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El Nuevo Orden del Crimen Organizado

16/12/2009

Estaban cobijados en una sala de reuniones del Palacio de Justicia de París, donde habían trasladado al Teniente Ángel Moro para prestar declaración. Todavía no disponían de una información clara de lo ocurrido. El mundo había caído en una espiral de infame violencia, una reacción pandémica había arrastrado a los ciudadanos de todos los países ha alzarse en armas contra sus gobiernos. Una revuelta mundial con una especie de consigna universal. Las consecuencias trascendieron dramáticas, los tanques salieron a las calles para combatir las manifestaciones; los ejércitos, las policías, los servicios secretos, los señores de la guerra, contra campesinos, niños, mujeres, ancianos, contra adolescentes armados con piedras. Los bandos apenas demoraron en confundirse en un caos de intereses y causas.

Denis Crow, jardinero de profesión además de inmigrante ilegal con identidad falsa y licenciado en ingeniería electrónica, prosiguió con el interrogatorio.

– ¿Y bien Teniente? ¿Por dónde íbamos?

¿Qué podíamos hacer nosotros? – Se defendió el militar – ¿Quedarnos quietos mientras veíamos el avance imparable de las grandes potencias, con sus dirigentes ciegos por amasar más dinero, con todos los medios a su merced?

– ¿Quiénes éramos nosotros? – Preguntó Crow, flanqueado por el grupo de mujeres y hombres armados, al parecer apresuradamente, reafirmado como cabeza pensante de una Resistencia local. – ¿Un grupo de activistas? ¿Una asociación clandestina? ¿Podría ser más explícito Teniente?

De súbito, en la sala todos se agacharon por instinto al unísono de las detonaciones. Sonaron ráfagas de disparos y una explosión fragmentó algunos cristales de las ventanas. Permanecieron en tenso silencio unos minutos. Una mujer con un mono de trabajo sucio de polvo y armada con un fusil de asalto asomó por la puerta de la sala. – Pueden seguir – Dijo antes de desaparecer como una dudosa alucinación.

El militar de la ONU, víctima de una crisis de ansiedad, pidió un vaso de agua que bebió derramando una buena parte. Miró a los presentes con la tristeza de un perro apaleado en los ojos y prosiguió con su perorata.

– Fueron millones de víctimas de la crisis financiera; la cual, a causa de la perversa codicia de sus líderes, iba a seguir extendiéndose como una monstruosa metástasis, mientras los ejecutivos de las multinacionales, dueñas de empresas exhortadas con premeditación y alevosía a la ruina, ganaban cantidades millonarias con sus contratos blindados. Inmunes a la justicia, en complicidad con los estados y directa cooperación con los bancos.

Teniente – Insistió Crow, en pie, apoyando las manos al respaldo de la silla – ¿Cómo establecieron contacto con otros países? ¿Quién dirigió la operación y desde dónde? ¿Quién es su mando inmediato? ¿Alguien de la ONU?

– Se suponía que debíamos detener el nuevo orden de crimen organizado, una mafia superior que cobraba protección a los pobres del mundo entero. Un crimen contra la humanidad. La metamorfosis moderna de la esclavitud. Un sistema que fue materializándose ante la pasividad de los políticos, quienes, más temprano que tarde, terminaban por caer en las redes de la corrupción, la cual nutrían con más y más poderes.

– Está como ido. – Dijo alguien desde la incertidumbre.

El Casco Azul de origen hondureño y nacionalidad española se hallaba, además de malherido, en un visible estado de shock. Afectado profundamente por los acontecimientos. Con toda probabilidad jamás esperó que sus acciones fueran a llegar tan lejos. A la sazón de la confusa verborrea del Teniente, el equipo de Denis Crow especuló con varias hipótesis.

La catedrática en derecho, una mujer belga de unos cincuenta años, hizo una exposición afín a las que realizara a sus alumnos.

– No son únicamente las guerras crímenes contra la humanidad, o los campos de concentración, los genocidios, las matanzas sectarias, las hambrunas inducidas o los éxodos masivos. Existe un crimen no tipificado en la justicia universal. La degradación como método represivo de la identidad es una tortura moderna igual de eficaz o tal vez peor que otras, puesto que desconocemos sus efectos secundarios a largo plazo. El crimen contra la humanidad es también el abuso por parte de los imperios financieros y económicos confabulados con los gobiernos corruptos de cada país.

El estudiante de medicina dio una cruda respuesta a la explicación mientras aplaudía con cínica y pausada gesticulación – Un crimen cometido contra millones de personas de todo el mundo. El resultado del sistema capitalista refundado por los mismos cabrones que han provocado esta situación de mierda, ignorantes de las consecuencias de sus actos mezquinos.

Otra detonación motivó apagones intermitentes de la luz junto a una copiosa lluvia de polvo y una sacudida a este flanco del edificio. Fuera, la masa enloquecida luchaba por alimentos, municiones, medicinas o combustible. París ardía por los cuatro costados, igual que el resto de ciudades europeas, americanas, africanas, etc. Se desencadenaban calamidades apocalípticas a lo largo y ancho del planeta. Los organismos oficiales habían sido arrasados por muchedumbres de víctimas de la pobreza y del maltrato psíquico.

– No calculamos las consecuencias – Balbuceó el Teniente entre gemidos.

– Señores – Capituló un obeso abogado mercantil mientras se removía fatigosamente en su silla – Estamos siendo testigos del final de una época.

¡El timo de todos los timos! – Apuntó Crow con los ojos inyectados de cólera.

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6 comentarios leave one →
  1. 22/12/2009 19:04

    todos los sistemas degeneran y entran en decadencia, hasta el momento este gran timo en el que vivimos ha sabido conjurar todos los conatos de revuelta, pero las vidas no son eternas, algún día…
    en cuanto al relato, me gustan esos personajes atravesados por una situación explosiva, con más tics nerviosos que relflexiones calmadas lo cual apela a una realidad que el mundo occidental parece haber olvidado (o que empieza a tener en cuenta más acá de los periodicos), y que se llama incertidumbre, algun día…

    salut

  2. chrieseli permalink
    18/12/2009 12:57

    “La degradación como método represivo de la identidad, es una tortura moderna igual de eficaz o tal vez peor que otras, puesto que desconocemos sus efectos secundarios a largo plazo” Esta frase a modo de columna vertebral de toda confabulación, justificación de rebelión, fundada y anquilosada en mi inconsciente de imágenes de cine, empezando por la Guerra de los Mundos, Matrix, Terminator 3 y el leit motiv de la serie Dark Angel. El fin de los tiempos, el comienzo de un nuevo orden. Humanos somos y sólo una buena revuelta nos hace apreciar lo que tenemos. Alguien dijo por ahi, no hay como una buena guerra para terminar de raíz una civilización. Sería algún romano tal vez?
    Tiemblo y no sé porqué cuando dices con música llegan más lejos los mensajes.
    Saludos desde el cono sur
    Agripina

  3. 17/12/2009 17:43

    Hace falta un cambio. Me pregunto si será necesaria una revolución armada y violenta para que se produzca, si seremos capaces de hacer revoluciones pacíficas o si nos auto-destruiremos/extinguiremos por no saber cambiar a tiempo.

  4. 17/12/2009 15:28

    Extraordinario y adecuado comentario. Con música llegan más lejos los mensajes.
    Gracias Anne.
    Salut et liberté, como bien dice la camarada arriba.

  5. 17/12/2009 14:13

    Hoy te dejo un comentario en forma de canción.
    Saludos camarada.

  6. 16/12/2009 13:39

    Tremendo relato que desgraciadamente podría ser factible. Salvando las distancias parace que se dan los mismos mecanismos que llevaron al pueblo al ataque de la monarquía y a la revolución francesa. Esperemos que si hay una nueva era deje de repetir los errores de siempre.
    Salut et liberté

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