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El Respeto por la Verdad

22/10/2009

guardia_civil

Manuel Majo Martinez disfrutaba de su primer permiso carcelario después de tres tacos de no gastar suela más que en el patio de la cuarta galería de la cárcel Modelo. Una condena por delito contra la salud pública. Durante aquel tiempo Majo consiguió lo inimaginable, frenar su terrible carácter violento. Lo sabían bien los seis agentes que lo redujeron el día de su detención.

Majo fue un niño abandonado por una rabiza en un convento. A los siete años lo trasladaron al orfanato, allí se ganó el apodo de Majo por la estampa de adonis con la cual sobresalía, un alias que nunca le agradó, a razón de querer distinguirse únicamente por su esfuerzo en los talleres de mecánica. Tras pasar las de Caín, logró aprender el oficio. Entonces, por desgracia, al cumplir los quince, la madre se presentó reclamando su custodia. Su interés, amagado detrás de pérfidos besos y lágrimas de cocodrilo, no era otro que ponerlo a trabajar a cambio de nada.

El contrato duró un par de semanas. Majo trabajaba once horas diarias descargando sacos de yeso, de regreso a casa, hallaba a la madre borracha con hombres de baja estopa y un plato vacío.

A sabiendas que sería denunciado, huyó con un altillo cargado de rencor, la apuesta de mamá le costó no poder conseguir el título de mecánica y la esperanza de encontrar un puesto de aprendiz en Madrid. Después de sus problemas con el Clérigo, sabía que la Guardia Civil ejecutaría una orden busca y captura contra él. Sin embargo, la aludida dama murió de una sobredosis de Anís del Mono y de la denuncia nunca más se supo.

Viajó hasta Barcelona con la idea de que los catalanes le tratarían mejor.

Trabajó de peletero en un taller ilegal, donde conocería al Chino, un asiático de la Trinidad Vieja, cuya familia por entero, controlaba el trapicheo de drogas en la zona más degradada de la ciudad. Hicieron miga, abandonaron el tajo y fundaron una sociedad de camellos barriobajeros. La pareja de amigos se hizo acompañar de dos burracas tetudas, para satisfacer necesidades, distraer autoridades y disimular sus actividades ilícitas.

Convertidos en traficantes, se ganaron una reputación a la hora de cobrar a los morosos, de modo que éstos corrían que se las pelaban al presumirlos cerca. Demasiado ruido para tan poco trajín, clamó Chato Morales, Comisario de Estupefacientes. – Buscad al soplón y detenedlos.

Majo estaba solo en la casa, escuchando a Génesis a través de los auriculares, – ¿Qué coño? ¿Chino? – Acorralado por las sombras, entre las cuales no distinguió las armas ni oyó las órdenes, aunque si el dolor de los golpes. Defendió su integridad a muerte. Hasta no sentir el cañón del hierro en la boca, no comprendió qué ocurría.

Nació su hijo cumpliendo en chirona. Cuando, a los dos años, salió de permiso un fin de semana, se permitió darse un paseo con el primogénito montado en el triciclo que le había comprado. Cruzaban un paso cebra cuando un coche cargado de adolescentes embravecidos por el alcohol casi les arrolla cortándoles el paso.

Majo increpó al conductor y éste, lejos de amedrentarse, le voceó que los mocosos con bicicleta tenían que circular por la acera. Majo Martinez tenía cara de buen tipo, no como aquellos niñatos, babeando con las pupilas dilatadas. Majo hizo bajar del triciclo al niño y aprovechando la coyuntura del revuelo, le pidió a una vecina del bloque que lo cuidara unos minutos.

¿Qué vas a hacer? Eh, ¿Vas a darte a la fuga con la bici? – El ingenio del conductor no dio para más. Justo al hacer ademán de abrir la puerta, Majo le estampó a través de la ventanilla, con la fuerza de un solo brazo, el triciclo, emplazándole de sitio la mandíbula. Con el resto de pasajeros insultándolo, rodeó el vehículo para enfrentarse al que esgrimía la navaja. Obviando el corte lógico en la palma de la mano, lo agarró por el pezcuezo para sacarlo por la puerta y lanzarlo contra la acera, allí mismo remataría la faena pateándole los higadillos. Volvió hacia el vehículo. Lo halló abandonado, pero ubicó al primo que menos corría. Ocho zancadas y un salto fueron suficientes para aplastarlo contra los adoquines del suelo, donde le partió dos cejas y la nariz con los orificios llenos de polvo blanco.

Los mismos vecinos que rodearon la disputa, lo encubrieron para que se esfumara con la criatura mientras se oía la llegada del séptimo de caballería abriéndose paso con las fragorosas sirenas.

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Los vecinos del barrio palmearon sus anchas espaldas y mostraron su más sincero agradecimiento, ofreciéndole cigarrillos o piruletas para el pequeño.

Aquí ya no hay respeto. Tengo que sacar al crío de este puto barrio.

Sin que nadie lo presagiara, sonó un disparo y Majo cayó arrodillado ante su niño con la intención de decirle algo, de su boca tan sólo brotó un gemido ensangrentado. Falleció con el corazón destrozado por la pena.

Serrín a la sangre del recuerdo, hoy paz y mañana gloria. ¿Qué nos hace humanos? ¿Qué razón nos empuja a exterminarnos? ¿Una palabra mal dicha u otra peor interpretada? ¿Una cólera desalmada? ¿Es nuestro objetivo eliminarnos y únicamente nos falta procesar la orden adecuada? ¿Vivimos programados para la pantomima de la bondad cuando la realidad nos muestra a diario la evidencia? ¿La que negamos, como si fuésemos héroes intelectuales, dándole a la húmeda con la vanidosa arrogancia de creer respetar la verdad?

nenfurios2

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11 comentarios leave one →
  1. 03/11/2009 13:56

    Clap, clap, clap! 😀 Rosas a sus pies, caballeros.

  2. 03/11/2009 11:52

    Tremenda afirmación. El destino no existe pero siempre acaba en boca de oradores y conversadores. Mantener un sistema, procesar sus métodos, trabajar bajo las premisas de la voluntad. Nietzsche no hubiera estado más de acuerdo, a la contra de Borges, extraordinarios pensadores, quien hubiera defendido el libre albedrío de las encrucijadas, la casualidad como máxima.
    Por creer creo en el espíritu del azar, escribo relatos, las novelas no son más que un montón de casualidades en un espacio de tiempo y lugares accidentales. Pero, ¿Y la vida? Acaso no es lo mismo. ¿Quién te dice dónde estarás dentro de diez años, cómo pensarás, que harás? Ese posible futuro ¿Será el destino?

    Mientes inmunda y apestosamente mal

    BATMAN (de Alejandro Dumas)

  3. 02/11/2009 23:09

    El destino no existe.Es la excusa de lo que no podemos aceptar. A Majo no le esperaba ninguna bala a la vuelta de una esquina.Él murió y el destino ya le trae al pairo. Es a los demás, a los que participamos día a día en el mantenimiento despreciable del estado de las cosas, a los que nos viene como anillo al dedo para no hacer absolutamente nada.El destino es la más idiota e hipócrita de las excusas.

    He de admitirlo.Escribes repugnantemente bien.

    Te odia,

    El Tulipán Negro

  4. 27/10/2009 15:04

    Bienvenida a esta casa y desde ya, añadido al blogroll de los elegidos, que cierto es qué después de tanto cruzarnos nunca hayamos compartido opinión.

  5. chrieseli permalink
    27/10/2009 11:35

    Había visto tus comentarios en los blogs de Fanou y Anne. Ahora, me detengo y presto atención a esta historia. Concuerdo con muchos de los elogios y te añado en mi blogroll para leerte más a menudo. Saludos

  6. 24/10/2009 10:39

    Todo un honor viniendo de una domadora de palabras con la que podría tirarme días hablando de literatura, pues además de intentar escribir, antes tuve que realizar un curso sobre literatura: leer, tanto como para llegar a enfermar, a deshacerme de libros por falta de espacio físico, etc.
    Ya te digo, un verdadero honor.

    Siempre bienvenida.

  7. 24/10/2009 4:07

    Me vine un ratito para acá, quería dar un pase por aquellos lugares que me gustan y me quedé pegada leyendo varias de tus publicaciones, me gusta. Sí, me gusta cómo y lo que escribes, no sé si yo podría hacerlo. Soy tan melosa y emocional para las palabras, tal vez me sea que me gusta tanto pasearme por los laberintos más morbosos de mi propia emocionalidad. En fin… lo que trato de decirte es que a pesar de la diferencia temática te considero un muy buen narrador, sigue Eduardo, deshace la pluma en el papel, revienta las palabras de dolor y sacales el alma, esa que se crea bajo la profundidad de tu pensamiento.

    Un saludo cariñoso para ti y que tengas un excelente fin de semana.

  8. 23/10/2009 11:34

    ,Sabes que te digo? Que a parte de haber hilvanado una historia muy humana con un protagonista a la altura de la narración, me parece que cada día tienes un estilo más depurado, más personal, con sello propio, que en definitiva, es lo más difícil de conseguir.
    Un abrazo incompleto de una manca. Habilidosa aunque no te gusten los adjetivos.

  9. 23/10/2009 5:25

    Detrás de cada vida hay un camino que sin quere le conduce a un inevitable destino. Lo malo es que las señales que se encuentran al paso no son siempre las mismas para todos.
    Las historias de perdedores tienen detrás un mundo muy rico que sólo alguien con ganas y arte es capaz de descubrir. Mi reconocimiento a alguien que si sabe.
    Saludos

  10. 22/10/2009 13:09

    Lo bueno es que cuando los escribes los retiras, con pinzas y entre algodones, de tu propio universo, de tus pesadillas quizá. Y al situarlos en el universo común, la toxicidad se evapora o se oxida con prodigiosa rapidez y si no, al menos se distribuye, generosa, entre tus fieles y sufridos lectores, eduardblanco. Te quedó muy bien (ya casi estoy inmune, te informo). El último párrafo no deja de ser exótico.

  11. 22/10/2009 10:26

    ¿Soy la primera?
    Éste sí que es nuevo. Me encanta, muy eduardiano como dijo Fatosme.

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