. Compartiendo el calor con sus vecinos, observando sus costumbres como distracción principal, sin prisas, entre página y página de la prensa local. Al tiempo que comenzaban a caerles como el puto culo a resultas de sus hábitos, apreciados como un juego entre ricos y pobres.

Empezó como una pequeña molestia y concluyó como un grano en el culo. Toni Mala Vida llenó el apartamento de víveres para unos pocos días, dejó de salir a visitar los alrededores de valor histórico y dedicó su tiempo a estudiar con sus prismáticos de camuflaje lo que bautizó como una misión contra enemigo de frente corta.

La única manifestación positiva resultó el verles achicharrarse bajo el sol en las horas más ardientes, una buena metástasis de cáncer de piel, rojos como cangrejos, incomestibles, la cara hinchada de ojos pequeños y llenos de mentiras.

Durante la jornada de bronceado, los africanos ilegales recorrían la costa a pie, desde Castellón a Tarragona o viceversa, con la mochila cargada, la cabeza cubierta por docenas de sombreros y gorras, el brazo exponiendo los relojes de oro del que cagó el moro. Joyas de marca, bolsos, camisas, vestidos, todo ello bien falsificado, manufacturado y estructurado para mantener la perpetua esclavitud de los negros e hinchar la vanidad de los ficticios burgueses, quienes, además de participar en la cadena delictiva, lucirían alhajas y prendas de diseño al volver a sus lugares de residencia.

La repugnancia aconteció en el estómago de Toni, o lo que sería lo mismo, los vecinos le provocarían verdadero asco. Lo que fuera una simple distracción para pasar el rato se convirtió en algo personal.

Advirtió que algunos de los inquilinos bajaban a la playa con los primeros rayos de sol. Los responsables del departamento de logística, puesto que cargaban con hamacas de plástico, toallas muy horteras y un par o tres parasoles. Marcando su territorio con las posesiones de menos valor, el decorado de la sombrilla es el estandarte del regimiento. Entonces volvían sobre sus pasos y desaparecían. A los pocos minutos dos hombres más repiten la escena, limitando el terreno con más toallas y sillas playeras; sólo les faltaba orinar en sus colonias. En cuestión de media hora, la orilla quedaba conquistada por el turismo más ordinario, vigilando desde sus posiciones, mientras desayunaban, que nadie invadiera sus dominios.

Toni decidió bajar temprano y colocar sus escasos utensilios de baño a cierta distancia de la bandada de buitres henchidos de taras mentales.

Bajó temprano, la radio advirtió de una fuerte subida del mercurio y Toni prefirió un paseo con chapuzón a primera hora, para así sortear la fuerte ola de calor a cambio de unas cervezas frías bajo el toldo del chiringuito. Dio un paseo largo, aún no tocaron las ocho y la mayoría de los turistas dormía a pierna suelta.

Fue al regreso del paseo cuando le cambió la cara. No fue que alguien se hubiese acercado tanto a su toalla lo que le exasperara, sino que un grupo numeroso, bajo la consigna de pasar juntos el día, desde la casa que poseían a cien pasos de la orilla, cual si el pedazo de playa con ola y salitre incluido entrase en el contrato de alquiler.

Como dije Diego, no fue la invasión de su espacio lo que lo enervó a un grado arriesgado para la salud, sino que lo cercaran pisoteando su toalla e ignorando su presencia.

Disimulando el disgusto, no quiso rebajarse sintiéndose burlado, así que se abrió paso para acomodarse sobre su toalla y abrir el periódico con cierta dificultad, a razón de la corriente marina que soplaba en la orilla, un alivio para los sentidos. Toni oteó discretamente su entorno, escuchó varias conversaciones con una indiferencia abrumadora a su persona. Él preocupado por su espacio y los acaudalados de medio pelo conversando sobre desavenencias familiares o concursos televisados. Esta conclusión lo deprimió, la mente le devolvió las emociones con recuerdos inconexos de la lucha de clases. Aquel desinterés radical, a pesar de saber que se encontraba en medio de la manada turística. El periódico fue perdiendo las páginas a cada golpe de aire, esparciéndose por el deslumbrante arenal, yendo a chocar contra caras sorprendidas, contra los palos de las sombrillas, pegándose en las espaldas recién protegidas con cremas para el sol. Toni no se inmutó, concentrado en la única página color salmón que quedó en su poder, las preferidas por los chimpancés del circo.

En plena consonancia, el grupo que lo rodeó, también pareció hacer caso omiso a la fuga de noticias impresas, su arrogancia no dejaba lugar a dudas. Toni recapacitó, poco porque rápido imaginó su venganza, era el mejor en lo suyo. ¿Dije antes que Toni era un profesional? Se me pasaría sin querer.

La mañana que Toni dejó su apartamento, se dio la casualidad que los apartamentos más bajos, los cuales daban directamente a la playa, amanecieron con las terrazas cubiertas por litros de arena, una cordillera de dos metros de altura bloqueaba las puertas e invadía las ventanas, arena mezclada con desechos de vertedero marino, cubos y palas, sombrillas rotas, chanclas del 45, pelotas y toneladas de pescado podrido. De una esquina a otra del edificio, dejando entradas y salidas completamente obstruidas por la porquería, imposibilitando el paso desde el rascacielos más lujoso de la Costa Dorada, con un toque  personal que pronto, a medida que el sol se alzara, firmaría con un pestazo insoportable bajo el vuelo rasante de las blancas gaviotas.

fadapadrina

En la cuerda sin cuerda

Suerte que las fotos y el Blog son míos

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6 comentarios leave one →
  1. 14/08/2009 10:22

    Ni las fotos tienen mala pinta ni las gaviotas son tan malas.
    Lo que le pasa a usted es que es un quejica 😉
    La costa Daurada, aunque petada de turistas piel cangrejo, es una preciosidad y si usted hubiese querido huir de esos desagradables turistas se hubiera ido al norte a alguna playa desierta.
    Yo soy mucho peor que usted, seria capaz de quejarme hasta de las piedras pero en vacaciones toca disfrutar todo lo que se pueda XD

    paZ y amoR hermano!!!

  2. 13/08/2009 23:40

    Así que has vuelto? y con incontinecia verbal además…
    Yo, que después de esta larga ausencia pensé que no volvería a leer en este blog ni una triste i, me alegro de vover a verte por estos lares.

    Por cierto, menos quejas que al parecer tampoco te están tratando tan mal las vacaciones, lo que noto yo es cierta misantropía por tu parte ¿por qué será?

    Saludos!!!

  3. 13/08/2009 19:51

    Ostias, Don Eduard… acojonas, cuando te pones así acojonas… con el mal rollo que me dan las gaviotas además, ese pico tan fuerte, ese tamaño y esa voracidad… y encima que rece lo que sepa, ¡pero si es que yo me las sé todas! que resulta que yo estuve muchismos años en colegio católico, oiga.

    Estoy por mandarle una cajita de langostinos congelados y una botellita de blanco del Somontano.

  4. 13/08/2009 15:19

    JM Eres un monstruo sin piedad, un inmisericorde. Yo preso, sufriendo torturas, totalmente aislado de la civilización y el progreso, condenado al sexo y a la libertad. Y vas y me pones como Tarzán (¿O era Adán?) en el paraíso de los elegidos.

    Aquí te querría ver yo, pero no viniste a liberarme ni por invitación, me abandonaste a mi suerte y todavía osas reírte, con ironía, de mi desgracia.

    No obstante, la historia no termina aquí, Señor Berbi, Marqués de Tellerda. No dudéis que lograré huir para daros caza, así que orad lo que sepáis; pues no será la espada de la venganza la que caerá sobre vuestro cuello para cortaros la cabeza y llevaros colgado de la lanza más alta. Os arrastrare hasta aquí, donde la gaviotas os recordarán el sufrir de la armonía y la paz, durante cada día del resto de vuestra existencia.

    Pongo a Dios por testigo.

  5. 13/08/2009 11:25

    No se dejen engatusar… en esas playas no hay nadie, es el paraíso. Fíjense en que no aparece ni una sombrilla en su reportaje fotográfico… se lo está pasando de miedo y nos quiere hacer creer que es un dramón lo de sus vacaciones, para darnos pena y no le envidiemos.

    Diga la verdad: Quiere volver a escribir en su blog.

  6. annefatosme permalink
    12/08/2009 21:19

    No has perdido ni un ápice de tu sentido del humor! Me he reído un montón recordando ciertas playas concurridas y sus incidencias!
    Las fotos familiares son muy entrañables y la playa parece de lo más agradable. A seguir disfrutando del verano que todavía queda.
    Un abrazo.

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