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El Ultimo Verano

29/08/2009

En una ocasión mencioné a mi doctora el concepto de las Trincheras Blancas, si bien no obtuve como respuesta la perplejidad reflejada en su rostro, si cierta turbación; supongo que no consiguió asimilar el mensaje.

Dalila, la marroquí que murió en Madrid el pasado 30 de junio, a los 19 años de edad, embarazada y supuestamente afectada por la Gripe A, después de acudir al Servicio de Urgencias en tres ocasiones. Durante el dramático desenlace por problemas respiratorios, los sanitarios únicamente lograron salvar a Ryan, el bebé que gestaba en su vientre. Dos semanas más tarde Ryan falleció a causa del grave error de una enfermera.

Los días consiguientes desataron el debate, se especuló con mentiras de diferentes tamaños y colores; el Hospital Gregorio Marañón de Madrid aseguró que la primera víctima, Dalila (La madre), padecía insuficiencia pulmonar de base, algo puesto en ofendida duda por familiares y amigos que coincidieron en la afición de la muchacha por el deporte al aire libre y una vida sana.

La segunda víctima “accidental”, Ryan, tampoco era una criatura problemática, dadas las circunstancias de su llegada al mundo, si bien en el Hospital no demoraron en esconder a la compañera enfermera, argumentando su inocencia y afirmando que se hallaba recluida en un psiquiátrico por culpa de la versión vertida por la dirección del propio centro.

Dalila y Ryan, no olvidar los nombres, porque al olvidarlos caemos en la red urdida para desviar las responsabilidades, si no recordamos los nombres serán la mora que perdió el niño por culpa de la presión que deben soportar los trabajadores sanitarios de este país. Dalila y Ryan, esposada con su joven compañero Mohamed, guapa, inteligente, deportista, una familia normal si realizamos un ejercicio de ficción para imaginar el futuro de esta pareja contemplando, pletóricos de felicidad, los primeros pasos del primogénito. Dalila, Ryan y Mohamed, seres humanos, no enfermos crónicos, ni pacientes conflictivos, sino personas directamente perjudicadas. Quizá sea esta cognición para los facultados la razón de sus actos, la ausencia de apatía, la distorsión de los sentimientos más puros.

La administración, junto los elementos mediáticos, se esforzarán en borrar sus nombres, anudarán sus esfuerzos para reclamar las horas extras, los incentivos económicos, la falta de profesionales formados y muchos recuerdos para la ministra de Sanidad. Dalila, Ryan y Mohamed, quedarán reducidos, en primera instancia al dato, luego al olvido y más tarde a la estadística. Las Trincheras Blancas falsearán las pruebas, protegerán a los suyos y marearán la perdiz hasta omitir los datos.

El fenómeno de la solidaridad hacia la sanitaria, por parte de sus compañeros, la convierte en la víctima principal; pobre enfermera, mata por una distracción fatal y nosotros queremos acabar con su carrera. Somos unos impiadosos miserables. Según la jerga médica, unos incultos con tendencias violentas, además de vulgares ignorantes, por desconocer la dificultad que entraña la semblanza entre la vena de un brazo infantil y los orificios olfativos bajo la diminuta nariz.

Hace un par de años, en otra manifestación por parte de la plataforma de enfermería, una supuesta profesional del Hospital del Vall´Hebrón de Barcelona, reclamaba ante las cámaras de televisión que se tratara al colectivo como a una autoridad social, con patente judicial para poder denunciar a los pacientes infames.

Señoras y señores del público sensible; les suplico que me digan quién nos protege del sistema sanitario universal del primer mundo, para nada parecido al canadiense, al británico, al cubano, o por cercanía, al francés, sólo similares en escaparate y fotografía, pues los primeros funcionan por esencia profesional mientras que nuestros especialistas siguen nutriéndose de la influencia de los laboratorios a cambio de sutiles regalos personales.

Dalila, Ryan y Mohamed. No olvidar los nombres. La proyección de una familia quebrada por la letal negligencia de un profesional. Si el caso se hubiera dado en un entorno hogareño, laboral o de violencia de género, habrían puesto en marcha una investigación policial, con fiscales, jueces y abogados danzando al son de los respectivos intereses políticos, hubieran ubicado a un sospechoso para iniciarlo como culpable, su rostro habría aparecido en la prensa y la televisión, ni poder salir a la calle sin ser increpado por la manipulada opinión popular, inocente o no. Los reporteros despellejarían su pasado, novias, hermanos, padres, amigos, su paso por el instituto, un porrito de hachís, una experiencia sexual bajo los efectos de las drogas, un anónimo que desvelará intimidades sobre la compañera de clase con la cual jamás mantuvo relaciones, etc.

¿Quién nos protege de nuestros sanadores? ¿Del sistema que nos cuida de enfermedades, virus y bacterias?

¿Qué no pasará en el tercer mundo? Como mínimo sabemos que allí los médicos trabajan por altruismo.

ATESETodo va bien!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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6 comentarios leave one →
  1. 02/09/2009 6:37

    Si M lo clavó, el Sr. Jusamawi lo enmarco con todas las de la ley. Pues la artimaña consiste en ello. Dalila y Ryan, ¿Quienes? Porque la vacuna ya llega, porque la abuela fuma, etc. Pero, ¿Quién se hará responsable de estos fallecimientos por negligencia sanitaria? Ni la vacuna llegará, y si lo hace lo hará en condiciones no reglamentarias, ni darán la cifra verdadera de grupos de riesgo, ni dejarán de mentir para hacernos creer que están trabajando en el tema.
    Mientras, Ryan y Dalila ya son un vago recuerdo, caeremos en la treta, ya no están ni volverán, tan siquiera sus nombres, aún menos sus protestas. Ya son pasto de conversación política o de bar, especulación barata, estadística sin contrastar.
    Saldrá el listo de turno en el atril con los números falsos memorizados, convencido que lo escucharán para decir, mira el individuo éste como se preocupa por la gente. Se sabe el número falso de víctimas y el plan que la administración piensa poner en marcha.
    Mentiras y más mentiras. Lo peor, se repetirá.

  2. 01/09/2009 21:56

    Tiene razón M en lo que dice pero no menciona a Dalila, Ryan y Mohamed.Lo más horrendo es que debatamos este tipo de temas y nos olvidemos de que existen personas concretas por encima de ellos.
    Dalila dejará de ser Dalida y será para todos un error de diagnóstico.Al aceptar esto, caemos en la trampa de la información y las estadísticas.
    La información no nos habla de la realidad la deforma siguiendo cais siempre oscuros intereses o incapacidades. Las estadísticas pueden ser útiles, pero tomadas así solas deshumanizan todo lo que tocan.

    Lo remarcable, por espantoso, es que Dalila y Ryan han muerto.Lo despreciable por mentiroso es que acabemos hablando los errores humanos y de las víctimas accidentales. Así es como pasamos de una mujer de carne y hueso a un mísero porcentaje.

  3. 01/09/2009 14:07

    La penúltima línea es el final de un asunto, del trabajo, del día. Cada uno a su casa y mañana será otro día.
    Esta noche, tal y como las demás, volveran los mochuelos a sus olivos.

  4. 01/09/2009 11:47

    Gracias, queridas focas, por los aplausos entusiastas. He recibido muchos aplausos humanos en estos últimos días, pero UN MILLÓN de focas…!!!!! Wow, ESO es algo que no todo el mundo recibe en su vida y me encanta. Me reí un buen rato imaginando el cuadro de las focas aplaudiéndome y ladrando con gran algarabía y yo haciéndoles reverencias y más reverencias. Jajaja!

    Necesito traducción de la penúltima línea. (Sorry).

    Sí hay diferencias sutiles entre los países. Gracias al Infinito, en mis cortas incursiones en el Primer Mundo, nunca tuve que tener nada que ver con el sistema sanitario, pero fui un tiempo fanática de la serie de televisión “ER” y puedo imaginarme el resto. He estado en Hospitales públicos de nuestro país hace 10 años y actualmente y puedo ver las mejorías en todo sentido. Pero la mejoría de los aspectos físicos de las instalaciones, tanto como las mejorías a regañadientes en el servicio que exige la “modernidad” obligada por las Compañías de Seguros es como la acción de meter la basura debajo de la alfombra cuando viene visita. Estoy segura de que hay casos mucho peores de los que tú cuentas. Y menos peores también. Pero pienso que ninguno, en ninguna parte del mundo escapa a la secuencia 0-5 de mi comentario anterior.

    Antiguamente (no sé si esto siga así o no, lo dudo) en China, se asignaba una gran cantidad de familias a un médico familiar que era responsable por la salud de todas esas personas. Se le pagaba mientras todo el mundo estuviera sano. Cuando alguien se enfermaba, se le dejaba de pagar la parte correspondiente a la familia de ese enfermo, hasta que estuviera sano otra vez. Ya ves por qué los chinos son tan longevos y tienen tantos hijos.
    🙂

  5. 31/08/2009 17:35

    Como un millón de focas aplaudiendo te quiero aplaudir, pues yo no supe sacarle tanta resina al asunto. Chica, lo clavaste, aunque difiera en la diferencia de un país a otro, ahí creo que existen sutiles diferencias a distinguir.
    Con todo, vas tan cargada de razones que hasta la página del del blog se inclinó un poco y casí se caen las ilustraciones.
    Yo como cuentista, sólo transcribo la historia, las moralejas son para quien lea mis textos y quiera invertir tiempo en intervenir. En esta, la clavaste. Me quito el sombrero con peluquín incluido.
    Y esta noche regresarán los mochuelos a sus olivos.
    Soy como el cazador cazado.

  6. 31/08/2009 13:55

    Querido Eduard, no creo que haya demasiada diferencia con los mundos segundo (nunca he sabido cuál es el segundo) y tercero. NO es un asunto “social” como se empeñan en clasificar los sociólogos, economistas y demás “cientistas” de nuestras sociedades. Se trata del mismo mal que acabará con toda traza posible de nuestra especie si no hacemos pronto algo efectivo al respecto. Se trata del círculo más vicioso y letal de todos, la secuencia:

    1. Falta de conocimiento/pericia + adoctrinamiento casi hipnótico para creer “honestamente” lo contrario. (En otras palabras ignorancia pura, simple y rampante mientras se afirma poseer todos los secretos de la vida, la muerte, el universo y dios). Aún en otras palabras, por si no está suficientemente claro, son lo más ignorante que un profesional puede ser y no sólo no lo saben, sino que están profundamente convencidos de todo lo contrario. Me refiero por supuesto a la “profesión” médica y todos sus adláteres.

    2. A causa de (1.) no pueden aprender o aumentar su conocimiento y capacidad. Nadie en su sano juicio querría aprender algo que “ya sabe”. No es que estén en su sano juicio, pero entiendes a qué me refiero.

    3. A causa de (1.) y (2.) cometen 125 errores por hora, tanto de diagnóstico, como de pronóstico, como de tratamiento, como de aplicación del tratamiento prescrito. Muchos de ellos son leves, algunos graves, algunos fatales.

    4. La acumulación a lo largo de una vida profesional de todos estos errorcitos y errorsotes, obra sobre sus conciencias, consciente o inconscientemente, lo quieran o no, es algo mecánico e inevitable. El resultado es que comienzan a perder, si alguna vez la tuvieron la mística profesional, la motivación de ayuda al prójimo. Poco a poco los pacientes, sus familias, los directores de los hospitales y, naturalmente, el gobierno son los únicos culpables de lo miserable de sus vidas.

    5. Esto les da la excusa y la justificación perfecta para que ya nada importe. Se creen a pie juntillas ser las víctimas sufrientes del sistema, y al final nada importa, porque al fin y al cabo, “nadie les agradeces sus desvelos” por los pacientes.

    El círculo, siendo vicioso, se repite una y otra vez en una especie de espiral descendente que entraña cada vez más virulencia.

    Por supuesto, lo que he descrito es una generalización. HAY excepciones. Y muy honrosas, pero el honor no es suficiente para siquiera maquillar una profesión que por más tecnología, subsidios y prebendas que pongan en sus manos los gobiernos y las empresas privadas, sigue estando cada vez más desprestigiada y asiste impotente (en sus miembros más jóvenes) al espectáculo de poblaciones cada vez mayores a las que no pueden ayudar.

    Por cierto, olvidé incluirlo, supongo que sería el número “Cero”. Más del 70% de las enfermedades humanas son de origen sicosomático. Ellos lo saben y NUNCA se hacen una sola pregunta al respecto. Aún sabiéndolo, insisten en ser “las autoridades” en el campo de la salud.

    Esto sucede en EEUU, en España, en Cuba (no te engañes), en todas partes del mundo llamado Tierra. Los resultados, a diario, son poco más o menos lo que describes en tu post.

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