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La Rubia Platino de Blanca Palidez

04/11/2009

RubiaFatal

Sentada en la silla con las piernas extendidas parecía la sirena de cualquier monumento romano. Si bien, el pelo dorado y sedoso en contraste con el rojo del carmín, el perfil negro de los ojos y la blanca palidez la regresaban a la penumbra de mi despacho de detective.

La tarde caía y en el negocio no andaban las cosas como para escatimar los últimos rayos de sol que atravesaban las persianas. Teresa se encargó de encender las lámparas que aún iluminaban. De inmediato, una coreografía de sombras pintó las cuatro paredes con siluetas dilatadas.

¿Qué quería una dama de la zona alta de un detective como yo? El eterno argumento de una novela policíaca de bolsillo.

En la mesa me quedaba un teléfono, una vieja máquina de escribir y un cenicero de cristal, los últimos recuerdos de mi viaje de novios a París. Un cigarrillo manchado de pintura de labios se consumía en el cenicero, elevando un hilo de humo que partía en dos el rostro de la mujer.

– Decía usted que a través de un amigo de su marido que tiene un primo que vive en Chile, ha dado conmigo, pues dicho caballero le aportó sus mejores recomendaciones a razón de mi discreción profesional.

– Disculpe. Me dijo que era usted francesa. ¿Sabe que hice un viaje a París con mi esposa? El viaje de novios. Maravilloso país. Buenos vinos, buenos quesos.

La dama aplastó el cigarrillo contra el centro del cenicero, con la rabia de quien no consigue dejar el tabaco. Para a continuación encender otro.

– ¿Quiere una copa? La relajará. Hágame caso.

Llené los dos vasos que guardaba en el cajón para celebraciones y bautizos.

Roto el hielo, me atreví a mirarla desde una postura que aprendí en una película. El bueno doblaba sólo una pierna y abría los brazos para mostrar su torso, luego hablaba con voz pausada y grave.

Antes de abrir la boca me ofrecí un pequeño homenaje con dos copas más.

– Deduzco que si me ha encontrado a mí es porque antes no ha encontrado a ningún detective más desastroso y desgraciado. ¿Me equivoco? Usted, tan seductora, proponiéndome convertirse en mi pijama de saliva durante las noches de verano, como señuelo de algún mafioso que querrá ajustar cuentas con algún primo lejano. Tan fácil como repugnante liar al tonto al cual plantarán como sospechoso en el lugar que vayan a cometer el crimen.  Un plan perfecto, ya un poco gastado, si quiere mi opinión.

– Disculpe, dijo usted que se llamaba Anne. Anne qué más. Claro, mejor sin nombres. Aunque ustedes ya conocen el mío. Tampoco esto significa que esté interesado en el asunto. ¿Sabe? Esto huele mal desde el principio.

La mujer dejó el vaso en el filo de la mesa. Enseguida descubrí que lo hacía para ponerme nervioso. Eran dos vasos idénticos, empleados exclusivamente para reuniones muy especiales. Cruzó las piernas y la mesa soportó un leve golpecito con la punta del zapato rojo de tacón alto, el suficiente para provocar un diminuto temblor y un desequilibrio leve del vaso.

– No estoy interesado en sus asuntos Señorita, por muy loables que sean si no entendí mal – Quise hacerme el listillo – ¿Es su marido? No me importa, tiene razón. ¿Su jefe? Es por simple curiosidad – ¿Una amante?

La mujer rubia platino apoyó el bolso de piel negra justo al lado del vaso, metió las manos enguantadas con cuero blanco y sacó un talonario de cheques, devolvió el bolso al suelo y se mostró dispuesta a firmar cuántos ceros imaginara mi parte derecha de la mente, la cual seguía preocupada por la estabilidad del vaso.

– ¿Cuánto? Sólo tiene que pedir una cantidad. – Propuso con acento galo.

– No caeré en su trampa. Y lo siento porque es usted realmente guapa. Hubiéramos podido ser buenos amigos, créame, soy muy bueno.

– Pronunciar una cifra. 300.000, 400.000, ¿500.000?

Ni decir cabe que el número me causó ligeros mareos y una turbación pasajera.

– ¿Qué hay que hacer?

– Eliminar a un pájaro.

– Estoy escribiendo mi final.

– ¿Perdón?

Cigarrillo tras cigarrillo fue entrando en detalles. No se trataba de su marido sino de su amante, una muchacha de barrio bajo que sueña altos vuelos. El marido era un famoso fiscal en el punto más álgido de su carrera. La amante podría interferir en los planes de mejora social. Anne tomó otro trago, dejando el vaso sucio de carmín de nuevo en el borde de la mesa.

De hecho el plan era más maquiavélico, matar a la becaria resultaba arriesgado,  y apetitoso para un inspector del Departamento de Justicia. Habían decidido intimidarla a través de los sentimientos, asesinando a un padre que hacía años no veía, un policía corrupto, alcohólico y jugador. Eso sería el justo impacto que necesitaban.

Con los ojos habituados a la penumbra, ya pude contemplar los rasgos más acentuados.

Advertí la forma de examinarme de la mujer, una mirada fría y calculadora que no me agradó en absoluto.

– ¿Nos conocemos?

Ella simuló despertar de una ensoñación.

– No creo. Seguro que usted se acordaría, ¿Verdad? – Continuó.

– ¿Por qué dice usted eso? – Pregunté intrigado. – ¿Su fuente de información?

– Era policía antes, ¿No es cierto? ¿Le incomoda hablar del tema?

En una décima de segundo, la bella francesa dejó de gustarme.

– Le despidieron por apostar y beber, su mujer le pidió el divorcio, pero antes de dárselo murió en un trágico accidente. Que providencial. Tuvieron una hija ¿Verdad Teniente Mortimer? – Soltó mientras ojeaba un menudo reloj de oro.

– Es una puta al servicio de su amo. ¿Quién la envía? ¿El Diablo?

– No va equivocado Teniente. No señor.

En aquel instante la mujer se apartó unos pasos mirando hacia la ventana a contraluz, sin embargo sonó el teléfono y me agaché para coger el auricular. La bala pasó rozando mi espalda y terminó hiriendo de muerte a Anne. Teresa apareció para desmayarse con elegancia, el dorso de la mano derecha sobre la frente, la otra mano sujetando una silla y el desvanecimiento con las piernas juntas. Salvé el vaso en el momento de su caída, a un palmo del suelo.

– ¿Papá?

Se oyó a través del auricular.

calibre38

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11 comentarios leave one →
  1. JChef permalink
    08/11/2009 10:49

    Oh la là!! No sólo porque, como ya han dicho, condensa toda los ingredientes de la novela negra americana sino que la descripción física de la protagonista, unida a la fantástica ilustación, me ha hecho recordar a una antigua relación…

  2. 06/11/2009 1:19

    PS: El soudtrack, el de Carlitos, le da un toque exótico.

  3. 05/11/2009 19:48

    Ouf, Eduard, ya he terminado el relato del crimen! Cuando te apetezca ya esta colgado….y no te enfades por ser el asesino! Le pega como un guante al Eduard….escritor.
    Una colega.

  4. chrieseli permalink
    05/11/2009 18:26

    Yo ya subí el mío y nadie ha dicho ni media palabra. Renuncio a los triángulos triangulados. Mi madre siempre me lo dijo. 🙂

  5. 05/11/2009 17:02

    Tómatelo con calma babe, mientras yo me quedaré el aprecio como adelanto del trato.
    ScarFace

  6. 05/11/2009 16:31

    Eduard, perdona la tardanza en escribir el relato del crimen, pero estoy bloqueada y no me sale! Pero me va a salir aunque sea un churro! Lo malo es que querría corresponderte y hacer un relato que esté a la altura del tuyo. Lo sigo intentando. De todos modos sea lo que sea,mi aprecio irá incluido.

  7. 05/11/2009 14:17

    Fabuloso, que vivan tus heroínas (es decir tus héroes femeninas…) buenas retratadas y malas pretendidas. Celestiales, infernales y terrenales, obvias y misteriosas, nunca aburridas. El toque final del desmayo tan… ¿kitsch? es delicioso y tus niños… tus omnipresentes mocosos… Una obra maestra, maestro.

    Impresionante retrato de Anne.

  8. chrieseli permalink
    05/11/2009 13:16

    Wow. Muy bien lograda la tensión. Concuerdo con Anne en la reminiscencia del cine americano. Agil y muy pero muy dinámico. Con personajes clásicos que respiran vivitos y coleando. Maestro. Nada más que agregar. Ahh, sólo sed benevolente con el mío, os lo ruego. 🙂
    Cariños,

  9. 04/11/2009 22:23

    Joer que bueno…ya echaba yo de menos estos relatos tan suyos. Y la ilustración… te cagas.

  10. 04/11/2009 20:57

    Un buen relato con todos los ingredientes. Siempre aprendo algo de un maestro.
    saludos

  11. 04/11/2009 19:27

    Un relato negro al más puro estilo americano, lleno de chispa. Muchas gracias por dedicármelo. Has acertado en todo en la descripción física y moral, de hecho al leerte me estaba viendo reflejada! A parte de esto, tu imaginación desbordante me da mucha envidia y no sé si muy sana! Mientras le estoy dando vueltas a la cabeza a ver que crimen me puedo inventar, vienes tú con uno totalmente finiquitado. La vida es injusta, siempre lo supe.
    El diablo se viste de Prada y por si no lo sabías, nunca muere.
    Te mando muchos besos desde el infierno donde se esta muy a gustito.

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