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Podía haber sido peor

17/01/2010

◐ Histoy Men ◑

✔ Siempre puede ser peor. Concluyó tras pasarle cuentas a la penúltima copa. Podía haber sido peor. Su lema favorito conque aliviar las heridas mal cicatrizadas del pasado.

Me llamó pasada la medianoche para que nos reuniéramos, ni más ni menos, en una suite del Hotel Arc; mandó un taxi a buscarme al extrarradio. 250 del ala.

Mi espíritu desbordaba irresponsabilidad, pero mi castigado sistema nervioso tiene el vicio de propinarme una colleja en el hueso occipital del cráneo para recordarme, como un déspota dictador de maquinaria suiza, que no me junte con capullos si no quiero volver al trullo. Sin embargo, la consciencia olvidaba que en los tiempos que corren el compadre habría calculado mis humildes aspiraciones, persuadiéndome con sustancias más seductoras que las que me recetaba mi doctora de la unidad de Oncología.

Las Ramblas se iluminaban desde la terraza de la suite hasta perderse dirección al mar, hacía una temperatura agradable y el fenómeno primaveral había florecido perfumando árboles y balcones, desde la calle llegaban risas y voces llenas de vida.

A tu salud viejo. – Brindamos con un par de escoceses de Etiqueta Negra⚑. Tras el primer trago me miró fijo para a renglón seguido soltar una estrepitosa carcajada de efecto contagioso. Una costumbre arraigada a su ser en contrapartida a la adversidad.

Bueno. Ya me tienes aquí. ¿Sabes que eres el único con potestad para sacarme de mi casa de madrugada?

– Y de día. – Volvió a reír con los ojos cristalizados. – Toma, guárdate eso. – Dijo tendiendo una papelina con un par de gramos en su interior. – Del que mola eh, compadre, – entre risas – Tailandés, viejo. Como en los buenos tiempos.

Me había servido al llegar, lo primero que hice al descubrir la mesita del salón cuya superficie de vidrio oscuro reflejaba el lujoso aposento alrededor de unas delimitadas cordilleras blancas en el centro.

Efectivamente era mucho mejor que el pesado manto de la morfina con el cual me sobornaban en el hospital para endiñarme la quimioterapia.

César y yo fraguamos un nudo que nos unía desde que nos conocimos hacía más de treinta y cinco años.

Siete años después de nuestra despedida en Dublín nos veíamos en Barcelona, acomodados en modernas hamacas de diseño, tomando una copa a la luz de la luna sin cruzar una sola palabra. Saboreando el instante del reencuentro, de sabernos vivos, de conocernos como no nos conoció ni nuestra madre. Únicamente los que disfrutan del silencio en compañía pueden considerarse unidos por el lazo umbilical de la amistad.

– Bueno chico, ¿Qué te cuentas de nuevo? – Rompió el sugestivo mutismo transcurridos quince minutos.

Me operaron del hígado. Es una retorcida historia de despropósitos con consecuencias letales a corto plazo. No vale la pena comerse el coco.

Pero ahora, ¿Estás bien?

Joder. He venido, ¿No? Estoy aquí contigo. Chungo, pero resistiendo.

O sea, que podía haber sido peor.

Fundimos las risas en una estrepitosa carcajada, pura envidia de los dioses.

Podría. Pero ahora todo va bien. Estoy bien. De verdad.

Y Marta y los críos, ¿Cómo están?

Joder César, Tienes que ver a Isra, está más alto que tú. Y la niña, más lista y más guapa. Podemos comer juntos un día de estos. – Respondí con estéril soltura.

De pronto, su rostro, aquel páramo de surcos que, como el tronco podado de los árboles, le delataban la edad, se interpuso a mi capacidad cognitiva, y sólo logré deslumbrarme con el destello de sus ojos.

Llamé a Marta. – Soltó gruñendo con media sonrisa – Hablé con ella. Sé que te has dado el piro. Perdí tu móvil y la llamé a ella, fue por casualidad. Pero me lo contó todo. Las broncas, lo que pasó en el Hospital, lo de tu madre.

Aquel silencio donde siempre nos sentimos seguros se disgregó para transmutarse en un animal de pulioretano elástico y asestarme un aletazo en mitad de la cara.

Me dijo que vivías solo en una pensión de mala muerte. Porque lo preferías así, porque no querías ser ningún lastre para nadie. Que ya habías tragado demasiado con tu familia y los amigos. Que no salías a la calle, que no respondías llamadas. Muy mal rollo, ¿No? Te veo muy delgado y demacrado, viejo.

¡La jodiste! Después de tantos años, al final viniste para joderla. ¿Qué quieres? ¿Te manda ella? ¿Es eso? – Pensé en levantar el culo de la hamaca de vanguardia, sin embargo, en mi situación, aquella noche quizá fuera uno de los últimos recuerdos que me llevara  al otro mundo. Nunca antes se interpuso ninguna mujer entre nosotros. Además, éramos amigos, siempre lo fuimos, fundamos la amistad más pura y fiel entre un hombre con fortuna y otro sin ella. Hoy el destino nos intercambiaba los papeles. Increíble moraleja. Los pensamientos se me agolpaban advirtiéndome de cómo huía mi tiempo.

Del interior sonaba 𝄢 Zeppelin, la banda preferida de César.♪♬♪♬ Escalera hasta el Cielo.¶♬♩♫♫

No te lo tomes a la tremenda hombre. Podía haber sido peor.

¡¿Peor?! – Probé un silencio que el muy pragmático en sensibilidades emotivas fue incapaz de sostener, rompiéndolo con su risa de burlones timbres musicales – Lo peor es que me contagies, hijoputa. – Logré balbucear.

Así, una vez más, volvimos a regodearnos de las desdichas que nos hicieron fuertes, orgullosos por haber enderezado un retorcido y espinoso destino donde las pintaban bastos y descubrimos oros.

Secándome las lágrimas con el dorso de la mano, en un momento de hilaridad sostenida, pregunté: Este homenaje ¿Quién lo paga viejo?

Imposible, las risas ahogaban cualquier intento de entendimiento racional, sin embargo daban paso a una comunicación telepática, convergencia de ideales y deseos comunes.

Relajados y fatigados a resultas de la risa, reposando en los escalones de cerámica que descendían del salón a la terraza entre geranios y jazmines en flor, contemplamos el firmamento estrellado.

¿Cuánto necesitas?

No necesito más que me dejen en paz.

¿Yo también socio?

Claro que tu también. Quiero acabar con esto de una puta vez, detener a los hipócritas, protegerlos de si mismos. A fin de cuentas son mi familia. No quiero que los críos sean testigos de esta tragicomedia.

Cuando me operaron, al darme el alta, Isra me preguntó por qué no habían flores en la habitación. Que en las películas salían. No tuve flores, ni visitas, ni llamadas, César, ¿Qué quieres? Tu lo entiendes mejor que nadie.

Si. Lo entiendo. – El semblante se le ensombreció por primera vez aquella noche. – ¿Lo tienes decidido? – Preguntó con gravedad.

Si. Está decidido.

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15 comentarios leave one →
  1. 19/01/2010 18:39

    ✔ Ambos sabemos, por desventura, de sufrir y de ver sufrir, de silencios y de muertes. Sólo se trata de un humilde intento por ponerles cara a estos personajes tan indispensables y necesarios, verdaderos héroes del anonimato.

    Tamos On〒Line

  2. Perico permalink
    19/01/2010 16:17

    ¡Joder! Después de tantos comentarios los buenos amigos se encuentran en los silencios y en la muerte.
    Quien escribe como tu; sabe de lo que hace; sabe de sufrir y ver sufrir.
    Puede que “alguna frase” lo desencuadre. como planteó Luis. Siempre existen rincones en las telas donde el artista no ha querido sugeriir nada. Conocí a un pintor que seleccionaba del cuadro lo que quería; después cortaba con una navaja lo mejor y el resto lo tiraba.
    En mi opinión, este relato de silencios y complicidades trágicas no necesita de recortes… el protagonista entra en primera persona muy, pero que muy jodido y termina en la ley.

    Un abrazo.

  3. 19/01/2010 15:15

    Un placer saberte por aquí Patricia.

    ♥ Una abraçada ♥

  4. 19/01/2010 2:21

    Edward, que grato es leerte, es como recorrer una isla donde siempre hay algo que te sorprende. Un fuerte abrazo.

  5. 18/01/2010 16:41

    ►Es la intención, ponerle boca al silencio, voz a los que no saben decir, corazón a una gente que ignora nuestro mundo virtual, pero que está ahí fuera, luchando por sobrevivir, poblando el planeta, dejando a su modo su huella. Personas que sufren el lado oscuro de la vida con alegría y valor.

    ►Es un halago que saques una frase del texto para resaltarla MegaMicroMios, es un piropo excesivo que exalta mi absurda vanidad. ▲Gracias▼

    ♡Abraçada♡

  6. 18/01/2010 16:18

    Mientras leía no podia quitarme la impresion de que los personajes me sonaban de algo pero no acerté a recordar. Al final me he dado cuenta de que estos personajes son universales, de ahí que me fueran conocidos.
    Cuando leo sobre tus personajes siempre me sorprende tu percepción del alma humana, los haces tan vivos que parece que los conocemos de algo. Esta es la grandeza de tus textos, que no son personajes de papel (o de pantalla) son de carne y hueso.
    “Únicamente los que disfrutan del silencio en compañía pueden considerarse unidos por el lazo umbilical de la amistad”

    Salut

  7. 18/01/2010 15:47

    Te encuentro muy inspirada hoy Fanou. Muy muy.

    Jackie Chan

  8. 18/01/2010 15:39

    El relato es soberbio.
    Mi opción, ya que en esas estamos, sería: no termino el cuento, así tendré la obligación de volver para terminarlo. O los demás tendrán la amenaza de que vuelva.
    Tengo dos o tres frases más, escondidas. Otro día, tal vez.

  9. 18/01/2010 11:41

    ◢El triunfo de los “perdedores”, una recompensa que no está al alcance de los que confundieron felicidad con acopio, vivir con protegerse, reír con tener, amar con ser amado◣

    ◢La transmutación de los valores dice lo que has de hacer para ser feliz, sino…pervertido pecador…atente a las consecuencias◣

    ◤*El artista trágico no es ningún pesimista: dice que si a todo lo misterioso y terrible, es dionisíaco…*◥
    Friedrich Nietzsche

    Filosofía al mediodía

  10. 18/01/2010 10:38

    solo se me ocurre decir que este relato rezuma humanidad, con toda la amplitud de la palabra,
    personajes cuya dignidad les viene dada por su derrota y un alma llena de las cicatrices de la experiencia, decir adios no es en este caso claudicar, sino confirmar que se ha vivido, decir adios, puede que con tristeza y amargura, pero con la mirada alta y la comprensión incondicional del amigo verdadero.

    salut company

  11. 17/01/2010 22:17

    En el reino animal hay especies que suelen morir una vez separadas de la manada, asumiendo el acto natural como propio y en pro de la comunidad.

    Jerónimo

  12. 17/01/2010 21:40

    Un relato muy emotivo sobre la amistad y la muerte. Emotivo por la sencillez del lenguaje, los silencios llenos de complicidad y esa manera de encarar la muerte sin floripondios ni llantos. La actitud del protagonista, que se aparta de todos para morir, me recuerda a la de los indios de Norteamerica que se subían al monte cuando sentían que la muerte les rondaba.
    Tengo una sqaw en el alma

  13. 17/01/2010 21:06

    Bueno Chrieseli, quizás sea más fácil de contar que de hacer. Esa firmeza final, simple y directa, podría ser una percepción e incluso una declaración de intenciones, sin embargo, llegado el momento, todos estamos solos ante tamaña magnitud que es la muerte, no sé si yo lograría esa contundencia ante lo irremediable.
    Perseo
    Erratas subsanadas Luís, gracias por el aviso. Respecto al relato, confesaré que conozco a alguien que es exactamente así, grande como el César, en risas, en sortear adversidades, en hacerse más fuerte o en consolarte con su silencio.
    Un hombre bueno y simple que después de una vida dura de ciudad ya se retiró a las montañas.
    Mister Who

  14. 17/01/2010 19:56

    Perdona mis escrúpulos, en la línea de “… maquinaria suiza, capullos y trullo…” hay un par de errores. Es una tontada pero molestan al leer.
    Por lo demás, lo que es realmente importante…. alguien así con esa coletilla de “podría ser peor” resultaría cargante, de darle una bofetada en un momento dado… aunque en este texto puede resultar irónico. Y el resto… amistad, escenario, risas, carcajadas, silencio… y las verdades que no se ocultan a los amigos, esas personas con las que la mitad de las palabras sobran, espero si llega el momento poder tener alguien así a mi lado para tomarme la última.
    Un fuerte abrazo.

  15. 17/01/2010 19:50

    Me asombra siempre la simpleza del alma masculina, la sencillez de los actos, las palabras sucintas y la firme convicción de lo hecho con propiedad. No hay remordimientos ni rencores. Yo haría lo mismo, pero en mi universo femenino sería mal entendido.
    Un abrazo,
    Atenea

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