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El Jardín de Karen

25/10/2009

En la Cuerda Floja

Óleo de EduardBlanco

– ¿Cómo dijo Comandante? ¿Un reducto secreto en El Caribe? – El General Jackson voceaba sin dejar de mordisquear el cigarro habano que retenía entre los dientes. No cabía duda de su duro carácter, ahora acentuado por las espinosas circunstancias. – ¿Tiene idea de las consecuencias del fracaso de su operación?

– No Mayor. He seguido el protocolo como manda el reglamento en caso de ataque nuclear. Yo personalmente supervisé la operación.

El Comandante Wilson mantuvo la compostura física y la firmeza de sus palabras, plantado frente a la mesa caoba del despacho oficial, soportando con estoicismo el chaparrón.

El rostro del General se acercó al de su oficial echándole el aliento del cigarro. Uniformado con la plancha impecable del almidón, con más estrellas que en una galaxia y el pelo como un erizo al aproximarse.

– Voy a darle una última oportunidad antes de declararle un consejo de guerra, Comandante. Más le vale aprovecharla. He leído su informe y sospecho de la existencia de una conspiración. – La humareda del habano envolvió a los dos hombres y los perfiló como soldados de plomo a tamaño natural. – Dígame cómo hemos podido perder dos Global Hawk valorados en 160 millones de dólares, (aviones espías dirigidos sin tripulación) y tres helicópteros Apache AH-64A, junto a los marines mejor adiestrados de los Estados Unidos. Acaso nos enfrentamos a grupos disidentes asesorados por los chinos, los coreanos o los rusos, no es lo que nuestro servicio de inteligencia supone.

El Comandante Wilson no tenía las respuestas. Desconcertado, había visto como los radares dejaron de recibir señales, luego perdieron contacto con la cadena de satélites Hispasat equipados con sistemas de transmisión y recepción de última generación. Y para colmo, con sus propios oficiales, diseminados alrededor del mundo sin dar señales de vida. La situación lo desbordaba y no contaba en absoluto con la simpatía del General, veterano de las guerras del Golfo Pérsico, Irak y Afganistán.

Tampoco podía informarle de los últimos mensajes emitidos por sus tropas a riesgo de sufrir las amenazas de su inmediato superior.

El Capitán de infantería Paul Baker, al frente del Grupo de Operaciones Especiales, fue quien envió un último mensaje cifrado antes de perder la posición. – Flores – Fue la palabra clave.

Desde el Centro de Comunicaciones los hombres trabajaron durante horas para descifrar el mensaje sin resultado alguno. El Comandante no se arriesgó a perder más hombres y ordenó abortar la misión.

El Caribe ardía alrededor de una única pista: ¡Flores! Asía caía bajo las bombas nucleares y los misiles intercontinentales. África sorprendía por un armamento de defensa de origen desconocido. China y Rusia se preparaban para la batalla final. Europa, siempre recelosa, consumía las últimas horas en debatir sobre secretos militares, al margen del Reino Unido, con la flota del Índico lista para combatir por mar y aire. Por vez primera los musulmanes del mundo compartían un enemigo común. Mientras el planeta agonizaba, los señores de la guerra se adelantaron a los acontecimientos.

war copia

Disseny de EduardBlanco

El Capitán Baker esperaba órdenes, con sus hombres prestos para el combate, en un lugar secreto de Las Antillas, entre los estratégicos acantilados puertorriqueños del archipiélago y las Islas Vírgenes, contaba con un par de helicópteros Apache. Sabía que la comunicación había sido inutilizada a causa de los inhibidores de frecuencia y se encontraba completamente aislado. Su adiestramiento de marine le daba carta blanca para tomar el mando. Sin embargo, sufría por la integridad de sus hombres, una decisión mal tomada podía desembocar en una tragedia. Al atardecer tomó una resolución, volarían a ras del Canal de la Mona hasta adentrarse en La República Dominicana, se llevaría a la mitad de la tropa, los soldados más veteranos y sin cargas familiares.

El Sargento Primero Thomas Keitel (Piloto artillero de helicóptero) atendía las órdenes del Capitán, quién, con un plano desplegado entre las manos, señalaba la ruta a seguir.

– Llegados al objetivo, nos guiaremos por las luces de la autopista paralela a  la costa para situarnos – Mostró su brújula manual sin dejar de hablar – con el sistema de localización GPS cerrado para no ser interceptados. Luego nos elevaremos para desviaremos hacia el este y no exponer a la población civil. Sobrevolaremos un complejo metalúrgico llamado Metaldom. Desde allí realizaremos otro viraje hacia el norte hasta ubicar un parque llamado Mirador Sur, apropiado para un aterrizaje rápido y una infiltración en formación de avanzadilla. No sabemos con qué vamos a encontrarnos. Llevamos repostaje para ir y volver antes del amanecer.

El Apache cumplió con las expectativas. Los hombres camuflaron el aparato y penetraron por la vegetación hasta dar con un recinto iluminado. El grupo del Capitán Baker tomó posiciones siguiendo el protocolo de combate, arrastrándose como víboras fueron aproximándose hasta una extraña cúpula de cristal. Allí, centenares de civiles se congregaban entre récodos de sugestiva flora. Baker ordenó detenerse y sacó unos prismáticos con mira nocturna. Lo que descubrió le dejó perplejo, los civiles se encontraban en un terreno herbario sin un solo elemento de defensa a la vista.

De súbito una serie de explosiones castigó los alrededores del parque. Los soldados tomaron posiciones para repeler el ataque sin hallar un enemigo del cual defenderse. El Capitán ordenó no abrir fuego. Sorprendido se percató de que ninguna bomba había alcanzado el lugar, el lanzamiento de los misiles no llegó a impactar contra la bóveda. Ordenó a sus hombres continuar hasta el centro del recinto, avanzando alucinados a través de la colorida floresta. El Capitán estipuló hallarse bajo un enorme jardín botánico, guarecidos entre las flores más exóticas que jamás vio antes. Sin embargo, más le sorprendió que aquel reducto natural y extremadamente hermoso les amparara de cualquier tipo de agresión exterior. La extraordinaria belleza de aquel jardín de flores preciosas resultó ser una defensa natural que amparaba a cuantos se asilaran bajo su cobertura. Al interrogar a varios civiles, éstos respondieron que aquel milagro era el Jardín de Karen.

jetaescritor

Jeta Escritor LocoDatar

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8 comentarios leave one →
  1. 29/10/2009 11:39

    Gracias Capitán Tan. Patricia, creo que tienes razón en lo que dices sobre la energía, aunque no lo habías dicho antes. Merci, M. le Chef.

  2. JChef permalink
    28/10/2009 17:32

    Eduard tu fantástico relato y la genial réplica de Karen han dejado un listón imposible de saltar desde mi teclado. Chapeau ex aequo.

  3. 27/10/2009 5:37

    Apreciado Sr. LDA, es usted un Xtraordinario así a secas y sin sustantivo que valga. En mi país –léase donde vivo– le llamarían un montro, un caballo o un betia por igual, sin más distinción que la edad del aplaudidor. Viene bien, por donde quiera que se le mire ese perfumito floral entre tanta sangre, pólvora y formaldehido, para variar. Lo que yo quisiera es que algún día me explicara cómo fue que se las arregló usted para dirigir el Apache para una avanzada tan sumamente arriesgada, por Metaldom, sin que acabara irremediablemente en medio de una espectacular explosión dentro del túnel (ya que de haber ocurrido habría salido en primera plana y, además, eso sólo lo he visto en Misión Imposible III) y sin que chocara con los farallones que sostienen el Mirador. La literatura es un oficio muy misterioso. Me descubro ante usted, in deep awe….

  4. 26/10/2009 18:57

    Que maravilla!!, este hombre es único, de a dónde sacas tanto jajaja. Te felicito Eduard, batallas como esa no había visto jamás, que desventuras y que desenlaces.
    Y el jardin!!, ¿cómo es que fueron a ubicarlo si esta en una posición estratégica?..pocos hemos logrado llegar y que no nos descubran. Ahh y los dedos de Karen, Karenina ya te he dicho que debes escribir más, esos dedos necesitan soltar tanta energía que tienen guardada.. o no te lo he dicho?… bueno, ahora te lo digo, ¡a escribir altiro!

    Un abrazo lleno de flores para ambos, a una por se la dueña de tal lugar y al otro por tener esa imaginación privilegiada. 🙂

  5. 26/10/2009 16:51

    Expone Saramago en La Caverna que las gemas de los dedos tienen cerebro, que trabajan de forma independiente y libre una vez adiestradas. Lo habrás sentido en alguna ocasión ante el teclado, cuando dichos dígitos avanzan más deprisa que las propias ideas. Evidentemente no puedo recordar en qué página ni en qué circunstancias, pues mis libros descansan plácidamente en sus estanterías y no les gusta ser despertados por minucias, al menos que sea para ser releídos de Pe a Pa.
    Tu réplica supera con creces cualquier informe que le llegara al General, salvando a la población civil de un posible desastre y a los militares que participaron en la misión de Baker.

    Que extraña escena describes y qué extraños prisioneros. Son iguales a nosotros. ( PLATÓN, Republica, Libro VII )

    El Capitán Tan y la Banda del Sargento Pimienta.

    PD Extraordinario comentario. Extraordinaria comentarista.

  6. 26/10/2009 15:58

    Eduard, luego de unos ocho o nueve intentos fallidos de un comentario que esté a la altura del post, me declaré incompetente y decidí por tanto abandonar (responsablemente) mi propia responsabilidad y asignársela (arbitrariamente) a mis dedos, quienes en contubernio con el teclado son los que ahora te escribirán.

    Mucho se ha escrito sobre las propiedades mágicas y curativas del Jardín de Karen —escribieron obedientemente los dedos para comenzar. Sin embargo, a nadie jamás se le ocurrió pensar que sus efectos podían llegar a tal extremo. Excepto a la jardinera. En lo más recóndito, Karen siempre lo supo. No obstante, nadie llegó a enterarse nunca de que ella no sólo era plenamente consciente de este poder, sino que el Jardín había sido creado desde el comienzo con un propósito que iba precisamente en esa dirección, aunque cuyos alcances últimos nos reservamos, hasta que haya llegado el momento de ser revelados.

    Los seis dedos continuaron su misión, sin tregua…. El asombro de Karen al recibir el informe pormenorizado sobre las circunstancias que rodearon el insólito descubrimiento de su ubicación, es poco menos que indescriptible. Sabía, sin ningún género de duda, que no había traición involucrada, pero aún así pasaron unos cuarenta minutos antes de que sus mecanismos de seguridad hubieran dado con el responsable de la filtración de las coordenadas del Jardín y sus motivaciones.

    Luego de dos horas de conversaciones tripartitas y negociaciones multilaterales, un plan de contingencia se hallaba claramente delineado en la mente de la jardinera. Al inicio, visiblemente incómodos y al término, con una sonrisa de oreja a oreja, Baker y dos de sus hombres participaron en el improvisado encuentro, más por la amable invitación del Oficial de Relaciones Públicas del Jardín que por las órdenes expresas del estrellado General Jackson, a través de un tembloroso Comandante Wilson quien nunca supo si su transmisión había sido recibida. Jackson no sólo era un viejo zorro de guerra, sino todo un caballero chapado a la antigua —esto sólo lo sabían su aide-de-camp, su amante y su mujer—, de modo que también tenía un entrenamiento considerable, que le permitía moverse a sus anchas en las aguas en que se había visto arrastrado. Así, pudo predecir, al menos hasta cierto nivel, el rumbo que tomarían los acontecimientos y dio la orden con la certeza absoluta de que alcanzaría su objetivo, mientras esperaba ganar algo de tiempo para llevar a cabo el siguiente objetivo estratégico.

    Finalizado el cónclave, los soldados volvieron a sus puestos en formación impecable y los civiles abandonaron el domo, con rumbo e instrucciones desconocidas por quienes escriben…..

    Los dedos se han detenido. Sólo me queda, entonces, hacerte una breve reverencia, dedicarte mi mejor sonrisa, con el grado preciso de discreción que mandan las circunstancias y retirarme, no sin antes colocar sobre tu fatigada cabeza la corona de laureles y rosas blancas que he tejido para ti.

  7. 25/10/2009 22:16

    Ummm, puedo decirte que prefiero tus relatos de perdedores? Es que no soy mucho de historias bélicas. El Shangri-La botánico es cuando menos original.
    Saludos

  8. 25/10/2009 21:12

    El desenlace del relato que parece ser el del apocalipsis..now, es muy sorprendente y bonito. La guerra termina en un jardín cultivado por una mujer. El jardín del edén sin manzana ni pecado y sin un solo cadáver!
    Peace and love
    PS: me gusta el oleo surrealista.

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