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Memorias Rotas

02/11/2009

Memoria Rota

Un viaje, que siendo largo, prometía ser increíble. Una panorámica nueva de tierras y campos nunca antes contemplados. Para Andrés, quien jamás salió del valle, representaba la aventura de su vida. Había sido llamado a filas, a formar parte del Glorioso Ejército Español y defender, con su vida, el honor de su Patria.

El reemplazo de Abril. Desde los vapores de un brumoso amanecer, tras reducir la marcha y hacer sonar el silbato, a las doce horas el convoy se detuvo en la Estación de León. Un jeep de la II Guerra Mundial escoltaba a un par de autocares del ejército. Los soldados de la VM (Vigilancia Militar) ordenaron a los reclutas descender al andén. Luego, los distribuyeron en filas de a dos.

Un Cabo Primero de la VM lo agarró del brazo por sorpresa. – Tira para la fila. – Le empujó señalando el grupo junto al primer autocar. – ¡Yo voy al Ferrol! – Voceó en alto Andrés, ignorante de la disciplina militar. El suboficial se volvió con los ojos camuflados bajo la sombra del casco blanco y las manos enguantadas en el dorso del cinturón. Inclinándose preguntó: – ¿Qué dijiste bulto?Andrés repitió sus palabras rebuscando en sus bolsillos hasta dar con el documento con el membrete del Águila Imperial, arrugado y sucio. – ¿Ve lo que yo le decía Mi Sargento? Aquí lo pone. Ferrol.- Aseguró con una verborrea atolondrada.

El Primero trincó el documento con violencia. Después de ojeralo lo estrelló contra el pecho de Andrés. – ¿Eres tonto o qué, bulto? Vas al Ferral con aquellos. – Señaló al grupo de reclutas que, tiritando de frío, esperaba a que el autocar abriera las puertas. – ¿No te enseñaron a leer en el pueblo, paleto?

SoldadoVM copiaEn los autocares los reclutas, unos por temor, otros por ingenuos, otros si acaso, iban echando monedas y billetes al interior del casco blanco.

El soldado se detuvo a la altura de Andrés, esperó unos segundos e hizo una mueca de incredulidad. – Joder con el bulto. – En ese momento subió el Primero de marras y ordenó partir al conductor. El motor comenzó a temblar. Andrés grito con todas sus fuerzas: ¡Yo voy al Ferrol!

¡Carallo con el bulto! – Exclamó el Primero al reconocerlo desde el otro extremo.

Pasaron los años. Muchos. Andrés ya parecía no pertenecer a este mundo. De hecho, estaba en él a medias, pues el destino le dio un varapalo inesperado. Después de una sacrificada vida de trabajo, una enfermedad neurodegenerativa devoraba sus neuronas, despojándole de la única memoria que poseía. Tenía 52 años y un cruel diagnóstico: Alzheimer.

Una tarde de Octubre no necesito bajar a la calle, bastó la escalera. Le encontró la pareja del ático delante de su puerta. No logró expresar su congoja más que con un lío de palabras descosidas con lágrimas resbalando por las grietas rasgadas de una piel mustia. Por prudencia y bajo el efecto del susto, los familiares decidieron trasladarle hasta las Urgencias del Hospital de Sant Pau.

ATESEAllí, le cambiaron sus ropas por una bata abierta por detrás, desde la cual le asomaba el culo. Luego lo emplazaron a la camilla de uno de los boxes. El sistema se ejecutaba siguiendo el protocolo clínico. Una vez instalado Andrés, indicaron a los parientes a esperar en la sala.

Pronto obvió Andrés dónde y por qué. El entorno clínico alrededor lo turbó. El catéter adherido al brazo y un termómetro olvidado entre las sabanas. Sintió una soledad infinita en aquel pequeño habitáculo.

La llegada de ambulancias con los despedazados heridos de un accidente de tráfico acaparó la atención del equipo médico. Andrés se cruzó con los camilleros camino a la entrada de Urgencias. Pasó entre el grupo de curiosos y salió al bullicio de la calle. Caminando despacio dejó atrás al hospital. En bata y con el trasero al aire.

La patrulla lo localizó tres horas más tarde en el Arco del Triunfo. Tan metido en sí mismo, que hizo caso omiso a la fragorosa acción de sirena y luces.

Viejo Cabrón. Voy a tener que bajar. – Dijo el agente que no conducía. – Será un anciano perdido. – Apuntó el novato. – Vaya con cuidado, no le provoque un infarto.

¡Eh! – El policía se acercó con pasos chulescos. – ¿Adónde va usted, caballero? – Le preguntó situándose delante e interfiriéndole el paso. Andrés se detuvo.

El agente lo repasó con la vista, enseguida distinguió la bata, deduciendo que habría huido de algún geriátrico u hospital. Lo invitó a seguirle hasta el coche. Lo encajó detrás y le echó una manta sucia.

¿Cómo se llama? ¿Dónde vive usted? – Le preguntó en un tono elevado.

Andrés miró al policía advertido por una curiosidad extraña.

Déjame a mí. – Pidió el conductor, joven y opuesto a los métodos del veterano. – Señor, escuche. Sus hijos estarán preocupados si no saben dónde está usted. ¿Sabe algún número de teléfono?

El pobre Andrés sonrió con pena mientras se frotaba el lado izquierdo del cuello.

Abuelo, mírame aquí – Dijo el otro llevándose dos dedos hasta cada uno de los ojos – ¿Qué hospital? ¿Sant Pau, el Clínico, La Cruz Roja? ¿Por dónde llegó?Así no dirá nada. – Manifestó el conductor. – Tendremos que informar a la Central y que contacten con Asistencia Social.

Viene del Hospital Clínico.

¿Cómo?… ¿Y por qué?

Por la inclinación de las calles y la iluminación, joder.

Sale del hospital y no va hacia el norte porque el suelo hace subida. Inducido por la pendiente, se deja llevar por su propio peso. – Hizo una pausa y sentenció – Por pura inercia colega.

Informaré a la central – Dijo el compañero. La mano sobre el auricular de la radio.

Espera. Te lo demostraré. – Se giró alzando la voz. – ¡Abuelo!, ¿Conoce el Clínico?

Claro se acordaba del Clínico. Existía una estación de metro con el mismo nombre.

Si. Lo conozco. – Los agentes se miraron perplejos.

El conductor, lo observó a través del espejo retrovisor. – ¿Ves? Se escapó del Clínico.

Eso no prueba nada.

El viejo no sabe dónde está. Pero recuerda el hospital.

A punto de arrancar, justo en el segundo que Andrés habló, la llave, entre los dedos, no llegó a realizar el giro completo.

Sant Pau. – Dijo.

Manda carallo. – Exclamó el veterano sacudiendo la cabeza.

En un viaje virtual, la memoria rota de Andrés recuperó el perfil del policía, encajado bajo un casco blanco con letras negras impresas VM.

Por culpa de aquel Primero llegó con dos días de retraso al Ferrol. Porque el suboficial de la VM, enorme, tozudo, y paleto como pocos, se emperró en llevarle la contraria.

Sant Pau. – Repitió.

Urgencias. Hospital Clinico.” El coche patrulla estacionó entre ambulancias, taxis y demás vehículos de emergencias.

Ya estamos aquí. – Anunció el joven agente, resignado y poco convencido, dando el último volantazo tras cruzar la barrera de control. – ¡Yo voy al Ferrol! – Declaró Andrés claro y fuerte.

El policía veterano se giró con los ojos como platos de sopa fría y la boca abierta a la imbecilidad.

Manda Carallo. Sí es el bulto.

Trecera Edad

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7 comentarios leave one →
  1. JChef permalink
    10/11/2009 22:16

    Cuidado amig@s, quien ha comentado no es M. Es WordPress.com, que nos ha mandado un espía. No soltéis prenda.

  2. 10/11/2009 18:03

    Cada vez que vengo, en cada historia que leo últimamente, aparecen las referencias más extravagantes sobre esta magnífica entrada. Que si desapareció, que si la plagió el fantasma de Pemán, que si te vas a rasgar las vestiduras, que si se olvidó…. la verdad es que creo que nunca me había sentido tan fuera de realidad en tu blog. Ni en el tiempo en que tenías el avatar de Mad. No entiendo nada. Tampoco sé lo que me perdí así que es inútil buscarlo…. ¿Serías, como siempre, tan amable de desasnarme?

  3. 08/11/2009 10:32

    Celebro y agradezco mucho vuestra aportación al post, pues aunque no es un estilo habitual del Blog, creí que el relato alzaría más voces sobre el Alzheimer, a resultas de haberse convertido en una enfermedad común de la tercera edad, causante de sufrimientos en primera persona y colaterales, puesto que un ser humano con la memoria rota naufragando requiere los servicios de familiares, cuando no de profesionales o lazarillos.
    Quizá sería mejor responsabilizar al misterio de las nuevas entradas que desaparecieron al poco de haber sido colgadas, justificar de este modo el desinterés por la causa. Olvidar, ahora que todavía podemos permitirnos este lujo. Convencerse que el relato no vale ni un mísero comentario y que a pesar de los misterios por resolver en la sección de Relatos, ello ha sido el motivo principal de su fracaso literario.

    Link:
    Memorias Rotas

  4. JChef permalink
    08/11/2009 10:19

    Excelente y desconcertante forma de abordar una enfermedad tan dura, y más para los familiares, como el Alzheimer. Por suerte, “sólo” me ha tocado sufrirla tangencialmente y con manifestaciones leves, pero aún así había veces que se me partía el corazón.

    Saludos por partida triple.

    P.S: Irónico que wordpress.com olvide tú relato. Pero es cierto, yo también he comprobado que los post aparecen y desaparecen sin explicación. En fin, servidumbres de publicar en .com y no con .org.

  5. 03/11/2009 11:33

    Siempre tan sensible con los temas sociales, siempre leyendo entre lineas la realidad. Tan suspicaz e inteligente. Eres una fiesta intercultural para el verbo universal.
    Gracias por avisarme sobre la sección de los Relatos de WP; si bien, te confesaré algo, apenas la miro. Si mantengo el grupo de gente que participa de algún modo por aquí, a mi ya me está bien. Lo hice al principio, yendo de inexperto total al aventurarme en ésto de las bitácoras, lógicamente investigando y metiendo la nariz en otros blogs hasta encontrar los que me gustaran y relacionaran con mis inquietudes artísticas.
    De todos modos, ya sabes que por aquí eres eternamente bienvenida, junto a tus opiniones y sabios consejos.

    Mijail Gorbachov

  6. 02/11/2009 22:47

    Me ha encantado como has mezclado pasado y presente en una memoria rota por el alzheimer y como un error del pasado repetido, de cierto modo, en el presente le hace recobrar al pobre bulto,¿quien no se ha sentido así alguna vez?, una memoria muy puntual. Memoria de lugares poco idílicos a pesar de sus nombres.
    He conocido gente aquejada por esta enfermedad y es una pena porque siempre recuerdan hechos traumáticos.
    Un abrazo. Por cierto WordPress presenta unos signos neurodegenerativos de lo más preocupantes! He visto tu texto en la sección de Relatos antes de cenar y al ir a leerlo una hora más tarde, ya no estaba y me consta que pasa a menudo. Bueno, pensándolo bien, cabe la posibilidad de la que pierda la olla sea yo y no WordPress!

  7. chrieseli permalink
    02/11/2009 14:23

    Me he perdido en la pérdida de la memoria. ¿Será como lo enuncias? Ir aferrándose a lo que va quedando, aunque no tenga ton ni son. ¿Podrás ser?

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