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El Fantasma de mi Marido

13/12/2009

Estás muy guapa esta noche. ¿Vas a salir? Al final te has decidido, ¿Verdad? ¿Y quién será el afortunado? ¿El compañero del café? No, el hermano de Lucía, ¿No es cierto? Si, es más atractivo, y aunque aún no lo sepas, un prepotente. Te iría mejor con Carlos, más manejable e ingenuo.

El reflejo del espejo reproducía la imagen de Dolores delineando los ojos con rimel negro. Su estilista, el fígaro gay que tomaba el café con espuma, siempre la recomendó contrastes extremos para lucir el color de sus ojos híbridos de verde y gris hojarasca. Esta tarde ella pasó por la peluquería y él, versado en amores, la descubrió a los pocos minutos. Incoherentemente la aconsejó mal desde su vena promiscua, lo cual no era más que el deseo reprimido de su alma, pues el asesor del querer vivía con su media naranja del mismo sexo desde hacía 20 años, sin un solo desliz ni infidelidad.

La sesión implicaría cambios sustanciales en la decisión de Dolores. Los peluqueros son preceptores y confesores de las mujeres, es un hecho comprobado.

¿Te pintas los labios? Conmigo nunca te los pintaste a pesar de que te lo sugiriera en más de una ocasión. ¿Qué ocurre? Tienes los ojos vidriosos. ¿Qué es eso? ¿Una lágrima? Echarás a perder el maquillaje. Rápido, usa un clínex.

Los ojos de Dolores iluminaron el rostro de facciones angulares, adornadas con unos preciosos aros andaluces colgando de las orejas, entre mechas granas de una cabellera leonada caída sobre los hombros. Sentada en una silla y apoyada a una suerte de tocador, manipulaba frascos, pañuelos y cepillos.

Sus pensamientos iban por otros derroteros. ¿Tenía sentido continuar fingiendo? Se sentía sucia y agitada. Deseaba una relación sexual, pero se engañaba, puesto que su verdadero deseo era hablar sobre sus sentimientos. Tenía que haber declinado la invitación de Carlos. La llevaría a cenar, la exhortaría a beber y luego la seduciría hasta llevarla a su apartamento.

De golpe se dio cuenta de que no le apetecía acostarse con él. Quizá por miedo, quizá porque la confusión la ofuscaba, un cortocircuito en los sentimientos originó que un cajón de la memoria cayera, como por accidente, a través de un recoveco de la mente.

Un recuerdo que la mordió en la conciencia, desando poder ser imparcial y lógica como… Rápido se sacudió el pensamiento. Evitaba en lo posible pensar en mi. A lo mejor, ahora que no estaba, reconociera los errores que enredaron nuestra vidas. Las sentencias y las amenazas, arrogantes y egoístas ambas.

Clavó la vista en el perfumado elenco de cremas y esmaltes, probando reprimir su ira y aclarar sus ideas. A renglón seguido rechazó el carmín rosado del pintalabios.

Se inclinó ante el espejo para comprobar el volumen de los pechos que le modelaban el sujetador nuevo, dándose un leve meneo con las manos de violetas uñas postizas.

Pero, ¿A qué viene esto?

Dolores rompió a llorar.

A estas alturas. Justo cuando ibas a romper con el pasado. No puedes seguir, eh. Es por mi culpa, ¿Verdad? Como en vida. Que ironía, en el otro mundo también ahora es por mi culpa. No puedes seguir porque piensas en mi. Ja. No será porque te lo advertí pocas veces: No sabes lo qué tienes a tu lado. Sal, busca y compara. En el fondo me duele, como siempre me dolió verte sufrir. Sin embargo, no negaré que te lo mereces, esto y mucho más. Me asesinaste, me quitaste la vida y saliste impune del crimen, ¿Del crimen digo? A nadie se le ocurrió la posibilidad, les engañaste a todos. Tenías razón en que no eras tan tonta. El papel de inocente samaritana te abrió las puertas, no pocas veces usaste mis influencias para tu beneficio.

Los sollozos invadieron la intimidad del dormitorio mezclándose entre las penas y las sombras del anochecer. Dolores se sintió como un trémulo saco de carne y huesos escondido en el oscuro fondo de una cueva. Cerró los ojos y escondió el rostro entre las manos, poco a poco, masajeándose las sienes, contuvo las lágrimas y logró serenarse.

Después de la llorera se envalentonó, el orgullo desorientó sus necesidades y, por enésima ocasión, decidió actuar con la osadía que provoca la ausencia de sentido común. Quería un hombre y lo tendría; concluyó.

¿Y los niños? Ni te acordaste de ellos en tu empresa por eliminarme cuanto antes. Llora ahora, llora. Harás lo que te venga en gana, como hiciste siempre, pensando que las negativas eran trampas, las adversidades meras trabas en tu camino, culpando de tus deseos no realizados a diestro y siniestro. Pero eso ya no importa, porque tampoco pensaste en lo que sería de ti. Mírate, casada con tu sobria soledad. ¿Traerás a tu amigo a casa? ¿Se lo presentarás a los niños? Siempre dijiste que vivirías sola al llegar la hora, sin embargo no va a ser exactamente así, y no te va a importar; jamás cumpliste una promesa.

Vamos, ahora ve con él. Te espera una noche de pasión. Al fin y al cabo no hay nadie cercano con quien puedas desahogarte, total por probar.

Lo triste llegará de madrugada, cuando mi tacto se funda en sus manos, cuando la cabeza te dé vueltas y sientas desde mis ojos la vergüenza de tu cuerpo medio desnudo, cuando los niños pregunten por papá, cuando reflexiones sobre por qué lo hiciste. Cuando él, ebrio y excitado, te golpee y te viole a causa de tu repentina negativa cargada de arrepentimientos.

Pobre Dolores, querías un cambio radical. Me culpaste por tus pecados y ahora deberás cometerlos sin nadie a quien culpar. Dada tu personalidad rencorosa y tu carácter vengativo, no podrías sufrir peor castigo.

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10 comentarios leave one →
  1. 22/12/2009 10:16

    Culpa y conciencia. Obsesión y remordimiento. Implacables disecciones de la conducta, de lo cual veo estamos versados, que sabemos de lo que hablamos ya que somos reflejo de lo que leemos y comprendemos.
    En una medida u otra padecemos la lucha interior sobre el bien y el mal, a veces en contraposición a lo que decimos o hacemos. Lo más cierto es que todos llevamos a nuestro particular Pepito Grillo en la oreja, las voces en frecuencia sensorial que nos enfrentan contra uno mismo.

    ✔Jorobado de Notre Dame✓

  2. 21/12/2009 23:15

    En este relato, como en todos , es la conciencia quien narra.Podemos disfrazarla de primera persona, de tercera o, como en este caso, de segunda.El resultado es el mismo. Lo que nos ímpele a escribir es tener conciencia.Cuando la vestimos de primera persona la conciencia trata normalmente de justificarse.(De hecho estoy seguro de que Dolores así escribiría su punto de vista.) La Tercera persona trata de distanciarse y de comprender no sólo la conciencia propia sino la del otro.La conciencia en segunda persona siempre nos recrimina.El modesto usa la tercera, el prepotente, el seguro la primera y el arrepentido o el doliente nunca escapa de la segunda.
    Pobre Dolores, ya nunca será protagonista de su vida, lo será su atormentada conciencia.La conciencia siempre nos habla de tú.

    Excelente idea.Muy sugerente.Si la revisas alguna vez, alárgala un poco más.La conciencia nunca es parca en palabras.

    Bella sin alma

  3. 21/12/2009 17:40

    Bueno, lo lamento por ti si es que tenías alguna otra cosa planeada, pero el caso es que ella se suicida al final, con toda seguridad. Has delineado, inadvertidamente o no, el drama más popular de nuestra raza, la cosa exacta que origina tarde o temprano la demencia en una o más áreas de la vida: el ser responsables de un crimen de alguna clase y no encontrar a quién culpar de ello.
    🙂

  4. 16/12/2009 7:24

    JM Siempre son bienvenidas las críticas de parte de los amigos. Ni le quito ni le pongo razón, tal vez sea así como dice. Debería haber dejado la moralina para la imaginación del lector. Es lo que tiene escribir y no dejar madurar el texto.
    De aquí a un tiempo, lo volveré a coger y le daré unos retoques teniendo en cuenta su opinión.

    Tiene su moraleja que siendo un relato que castiga la crueldad de algunas mujeres sea un hombre quien tenga queja, aún siendo de sintaxis.

    Abrazo de Armando Bronca Segura

  5. 15/12/2009 21:42

    Le criticaré. Me gusta el punto de vista narrador, el enfoque, el comienzo y hasta la mitad. Ahí, decae hasta el final que no me parece estar a la altura del texto y las expectativas… no me cuadra con usted la moralina

    De todas formas, ya sabe que yo de esto… poco sé.

    PD: Pásese por Jalozadas que le gustará el que tiene ahora en pantalla

    Un abrazo de Sincero Tampo Coesquesepa

  6. 15/12/2009 16:16

    la venganza en forma de mala conciencia, quizás ella ya esta a un pasito de la locura

    salut

  7. 14/12/2009 19:50

    Que terrible mujer mimada. Está torcida.

  8. chrieseli permalink
    14/12/2009 13:45

    Insistiré hasta el infinito. La novela negra es lo tuyo. Con fantasmas incluidos para darle un mayor toque de misterio y la atención debida del lector. Ha quedado delineada la historia. Es de aquellas que tienen derecho a seguir.
    Un abrazo,

  9. 14/12/2009 6:45

    Vaya relato Eduard, duro e implacable con la ambición humana que lleva a realizar actos terribles. No por impunes dejan de ser menos merecedores de arrepentimiento.
    Me ha gustado el giro de los acontecimientos, desde el fantasma protector al cruel y vengativo juez.
    Salut i bon començament de setmana

  10. 13/12/2009 21:36

    Me gusta mucho la voz del narrador: un marido asesinado con total impunidad, buena ocurrencia! Por otro lado has retratado con mucho acierto el alma de algunas féminas entre las cuales me incluyo…por asesina entre otras cosas!

    Una criminal arrepentida. Bueno, a decir verdad solo un poco. A ver si la voz de mi difunto marido me va a tachar también de mentirosa!

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