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Polvo y Sangre

28/10/2009

limpiabotasnuevayork1896Taringa.net

A lo largo de la calle había un notable número de limpiabotas de corta edad arrodillados ante los banquillos de madera, con las cajas de latón revestidas de recortes de prensa, fotografías roídas, cromos de béisbol y estampas religiosas, en su interior las cremas y el betún en metálicas cajitas redondas, paños, cepillos, tabaco, fósforos y la prensa con el resultado de las apuestas entre las páginas centrales.

Bobby Junior cubría la esquina con aire distraído, dando el agua a golpe de silbido por la posible aparición de sabuesos. De súbito la esquina cambió de nombre. Bobby fue, con un sutil empujón, reemplazado por un fornido tipo con sombrero de fieltro que simulaba leer el periódico.

Hola Horance. Cuánto tiempo.

Buenos días Sr. Hooker. ¿Un limpiado especial? Tengo una crema india que deja los zapatos como un espejo.

Un silencio repentino recorrió la fila, los limpias dejaron a sus clientes en vilo atenazados por el miedo que les producía la presencia de Míster Hooker. Cuando Hooker bajaba hasta la calle de los limpiabotas, no demoraba en mezclarse la sangre con el polvo.

¿Cómo van las cosas por aquí? Dime algo que me alegre el día Horance.

La proliferación de la profesión era a razón de la suciedad del trafico de las calles sin asfaltar, el polvo que cubría un zapato reluciente minutos antes, en el cual podían reflejarse los edificios de la Avenida Larson, no tardaba en ser velado por el molesto polvo, que no era más que la misma suciedad en movimiento, la misma que revuelta entre el viento entraba por los pulmones, los ojos o las fosas nasales.

Los clientes apremiaron a los limpias con generosas propinas para borrarse raudos del mapa, las apuestas se disolvieron igual que el susodicho polvo de los zapatos al caminar. Tras ellos marcharon los chicos, quienes apresurados fueron abandonando sus puestos uno tras otro, oteando de soslayo al gorila de rostro circunspecto y condecorado con siniestras cicatrices.

Bueno Horance, pequeño cabrón, veo que no te dan miedo los “Business”. Defiendes tu territorio como un jodido matón. Mírate, de soplón a tener tu propio negocio.

Míster Hooker era un negro de Nueva Orleáns que vestía tal los italianos para quienes trabajaba en el Bronx, un caza-recompensas sin escrúpulos. Sostenía una cara ancha y gruesa encima de un cuerpo amorfo de metro setenta y más de cien kilos. Escoltado por una sombra homicida osaba compararse ante los más débiles como el rayo del Señor. Sin embargo, por muy pulcro que quisiera mostrarse, ostentando vastos medallones de oro y anillos con piedras preciosas, seguía siendo un endiablado asesino cruel e inmisericorde.

Dime Horance, ¿Dónde está?

En la ciudad la noticia de la fuga de un negro de la prisión corrió como la chispa en la mecha de un cartucho de pólvora. Hooker se ocupaba de cazar a sus propios hermanos. Horance, a la contra, solía simpatizar con los fugitivos. Era imposible que un negro evadido no contara con ayuda exterior para salir del Estado. Horance mantenía un destartalado establo amagado entre los recovecos del barrio.

Vas a ayudarme quieras o no. ¿No recuerdas quién soy Horance? ¡Mírame a los ojos cuando te hablo! Soy quien decide quien vive y quien muere.

Si yo supiera algo Míster Hooker, le juro por mi madre que yo se lo diría. Estoy a su servicio señor.

Hooker, sentado en la silla, se adelantó hacia adelante para golpear con el dorso de la mano el rostro del chico. Le partió el labio. Luego se incorporó y dijo:

Si me entero que ayudas a los negros, yo mismo te rajaré el cuello.

Al amanecer el Sargento Marcos y el Teniente Mortimer merodeaban la zona acordonada del crimen con un café en sendos vasos de plástico.

Bueno, se hizo justicia divina. Hooker jamás volverá a extorsionar a nadie más. Un negro menos a quien tener bajo vigilancia.

El cadáver yacía en medio de la calle con un agujero escarlata recubierto por las moscas que revoloteaban sobre los yertos ojos de cristal.

¿Qué ocurre? – Preguntó el Teniente al ver a su colega agacharse y observar fijamente el cuerpo.

Nunca había visto un fiambre con los zapatos tan lustrados. ¿Qué opinas?

Que antes de que llegue el juez los zapatos ya estarán cubiertos por el polvo.

jovenlimpia

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16 comentarios leave one →
  1. 04/11/2009 12:04

    Si los halagos volaran ahora estaría cruzando el Atlántico a vista de pájaro. La disección de relatos mal dosificada pueden provocar alucinaciones y delirios.
    Respecto a Jack, siempre preferí deambular con London, mucho mejor tipo y gran conversador.
    Leo nunca me dijo que tuviera hermanos.
    El comentario está “Fashionably late”
    Gracias por leerme tres veces, mereces un Trono.

  2. 04/11/2009 4:33

    Digamos que este comentario está “fashionably late”, si estás de acuerdo.

    He leído esta historia tres veces. La primera, la disfruté, como corresponde, como relato que es. La segunda, puse buena parte de mi atención en lo que ya te conté que es lo que más me gusta de tu escritura: el ritmo, la forma en que haces que las palabras caminen, corran, bailen o se sienten un ratito (corto) a descansar y, por supuesto, en la melodía….. me gustó más aún. La tercera, hace unos minutos, vine muy determinada a descubrir al menos una parte del secreto. Qué tienen las historias tuyas como ésta y cómo lo haces. Pero cuando comencé a escudriñar, apenas al inicio, comencé a sentir una horrible sensación de ser una especie de Jack el destripador, cuchillo en mano y mandil ensangrentado, por lo cual decidí olvidarme de tan inútil y dañina empresa y simplemente seguir atribuyéndole la magia a la vainilla. Así se siente tu historia muchísimo mejor. Y yo también. Me gustó mucho, pero muchísimo. Las fotos también. Si el limpiabotas de la segunda no es mi amigo Leo hace 3 o 4 años, se trata de su hermano gemelo.

  3. 01/11/2009 21:43

    Me ha encantado.

  4. 31/10/2009 15:58

    Anne, bueno, entonces no me lo digas (yo tampoco se lo diré a nadie, descuida). Gracias por la sonrisa en todo caso.

  5. 30/10/2009 21:33

    Tan sólo me paso para decirle que en breve vuelvo y me pongo al día con lo suyo, que veo que ha sido prolífico.

    ¿Cómo está de lo importante? Por lo que veo, mas sano que una manzana tellerdana, por lo menos de cabeza, porque no para…

  6. 30/10/2009 11:26

    Para M.
    Si supieras lo tímida que soy te daría un ataque…pero de risa!

  7. 29/10/2009 11:57

    Ejem… mil perdones al dueño de casa. Sobre los tangos: si el Noi puede cantar Cambalache (aunque no en “vuestra” lengua) con igual maestría y feeling que una zamba o un bolero, cualquier cosa es posible.

    Anne, estuve por tu blog y quedé fascinada. Sin embargo, sufrí uno de los ataques de timidez que me dan de vez en cuando, me sentí como si estuviera en la Maison Hermès de París o de la Quinta Avenida… y no me atreví a escribirte nada. Será la próxima.
    :- )

  8. 28/10/2009 20:52

    Eduard, no lo dudes, el genero negro es lo tuyo……con este toque tuyo tan humano reflejado en los detalles que lo dicen todo. El final es brillante.
    Un abrazo, maestro.

  9. 28/10/2009 19:13

    Buen relato entre el polvo y el betún que tiñe de negro el ambiente. Me gusta esta historia de personajes que ven reflejadas sus miserias en el brillo de unos zapatos recien lustrados.
    Gràcies per compartir-la.
    Salut

  10. 28/10/2009 18:15

    Señoras, señoras, ¿Pero qué ocurre? un poco de seriedad por favor, ya les advertí que llevarán cuidado con los licores catalanes, que al principio entran suaves pero luego, luego,… no me hago cargo si les da por cantar tangos en mi lengua. Que por otro lado sería la primera vez y tal vez un éxito comercial. Nunca se sabe con estas cosas.

  11. 28/10/2009 18:00

    Cierto. Gracias.

    Debí escribir “y me apropio” en la segunda línea, entre “recibo” y “del”. Por si acaso…. También, que la foto principal es una maravilla. Ay, esta impulsividad de apretar el botón antes de tiempo…!

  12. 28/10/2009 18:00

    Ayy pero que terrible, si me gano por tres minutos chrieseli, creo que me voy deprimida, yo estaba saltando en una patita pensando que era la primera que había entrado a tu casa, con razón encontré el plato de las galletas sólo con dos!!.

    Jaja, lo del pañuelo me ha dado risa.., y no es crítica, yo vengo acá a disfrutar no ha criticar. Saludines. MIlla!!, no me empujes… (siempre me esta empujando para quitarme las galletitas Eduard, no importa, todavía me quedan los dulcecitos de coco, lero lero… )

  13. 28/10/2009 17:44

    Ay Patricia, como me ha dolido que se me pasara por alto lo del pañuelo sobre el hombro. Esta noche dudaré, a resultas de mi vanidad literaria, entre suicidarme o quitarme la vida. No soporto estos errores tan evidentes. (Es broma; por la posibilidad que estallara una crisis de susceptibilidad virtual. Digo) Como las gracias se confunden a través de los textos, no puedo dar la acentuación adecuada al chiste (Malo, para variar).

    Que sepas que me siento sumamente halagado por tus cítricas críticas. Esa es la auténtica y verdadera realidad.

    Una montaña de gracias por leerme.
    “Aunque lo del pañuelo,…”

    M, lo de “tendre” es en mi lengua, ¿cierto? Por documentarme más que nada. Otra montaña de gracias por tu comentario:
    Sempre benvingut i millor rebut.

    Siempre a vuestro servicio. Sólo tenéis que silbar.

  14. 28/10/2009 17:21

    Excelente, maestro. Suavecita y fluida; negra y polvorienta. Buena combinación. Acuso recibo del precioso detalle final. Es usted Xtraordinariamente tendre, Sr.

  15. 28/10/2009 12:15

    Ayy pero si llegué primero, lero lero !!…

    Me gustó mucho este relato, me hizo recordar algunas buens películas de los cincuenta y recordar nuestra calle ahumada y N. York, ahí se apostan los lustradores, toda una institución. En las mañanas se les ve trabajando, los hombres con sus ternos impecables, en la mano el diario del día y el lustrabotas con su pañuelo negro sobre el hombro.

    El final, extraordinario.

    Un abrazo.

  16. chrieseli permalink
    28/10/2009 12:11

    Me conmovió la fotografía. Me quedé con gusto a poco en la historia. Excelentes sustratos para novelas negras, sin lugar a dudas.

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