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Office 12345y6

13/01/2010

Office

Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis.

Suena el teléfono colocado junto al monitor, entre el lapicero con forma de frigorífico con un pingüino adosado en un lateral y la pila de informes por recoger. Un día más en el departamento de contabilidad donde Joe lleva trabajando los últimos tres años. Despachos separados por paredes de cartón satinado, caminos laberínticos que confinan en la oficina del Sr. Parker.

Hola cariño – Saluda la señora López, viuda desde hace once años y madre de Joe – ¿Cómo estás mi niño? ¿Preparando las invitaciones para tus compañeros de trabajo? No se cumplen 40 años todos los días ¿Ya comes bien? ¿Desayunaste antes de salir de casa? No olvides tomar las pastillas. Recuerda que el jueves tienes hora para el especialista. Bueno, no te distraigo más. Dale recuerdos a Julie y los niños. Adiós.

Colgar el auricular y quedarse absorto con los ojos entornados al vacío fue una acción mecánica. A renglón seguido miró el retrato de Julie con los pequeños delante. Hacía seis meses que no hablaba con ellos, doce que no los veía.

Gloria, la secretaria del Sr. Parker, apareció ante sus narices sin que Joe la oyera aproximarse. La preciosa sonrisa, cínica y sutil, iluminó su minúsculo espacio de trabajo. – Te dejo esto aquí – Sentenció recogiendo y dejando otra pila de documentos a supervisar. – Que tengas un buen día.

Joe no encontró valor para responder. Al cambio, mientras la veía alejarse, la nominó en silencio para la invitación número uno.

Eh, Joe. ¿Te imaginas echándole un polvo? – Las risas ahogadas de Henry Turner le producían una mutación amorfa en el rostro, cuyos carrillos se hinchaban encendidos de rojo brillante, motivando a su vez el rasgado de sus ojos, perdidos entre bolsas de carnes faciales.

Ahora mismo pensaba en ir al aseo a masturbarme con su imagen fresca en la memoria. – Respondió con una ironía que Henry era incapaz de apreciar. – El sábado por la tarde celebro mi cumpleaños. Estás invitado. ¿Vendrás?

Claro. ¿Podré llevar a Quique?Quique era el pekinés con quien compartía lecho y sus secretos homosexuales.

Dos.

El repartidor de correo, un estudiante de derecho demasiado nervioso para ejercer la carrera y demasiado rebelde para cualquier actividad no dirigida por un patrón autoritario. Ataviado con modas pasajeras, de talante arrogante y sobrio, pasaba la jornada sobre ruedas.

¿Qué pasa Joe? Tienes mala cara. ¿No cagaste hoy? – Tenía un repertorio de indecorosos comentarios que repartía entre el personal mientras hacía las entregas. De algún modo Joe lo envidiaba cuando lo contemplaba transportarse por la inercia del mismo carro que conducía entre pasillos de empleados anónimos, con su piercing en la ceja, en la aleta de la nariz, en el labio superior, el pantalón medio colgando con la intención enseñar al mundo entero la marca de sus calzoncillos.  – Espera – Le invitó. No tuvo ningún problema para aceptar.  Tres. Golpeó la fina pared que le separaba del compañero del box de delante, Carlos, un tipo aún más raro que él, tímido, callado y visiblemente neurótico. Entre titubeos y tartamudeos inconclusos asintió con la cabeza. Cuatro.

Alicia Cohen, la asesora creativa del director, una amante camuflada y envuelta de perfumes y ropas caras, la cual atravesaba por nuestro lado como ignorando la chusma humana.

Debería enviárselo en un sobre perfumado también; la curiosidad de gatita mala le podría, estaba seguro de ello. Cinco.

Y la sexta. La última le aportaba un sinfín de dudas, de respuestas a preguntas mil veces formuladas, lo exhortaba a volver a corregir la lista de los suplentes, de súbito a sufrir los dolores de cabeza, como rebotes de un balón de cuero dentro del cráneo, la violenta succión desde el interior de las órbitas oculares, en mitad de sus pensamientos. Y lo peor, el desinterés de sus semejantes por aquel mal despiadado.

Oteó por encima de la cordillera de cabezas cortadas asomando y amagando, centradas en sus quehaceres, en sus pensamientos particulares, sus odios, sus amores, sus hipócritas conductas, sus inexcusables comportamientos.

Nadie pareció notar nada cuando levantado sobre la silla de su puesto reclamó su atención.

La Fiesta de Cumpleaños se ha adelantado. – Gritó ante la indiferencia de sus compañeros de durante los últimos tres años. Regresando a una casa vacía, donde cenaba en compañía del televisor, medicándose para no perder los estribos y darle rienda suelta al libre albedrío que regía sus impulsos.

Entonces, con gestos nerviosos y torpes, emulando a un mal mago, hizo aparecer un revólver del 357 con munición expansiva, manipulada por él artesanálmente.

El rostro de Henry se ofreció como un globo suicida, pero pensó que no llegaría muy lejos con su sobrepeso, así que al ubicar al repartidor de correo, disparó con soltura y le voló la cabeza. No podía permitirse fallar ninguno de los disparos.

La detonación y la sangre salpicada en el techo promovió la histeria colectiva. Del despacho del Sr. Parker salieron, alertados, él mismo y la señorita Gloria, su secretaria personal, a la que el segundo proyectil le hizo un horrible orificio en la garganta, derribándola sobre los brazos de su director.

Una voz estremecida gimió desde abajo. – ¿Qué estás haciendo? – La cara asustada de Carlos le produjo repulsión y nauseas; como si no fuera evidente lo que hacía. Tiró a quemarropa. La carnicería había comenzado, no era momento para sentimentalismos.

Descubrir a Alicia a la carrera casi le produjo una erección, con una puntería implacable, oyó la bala silbar en espiral dirección a la sien que estalló como una tarta de fresas.

Con Henry, a pesar de la cercanía, fue más difícil, el muy imbécil se había encogido como una pelota de goma. Tuvo que introducir el cañón entre sus carnes fofas, buscando un punto vital. La bala de carga hueca se encargaría del resto.

La quinta ejecución le manchó de sangre la camisa blanca, la piel de la cara y los cristales de las gafas.

Quedaba la sexta y última bala. Entonces dio por finalizada la función. Había salido más o menos como lo había planeado. En unas horas su nombre sería noticia en el mundo entero. Los medios sacarían a la luz los vídeos del youtube donde anunció la masacre con antelación.

¡Quieto! ¡No te muevas de donde estás! – Oyó las palabras esperadas. De manera autónoma se llevó el cañón bajo la barbilla, con el revólver del revés inclinó levemente la culata hacia arriba y apretó el gatillo.

Murió antes de que el cerebro llegara a escuchar la detonación.

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16 comentarios leave one →
  1. 02/02/2010 18:40

    De acuerdo, pero sin obviar el radio de la circunferencia◴, cada vez más dilatada ◦, cada vez más grande ◯, con espacio para más adeptos.
    Los próximos zumbados se armarán con una ✠Block de 22 disparos, eso hará el círculo más grande ◯. Cuando no les dé por ataviarse como guerrilleros o terroristas, entonces llegará el ecuador de la violencia.
    No sé si hubiera sido mejor cerrar el círculo ya, ahora que me releo no sé hasta qué punto esto es racional o razonable.

    Me pasa en cuanto me olvido de tomar la medicación.

    Un abrazo. Siempre bienvenido J

  2. 02/02/2010 18:09

    No, no lo habrá.Si la sexta bala no hubiera sido disparada el mundo entero consideraría un fracaso las otras cinco.Los círculos se trazan para cerrarse.

  3. 31/01/2010 8:51

    Cierto, la sexta bala es la del salto a la fama, la fama que quiso obtener con la proeza sangrienta, pero deberá morir sin ver el resultado, los titulares o las razones para hacer lo que hizo.
    La pregunta del millón sería, en cuanto se salve el primero de estos asesinos de masa, ¿Se sucederán otros animados por el éxito de la nueva empresa donde gana el vengador? ¿Habrá efecto un dominó de aspirantes a asesinos de masa?
    En Japón seguro que si, pero ¿Y en el resto del mundo?

    La sexta es la mejor.

  4. 30/01/2010 23:14

    La sexta bala es el quid de la cuestión.Le permite un final redondo y frustrante para el mundo que continúa.Sin embargo, es frustrante para él no ser el primero en bajarse el vídeo de youtube y saborear la atención que ahora le prestaría el mundo en caso de seguir vivo.
    Final impactante y en cierta manera perdedor o final humillante pero con asiento en primera fila para el espectáculo con él mismo de protagonista.

    Todo en manos de la sexta bala.

  5. 18/01/2010 15:28

    El relato sobresaliente. El protagonista… no.
    Vaya por delante que es mi opinión.
    Saludos afectuosos de Jackie Ripps desde el Nuevo Londres Victoriano.

  6. 16/01/2010 21:48

    Me gusta tu relato porque se tiene muy bien psicologicamente. Describes detalladamente a Joe, sabemos que es un perdedor, frustrado, la llamada de la madre hyperprotectora está genial, al fín, tu personaje tiene profundidad y se entiende que se le salten los plomos, aunque afortunadamente la gente en parecidas circunstancias, se contiene. Menos mal!
    Abrazos

  7. 15/01/2010 11:52

    Es extrapolable al estudiante marginado que asesina a sus compañeros, al ejecutivo desvalorado, al trabajador desahuciado por la hipoteca y el banco, a la ama de casa frustrada, etc. Nada vinculante tienen entre ellos estos individuos, salvo la intención de matar para redimirse y vengar la indiferencia que imaginaron sufrir.
    ¿O No?
    La sexta bala es la cuestión. Debe suicidarse para no darle el gusto de juzgarlo a la sociedad que lo maltrató y de la cual por fin se vengó.
    Pero, realmente, al sentirse mejor que los demás. ¿El suicidio es cómo desea terminar la fiesta? ¿O acaso es porque no le quedan opciones y elige la más fácil?

  8. Perico permalink
    15/01/2010 9:36

    Desde la perspectiva psíquica este personaje no tiene que ver con el día de furia de M.Douglas. Ya viene con un plan elaborado diferente… en el caso de la película “se le interponen a un propósito final”.
    Es posible que ambos tengan en común la psicosis porque ambos lo planificaron de antemano. La diferencia está que en el caso de Joe, la carnicería en sí es la que será el “festejo” de sus cuarenta con la inclusión de su muerte… Y la publicidad.
    Es probable que matara porque se consideraba él un desgraciado, lo mismo que a todos sus compañeros/as de trabajo. Madre que mata a todos sus hijos y luego se suicida es la versión mas corriente.

  9. 15/01/2010 2:35

    todo punto de vista tiene su lógica interna y la incomodidad en la que nos sumerges al hacer comprensible a un asesino (no en vano todos los invitados al macabro cumpleaños tienen un punto de antipatia que los hace despreciables) es una virtud que en mi caso me lleva muchas veces a relflexionar sobre la ambiguedad moral, pero también en una serie de contradicciones inscritas en un sistema que dada su perversidad nos vuelve a todos perversos o en este caso en bombas potenciales,

    salut i força barça, i ara vaig a amagarme no siga que hem troves i hem delates a la CIA

  10. 14/01/2010 18:46

    Efectivamente. A esa película me refería. Así acabaré yo cualquier día por culpa del tráfico…jajaja.

    Un saludo

  11. 14/01/2010 9:49

    Michael Douglas en Un Día de Furia. Tremendo peliculón.

    Un abrazo

  12. 14/01/2010 8:32

    Me gusta.
    Hay veces, como mi trabajo se basa en conducir, que desespero con el tráfico. Entonces me acuerdo de esa película(no recuerdo el actor), en la cual el protagonista desespera en un atasco impresionante, se baja del coche y acaba a tiros con el personal, es una película antigua, pero de reparto conocido.
    Es algo similar a esta historia. Hay veces que estamos tan hartos que acabaríamos disparando a discrección. Lo que pasa es que no estamos tan locos…

    Un saludo

  13. 13/01/2010 17:44

    ✔ ¿Y si nos ocurriera a alguno de nosotros? Nunca sabemos con certeza con quien compartimos vidas, trabajo, ocio, los testigos y vecinos siempre terminan diciendo, si parecía un buen tipo, incapaz de matar a una mosca, nunca le oí discutir.

    El ƊḮẳƀℓỞ nos acecha tras cada esquina.

    ♡Salut megamaca♡

  14. 13/01/2010 16:45

    Detrás de algunos personajes se esconde un mundo a punto de explotar. Algunos recurren a la autodestrucción, lo que les da un cierto atractivo. Y otros borran con su furia cualquier signo de compasión y descargan la adrenalina matando hasta morir. Este es el caso y deja al lector hasta cierto punto a gusto.
    Salut

  15. 13/01/2010 15:04

    Que seductora liberación.
    Siempre he pensado que los actores de acción pueden, por unas horas, realizar ese sueño aunque sea de mentira. Inspirado en días que los vampiros humanos, capullos y gilipollas, convierten en malos y sea uno juez, abogado y verdugo para enderezar sus conductas.
    Por fortuna no puede extrapolarse a la realidad, sino imagina que tremendo desastre.⌧

    ♡Gracias por tus bien recibidas palabras.〄

    ⇪LoCoDaTaR⬇

  16. chrieseli permalink
    13/01/2010 14:28

    Qué vendetta, qué día de furia. ¿Cuántas veces hemos tenido la secreta intención de volarle los sesos a cuanta molesta criatura, que cae en la categoría de sujeto, que hacen nuestras vidas miserables y difíciles? La telefonista que te deja en espera, el empleado fiscal que le importa un cuerno tus problemas y un largo etc.
    Tensionante y liberador, incluso la detonación final.
    Un abrazo

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