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Planeta Caliente

25/08/2009

NAUFRAGIO_DA_MEDUSA

Amanece y contemplo asomar el sol desde la línea que corta el horizonte, en pocos minutos el resplandor deslumbrante delineará su reflejo sobre la superficie marina. Contemplo el evento natural cuando todavía es posible encararse al astro rey y escrutarlo de tú a tú, la mirada al centro de la bola incandescente que la nutre de llamaradas, manteniendo la distancia por complacer  el deseo de los seres agradecidos que lo saludan por cada nuevo día, retoñando a cada aurora y resucitando a cada crepúsculo.

Sentado frente al segundo café combinado con fármacos para el bienestar social, enciendo el quinto cigarrillo, mostrando mis vicios miserables como si fuera a confesarlos a la más alta autoridad.

Siguiendo el trayecto perfecto del ascenso, concluyo con el poso de café cuando ya es imposible mirar a la Señora del universo sin ulcerarse las retinas. Estoy en el piso número 19 del Florida Palace, atrincherado en el ángulo sombreado de la pared encalada de una terraza de unos treinta metros cuadrados, ocupada por mesas tapizadas con mantas, sillas y hamacas de plástico fundido revestidas con toallas tachonadas a presión, dispuestas bajo la penumbra de un toldo chamuscado.

Después de una somnolienta irrealidad motivada por la guardia de la noche, siento el calor entrar en la piel, es hora de funcionar. Aún no son las 8:30 hs. y el mercurio ya alcanza los 39º.

Con un acto involuntario, me acerco a la barandilla tostada para apoyarme a observar la playa que se expande desde la base del edificio. Niños compartiendo juegos con las olas, mujeres buscando el tono adecuado de bronceado, jubilados refrescándose los pies, familias enteras en remojo y un amplio surtido de sombrillas de colores. En un alterado abrir y cerrar de ojos, despierto a la realidad (Demasiadas horas sin dormir). El Palace, rodeado de agua rebosante de basura acumulada. En la pesada marea, cadáveres en proceso de descomposición.

He soñado con el pasado y despertado con la frente perlada de sudor, el sol se perfila como una titánica masa de fuego, el mar ha aumentado su nivel medio metro más, inundando los primeros pisos, devastando con su elemento líquido la estructura de cemento y metal. Un petrolero atravesado actúa de rompeolas frente al Palace, como una nave siniestra, varada frente a un rumbo desconocido.

El Mediterráneo transformado en una mancha de aceite espeso con peces y aves adheridas a la superficie viscosa, entre restos de otros naufragios, olas interrumpidas en el aire contaminado, gritos de auxilio suspendidos en la nada salada. En el cielo, una escuadra de nubarrones compone una batalla de elementos tóxicos, gamas anaranjadas y hostiles.

¿Cuánto va a durar esto? ¿Qué hemos de hacer? ¿Esperar? ¿Esperar el qué?

Hundimiento_Prestige

Oigo pronunciar mi nombre en el interior del habitáculo, enseguida escucho el llanto hambriento del bebé, Penélope, nuestra hijita de once meses. Me froto los párpados para regresar al presente, confiado en que el próximo amanecer arribe con el milagro, con la civilización que la comunidad científica destruyó. Dejo los prismáticos y recojo el fusil de asalto; golpeo accidentalmente la taza con la culata, sin tiempo para impedir su caída al vacío. Maldigo en voz baja antes de entrar en la habitación para fundirnos en un abrazo iluminado de esperanza.Penélope tiene hambre.Dice Ana.

Hace tres meses que no tenemos contacto con el exterior. Sólo disparos y gritos aislados. Mi mujer es profesora de piano y yo monitor de baloncesto infantil. Si Dios existe, que nos asista.

Cinco minutos y tras la puerta un ruido sospechoso, nos preparamos para lo inevitable. Valoró la situación: Saqueadores; la jodida taza.

Con ellas escondidas en el armario empotrado, regreso como un soldado robotizado a por el fusil y los cargadores. Compruebo la recámara de la Block y el machete de combate, ambos cruzados y fajados contra la espalda empapada de sudor. 40º a las 9:10hs.

Pego el oído a la pared que nos separa del rellano exterior, a dos metros de la puerta. Son tres, el que va por delante da las órdenes, presupongo que gesticulando. Los otros dos posicionados a ambos lados de la entrada.

Al observar el zarandeo vibrante de la cerradura, presumo al hijoputa intentando abrir. No es momento para dudas. Alzo el fusil y, espantando el silencio, descerrajo medio cargador desde el punto de mira hacia la cerradura, sin detenerme un segundo lanzo el fusil a un lado y me pego al suelo en busca de un hueco en la puerta. Incrusto la Block a través de un listón astillado y disparo contra unas rodillas, las cuales al doblarse, dejan asomar unos ojos sorprendidos entreviendo el cañón que les robará la vida. No puedo perdonar al tercero, regresaría con refuerzos.

Al atravesar la puerta como un oso enloquecido, no advierto los arañazos en la piel ni la consecuente fractura de una costilla. Tropiezo con los cuerpos yertos del piso y, en un estúpido desequilibro, la automática escapa de mi mano sudada. El saqueador se percata en el último segundo y su sonrisa me hiela las venas al tiempo que el llanto de Penélope le distrae justo lo suficiente. Caemos abrazados por las escaleras, su pistola no cesa de escupir fuego, distingo los balazos estallando contra las paredes y el techo.

Me arden los pulmones, siento el corazón a punto de estallar. No puedo permitirme buscar aliento, perdería el sentido.

Le quito el arma caliente y humeante de la mano contraída para seguidamente recobrar mi machete hundido en la garganta degollada. Su cabeza se sacude como un muñeco roto.

Antes de mi regreso, doy una ojeada a través del hueco de la escalera. Utilizo la ventana rota del ascensor y un brazo escondido debajo del cadáver del saqueador para enredar el hilo de pesca al percutor de una granada de mano.

Recojo las armas, vuelvo a la carrera hacia el armario y me desmayo después comprobar la integridad de las mujeres. Siguen vivas, Señor. Antes de perder el mundo de vista informo a Ana que no se acerque a la masacre que empieza a aunar moscas, puesto que dispuse una bomba trampa. Con todo, ella nos protegerá hasta que yo sane y salga a por alimento, después de limpiar la carnicería del sobreático y bajar la basura.

9:35hs, 40:30º.

mascara-anti-vacilonesECO SISTEMA EN PELIGRO




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4 comentarios leave one →
  1. 26/08/2009 15:55

    No esperaba una analogía tan precisa, si bien siempre bienvenida, aunque me temo que yo sea un tanto más bestia, puesto que mis personajes acostumbran a estar más solos que la una y a ser tremendos o extremendos. De los que vuelven cuando otros van.
    Tampoco es una ficción demasiado lejana tal y como les resbala el tema a los poderosos, Así que mi consejo es … no, mejor lo dejo aquí y que cada uno diga la suya.

    Extremendo

  2. annefatosme permalink
    26/08/2009 15:04

    Me parece muy acertada tu elección del cuadro de Géricault, (retocado por tí, creo. Recuerdo una gama de colores yendo in crescendo de la lividez cadavérica hasta diferentes tonalidades de negro) para ilustrar las tensiones ecológica y sociales que nos rodean. Es curioso, porque el cuadro de Géricault, era una denuncia. Total que nada cambia. Me gusta como el texto se pega al cuadro. Tiene una forma ascendente, desde la desesperación más absoluta, (cuando tu personaje se tira por la escalera a la desesperada, en plena apocalipsis) lo que en el cuadro correspondería a la mano del cadáver colgando en el agua, hasta la vuelta a casa y el reencuentro con la mujer y la hija, esperanza, representada en el cuadro por la mano alzada del marino tendida hacia el navío percibido en el horizonte. Igual te parece una tontería pero es lo que me ha sugerido tu texto.

  3. 26/08/2009 11:33

    Lo tranquilo se vuelve ecológico hasta que peligra la vida propia y lo único importante es nuestra sangre.

    ¿Conoce la “Isla de la basura”?

  4. 26/08/2009 10:20

    Me encanta.
    Joooooooo, que bien escribes de todo.

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