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Máscaras más Carillas

28/12/2009

Harry Murray, médico reconvertido en agente comercial, tenía a su cargo el departamento de publicidad en una revista médica del grupo Deprisa. Con lo cual, todo el material relacionado con la divulgación de nuevas marcas de fármacos formaba parte de su principal labor mediática.

Como todo hijo de vecino, Harry tenía problemas de dinero.

Durante las pasadas Navidades, en un viaje de trabajo a Valencia, a razón de un tonto capricho del azar, Harry trabó amistad con una auxiliar de laboratorio. Lucia Merkel llevaba la administración de un laboratorio del Hospital de la ciudad. También ella atravesaba una mala racha, a punto de divorciarse de su pareja, un joven abogado vago, de codo empinado, buena cuna y distinguido apellido.

Tras una cena cortejada con un par de botellas de vino de aguja, la reacción causante de su efecto les arrastró a un hotel a desfogar sus tensiones. Ninguno de los dos planteó dilemas morales, a resultas la empatía brotó mutua y de forma natural. Después de consumar el amor como salvajes, entrados en ondas sensoriales de placentera paz, los cuerpos relajados y el sistema nervioso satisfecho, se adentraron en el laberíntico juego de los secretos de alcoba, confesiones e intimidades. Acontece cuando dos desconocidos se entienden sin la  necesidad de conocerse el uno al otro, confiados en un tácito trato sexual, dependiente de los efectos de la futura relación.

En el Hospital donde trabajaba Lucia se investigaba con el nuevo virus de la gripe H2 z. Hablando por hablar, fantasearon con las posibilidades de contagio, las consecuencias, las acciones inmediatas.

En referido contexto se fraguó el plan. Especulando sobre las acciones inmediatas de los ciudadanos, predispuestos a tragarse cualquier cuento de miedo. Lucia tenía acceso a documentación reservada y Harry el medio para hacerla pública.

Ella robó la información clínica en la que luego falsificarían las cifras. Harían correr circulares por los centros ambulatorios, donde nadie se cuestionaría quién las enviaba, avisando sobre la obligación del uso de la mascarilla. En las mismas se exhortaría a los sanitarios a transmitir el mensaje a la población.

Mientras Harry contactaría con las empresas textiles del país que pudieran fabricar grandes cantidades de mascarillas. En mente tenía patentar una marca con su nombre.

– ¡¡Eso es exagerado!! – Rió Lucía, retozando desnuda sobre las sábanas de satén plateado, separada de Harry por una bandeja con champagne, copas y bombones de licor – Pero si tu crees que puede salir bien. ¡Hagámoslo! – Capituló componiendo una perversa mirada junto a una seductora sonrisa.

Durante aquellos días navideños colmados de frenesí, saborearon lo que creyeron iba a cambiar sus vidas. Gastando el dinero destinado para la revista en múltiples lujos y variadas comodidades. Haciendo el amor como adolescentes desatados, lejos de sus atmósferas sociales. Confiriendo la situación como una segunda oportunidad brindada por el Señor Destino, quien arrepentido por sus anteriores pasados les recompensaría con unos inmejorables futuros.

En un mes, Harry tenía alquilada una gigantesca nave industrial rebosante de contenedores con mascarillas y una flota de transportistas a la espera. Mientras Lucía se encargaba de poner en circulación los panfletos, Harry lanzaría los titulares del contagio masivo. Amparado en la reputación de la publicación (En papel y de formato digital), divulgaría cifras y números con membretes del Colegio de Médicos. Lo que durará la confusión durante la edición sería suficiente para consumar el negocio. El público tendría las mascarillas a su alcance, en supermercados, farmacias, por teléfono, correo o Internet.

Cegado por su propio entusiasmo Harry le pidió a Lucía la prueba definitiva. Un cultivo celular del bicho para llevarlo a un laboratorio privado para escanearlo y fotografiarlo, posteriormente difundirlo. No le costó mucho a ella hacerse con una muestra en una pequeña probeta.

Celebraron la Noche de Navidad en un romántico restaurante griego, al regresar a la suite del hotel compartieron y ensalivaron sus pijamas. Pidieron el champagne más caro y bombones de licor, bebieron y comieron, rieron e intercambiaron fluidos corporales fusionados en un orgasmo continuo. Hechizados por la codicia y la pasión se acosaron devorándose por todos los rincones y de todas maneras. Detenidos en algún momento para coger aire y reponer energías, Harry aprovechó una de estas pausas para interesarse por el cultivo.

– Lo tengo aquí.

Lucía estiró el brazo hacia el bolso para sacar el tubo y exhibirlo como una piedra filosofal. Ambos sintieron la sangre hervir a pocos días de hacerse ricos. Sus cuerpos volvieron a entregarse anudando huesos y atándose piel con piel, revolcándose por la moqueta del suelo, por encima de los sofás de cuero, con  desvergonzado descaro ante los espejos.

Al amanecer dormían profundamente, con sus cuerpos yertos como los muertos, enredados entre sábanas, piernas y brazos. Ajenos al caótico desorden de la suite después del ardoroso clímax alcanzado horas antes, cuando en plena embestida brutal ambos olvidaron la existencia del cilíndrico recipiente amagado entre los pliegues destellantes de las sábanas, que se rompió liberando una sustanciosa cantidad de  virulenta actividad .

A las siete de la mañana los párpados inflamados de Lucía se intentaron abrir al sonar el servicio despertador por teléfono, sintió la cabeza a punto de estallar y entrevió a Harry de espaldas, sentado en el borde de la cama, echado hacia delante y con el rostro entre las manos ahuecadas.

No me encuentro bien. Creo que tengo fiebre. – Dijo él con una ronca afonía.

– Es la resaca cariño. – Respondió ella con una desdichada intención por animarle, pues de repente tuvo que salir a la carrera hacia el baño.

Harry intentó incorporarse para ir a darse una ducha cuando sintió nauseas y un desagradable mareo. Pensó que dormir media hora más no le vendría mal.

Tumbado de medio lado, babeando y febril, escuchó un golpe seco desde el baño.

Lucia – Llamó – ¡¿Estás bien?! – Sin lograr respuesta.

Lucia y Harry fueron ingresados de urgencias cuatro horas y media más tarde. Harry falleció de una severa insuficiencia respiratoria durante la Noche Vieja. A la semana siguiente, Lucia le siguió dejando atrás este valle de lágrimas, con similares síntomas y sin entender qué había ocurrido.

De la verdad que jamás vería la luz se encargarían los investigadores forenses del CESID. (Centro Nacional de Inteligencia)

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14 comentarios leave one →
  1. 07/01/2010 14:49

    Mire usted este relato me gusta más que los anteriores por el final “feliz” que tiene…

    Se confirma mi teoria de que tarde o temprano los malos acaban recibiendo su merecido.

    bye bye

  2. Perico permalink
    02/01/2010 21:31

    Estupenda idea sobre el imaginario social del Capitalismo del Desastre o Neo-liberalismo. Toda oportunidad es buena sea de la naturaleza que sea.
    Lo lamentable es que a la inmensa mayoría de los que pergeñan estas operaciones no se les rompe el tubo de ensayo en una cama.
    Un abrazo.

  3. 30/12/2009 1:04

    Evidentemente, celebro vuestro buen gusto con la mínima humildad posible. A ver si de referido modo aumento mi autoestima, la cual últimamente va dando tumbos entre dos mundos.

    Gracias por visitar mi ventana virtual.

    LoCoDaTaR

    Forte abraçada

  4. 29/12/2009 23:29

    cuando se abre la caja de pandora no hay vuelta atrás, y mientras sigamos atravesados por lo que Max Weber definió como “filosofía de la avaricia” los juegos con la dichosa cajita no cesarán y a saber en que clase de zombies nos convertiremos. Has relatado el “espiritu de nuestro tiempo”.

    Una abrçada i feliç any nou

  5. 29/12/2009 22:33

    Las grandes conspiraciones siempre nacen entre las sábanas…La susurran amantes, conspirando palabras de amor…o de negocios…

    Un saludo

  6. 29/12/2009 11:15

    Creo que el relato ha sido un detonante para los servicios secretos del CESID, pues hoy recibí un paquete vía postal de parte de APPLE con un lápiz mágico en su interior. Todo fue uno, abrirlo, esparcirse el gas y caer enfermo.
    Supongo que metí el dedo en la llaga de alguna historia sino idéntica, similar a la del cuento “imaginario“.
    Ahora me siento mal, con síntomas muy parecidos a los de los protagonistas y a los efectos secundarios de mi pequeño mocosito. Tanto besuqueo y abrazo navideño para terminar con la cabeza peor que el bombo de la lotería al final del día 22.

    Jim West

    Salud, libertad, dinero y amor (Que entonarían los Chichos)

  7. 28/12/2009 23:37

    Pobres amigos.Si al menos hubieran muerto en la cama del hotel y sin enterarse..Pero no, tu perfidia los llevó al hospital y a pasar sus últimos dias sintiendo el dolor del fracaso y del ridículo.

    ¿Se te pasó por la cabeza que la historia acabara bien para los protagonistas?

    Salud compañero.

    Marcus Welby

  8. 28/12/2009 23:16

    Querido E, es espeluznante tu relato por lo real que me resulta. Es el protocolo clásico para manejar cuestiones que afectan la salud, los bolsillos y la cordura de poblaciones enteras. Sé de casos similares que no fraguan virus, sino aprobación de proyectos que nadie necesita excepto las cuentas estratosféricas de moteles de paso de 5 estrellas y sábanas plateadas en un país equidistante de los protagonistas, expertos internacionales en algo… Por lo menos los tuyos terminaron bien… para los demás. Normalmente no ocurre así.

    Besos y abrazos, cansados pero cariñosos.

  9. 28/12/2009 18:54

    Al mal tiempo, buena cara. El que canta su mal espanta. Alumno en todo caso, aprendiz y curioso.

    La melancolía es la semilla de antes de la inspiración, así que iros preparando que espero buenos relatos y cuentos.

    Un abrazo cálido

    Sense distreure’s amb els núvols

    LocoDatar SL& Family.com

  10. 28/12/2009 17:22

    Vaya confabulación de dos mediocres aprendices. Deberían aprender de los grandes (laboratorios) antes de meterese en semejantes fregados.
    La avarica rompe el saco, el recipinte y el condón.
    Lo del grupo Deprisa me ha parecido un guiño a las fusiones aunque no sean de neutrones sin saldrán chispas.
    Buen relato Eduard.

  11. chrieseli permalink
    28/12/2009 16:03

    Hélo aquí, el Maestro, el único, grande y nuestro Eduard. Un saludo desde la ensopada parte del planeta donde se supone que ya debería ser verano y de una contadora de historias con más melancolía que de costumbre, por el clima, el recuerdo de la gripe porcina y los cafés con helado de vainilla y toneladas de crema.
    Un abrazo

  12. 28/12/2009 13:11

    Un clásico no muy original pero resultón. Te hacía de vacaciones terrenales, alejada de las redes, pero veo que no puedes controlar la decorosa adicción.

    La verdad, cuando vi que tenía un mail del blog, enseguida pensé en ti, ¿En quién si no? La mejor y más fiel comentarista de mi atmósfera literaria.

    Espero vaya todo bien, recargando pilas y ánimos para el futuro.

    PD el juego de palabras llegó justo cuando lo colgaba. Cosas de la inspiración. Con lo fácil que es.

    Cálido abrazo et baisers
    et bon cap d’any
    (Spitiquininglis)
    Soy el autor de este comentario

  13. 28/12/2009 13:01

    ¡Ay! se me olvidaba, muy gracioso el juego de palabras.

  14. 28/12/2009 12:40

    Una fábula muy actual sobre la codicia humana. Una versión contemporanea del cuento de la lechera, aderezado con buenas dosis de sexo. Divertido e instructivo.
    Una adicta a…digamos… internet, queda muy decoroso!

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