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La Pastilla de Jabón

18/08/2009

guerrero copia

Demoré cierto tiempo en percatarme del asunto. Si bien, como a nadie debo explicaciones, no lo tomé a la tremenda, quizás por temor a los caprichos de los Dioses, quizás por la perplejidad de mi mente hechizada. La cuestión es que descubrí la pastilla de jabón.

Sospecho lo primero que le viene a uno a la cabeza al oír tamaña lindeza, pero así fue. Hace un par de años, en época de vacas flacas, omití el moderno gel por la clásica, aunque eficiente, pastilla de jabón de glicerina. Al llegar a casa la estrené con una ducha, la cual me dejó tan relajado como envainado en un halo de pellejo perfumado.

La pastilla cumplió con creces su objetivo, de tal modo que la instalé en una pequeña bandeja para su uso.

No fue hasta la mañana de ayer cuando me fijé. Cualidades de observación no me sobran a pesar de considerarme un auténtico mirón africano. La casualidad lo quiso así; memorizando la lista de la compra bajo la propulsión del chorro de agua, caí en la cuenta. La pastilla de jabón continuaba concentrada en su volumen inicial, por curiosidad circunstancial, la aproximé al olfato de mi enorme nariz; sorprendido descubrí que olía como el primer día.

Quizás fuera ello la razón por la cual mi pigmentación se hubiera visto afectada hacia aquella palidez de espanto, similar a la del hombre blanco, de lo cual no tengo queja alguna, pues resultó ser de cautivadora ayuda para encontrar trabajo en el país mientras mis paisanos se morían de asco vendiendo toda clase de falsificaciones. ¿Por qué un negro como yo no iba a creer en la metamorfosis que contrajo el recién fallecido Rey Michael Jackson?

Se da el caso que yo era por entonces, en esencia, indígena del Senegal, hoy director de una sucursal del Banco de Santander en la Costa Brava de Girona. Quien decide sí o no a los créditos. Qué ironía, ¿verdad?

Acostumbro a preguntar a mis clientes por sus tendencias políticas y preferencias sociales, en ocasiones me permito algún guiño cómo preguntar si los negros huelen mal. No para negarles el crédito por racistas, sino todo lo contrario, para meterles una hipoteca con un interés de infarto que no les abandonará de por vida, y la cual, por ley y homologación financiera, continuaran pagando hijos, nietos y bisnietos si todavía existe el mundo como lo conocemos en la actualidad.

Actualmente guardo la pastilla en un estuche de oro custodiado por un guardia de seguridad de Toledo a quien, por un generoso extra, obligo a ir con uniforme de seguridad de malla y metal, con cachiporra, puñal y escudo. Todo comprado en la mejor tienda de uniformes militares de toda Catalunya, desde las botas hasta un casco con cuernos de búfalo del Cabo, bóvido salvaje de la sabana subsahariana.

pastilla_jabon

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2 comentarios leave one →
  1. 19/08/2009 7:52

    Que risa tía felisa!

  2. annefatosme permalink
    18/08/2009 22:42

    Consigues hacer una critica social llena de humor, negro, nunca mejor dicho. Por los tiempos que corren se agradece.
    PS: el patito es mío!

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