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El Retorno del Ulysses (Y Dos)

19/01/2010

Horace Vernet

Los casados soñaban con el reencuentro, a años luz del castigo que El Señor les tenía preparado. Agrupados a babor, con el viento huracanado empujando desde el Este, brazos y pies arremangados, lobos de mar con siete tatuajes en el pecho ansiaban acariciar sus mujeres, reconocer al bebé que dejaron a su partida y sentir en los pies las agradables briznas de hierba de su Irlanda natal.

Las destempladas corrientes del Levante disolvieron la calina. Los tripulantes descubrieron la cúspide del acantilado con lágrimas en los ojos. Al advertir el grupo de gente que los observaba, arrancaron a bailar en corro, entre silbidos y gritos de júbilo, cuando de sopetón uno de ellos señaló el farallón y alertó con un grito ronco, dejando a sus compañeros paralizados por la visión.

Allí.

La silueta sombría de una mujer vestida de negro caía a las rocas del acantilado. Intentaban reponerse de la imagen cuando, espantando una bandada de gaviotas, otra de las presumibles esposas se proyectó al vacío.

Verdad es, que una tras otra, las sacrificadas viudas marcadas por el adulterio se quitaron la vida estrellando sus cuerpos contra los rompientes de un embravecido Atlántico.

Desde la embarcación, tras la cresta de la última ola, se perdía la visión terrestre para recuperarla al descender el nivel del agua.

Los tripulantes, contagiados por una súbita perplejidad, se angustiaron, santiguándose en nombre de Dios, persignándose arrodillados en post del perdón de San Patricio, su ✝Santo Patrón✝. Ora otra, la cumbre del acantilado, la ola de la mar, el transitorio vuelo de las gaviotas, ora otra más, así hasta la veintena.

En tierra la incerteza infectó a los viudos secundarios, sustitutos de los por llegar, obviando las normas morales recelaron de la difícil situación que les caía encima. Raudos, haciendo uso del sentido común y el trabajo en equipo, ejecutaron un cálculo aproximado de las millas en concordancia al azote de los vientos para orquestar la perversa maniobra. La lánguida luz del atardecer trajo la capa tenebrosa de la noche.

Sin un minuto a perder, tramaron un plan para una venganza que cobraría vida propia, yendo y viniendo de tierra al Océano y viceversa.

Las hogueras para el atraque representaron las dramáticas circunstancias que desencadenaron el hundimiento del Ulysses, el cual, traicionado por los coletazos de las olas, naufragó esparciendo sus restos por la ensenada.

Los esposos viudos de las difuntas viudas encarnaron el papel de verdugos, que no lo eran ante los ojos de Dios y quizá si ante los de Satanás, emplazaron las fogatas estableciendo el rumbo hacia el acantilado más escabroso, con la maquiavélica intención de conducir la nave hasta una catástrofe segura.

El Ulysses viró hacia las luminosas fogatas, encallando sin remedio en los arrecifes dentellados de coral, con el implacable viento a estribor extirpando el velamen y desguazando el aparejo. Una espiral de mástiles, cabestrantes, jarcias y velas se revolvieron entre los hombres asidos a los cabos perdidos, adosados como resbaladizos calamares a una cubierta que cedía entre terribles gritos de agonía y el fragoroso estallido de las olas contra el casco.

La noche entonces prendió en cólera, nubarrones sombríos convergieron sobre el Condado, truenos y rayos conquistaron aquel confín de tierra olvidado por el Señor.

Al ir a comprobar que no quedara marino alguno con vida, los verdugos, espoleados por una intensa lluvia oblicua, arribaron al naufragio descolgándose con cuerdas amarradas a la cintura y armados de aceros, picos y palas.

Ayudados por la espumosa marea, una vez amontonados los cadáveres junto a una angosta cueva del farallón, justo detrás de lo que quedaba del navío, en un gesto compasivo acordaron enterrar a los muertos en un reducido pedazo de arena.

Improvisaron una fosa común soportando el peso de la precipitación. Por un capricho natural, la rosa de los vientos causó la inestabilidad del pecio, el cual escoró haciendo gruñir el maderamen y propulsando la mesana con dirección a aplastarlos.

Justo cuando, con los antebrazos alzados a resultas del posible impacto frenado por la fortuita roca tapizada de musgo, cangrejos y algas, comenzaban a reincorporarse por debajo del trémulo mástil ingeniando jocosas observaciones sobre sus providencias; en ese momento detenido por el tiempo, desde el mismísimo Infierno, el Diablo les hizo saber de su mensaje. Un refulgente rayo iluminó el ocaso del Ulysses y relampagueó en el extremo de la mesana calcinándola en escasos segundos, la corriente electrostática saltó entonces al pico de hierro de uno de ellos, de allí a una pala, de la pala a una espada, de la espada a la carne, despidiendo a los hombres al fondo de la fosa donde caerían humeando y fulminados, encima de los cadáveres de sus socios conyugales.

Viudas, viudos, desesposados por partida doble, casados con el olvido, el pasado y el futuro, todos ellos fallecieron la tétrica noche del 17 de Diciembre de 1777. Ni decir cabe la turbación que levantó el acontecimiento en el Condado de Clare, viéndose la población obligada a disponer un funeral para las 43 almas que perdieron la vida en pecado mortal.

Hoy en el farallón más alto, a más de 200 metros de la mar,  yacen clavadas del revés 43 ✟cruces✟ de hierro negro. Las noches de tormenta los rayos descargan su electricidad contra ellas, cuya estructura como circuito cerrado origina una frenética danza de fluorescencias a la velocidad de la luz; perceptible a millas de distancia, a la sazón, para los navegantes un importante faro cardinal.

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7 comentarios leave one →
  1. 20/01/2010 10:51

    El devenir humano; observando mi entorno, la atmósfera de mi planeta, la corrupción de mis políticos, la vanidad de mis correligionarios, la hipocresía de mis vecinos; si, si, hay mucha gente buena, pero sigamos con la mayoría, con los que nos asisten desde el poder, los que toman las decisiones importantes, esos que están llevando el mundo a la ruina, ¿No son motivo de pesimismo? ¿Me rodeo de optimistas desinformados? ¿De tontos, sumisos o pasivos?
    Lo de Haiti lo tengo atravesado, es cierto, llevo días intentando escribir algo al respecto, pero los bancos de España siguen cobrando comisión por las donaciones, siete de cada diez euros. Este detalle y miles más me roban la esperanza para un mundo mejor.

    Hoy no puedo sonreír, no tengo tantas drogas aquí.* EXTREMODURO

  2. Perico permalink
    20/01/2010 10:33

    Como había sido poca cosa la aventura de la primera parte, el final (hoy en el 2010) no deja de ser creíble. Buen inicio para la narrativa en ficción histórico-social, siempre trágica para los marineros de la Irlanda mas actual y… de perlas para tu optimismo.
    Supongo que mucho te ha influido el desastre sobre desastre haitiano. Los 43 puteados por la desgracia, por sus sustitutos, y hasta por las fuerzas de la naturaleza… Incluso después de la muerte.
    Aunque el tema se haya ido al tiempo de los bucaneros, tu “rienda suelta” sigue por el camino de la desconfianza en el por-venir de lo humano.

  3. 20/01/2010 7:37

    Lo más cierto es que tenía ganas de escribir algo que diera rienda suelta a la ficción y a la aventura; alejarme un poco de las conciencias y moralejas y ver qué efecto producía un registro distinto al acostumbrado, más o menos.
    Llevo días con Haití en la cabeza, pensando en escribir sobre el tema o no, alejándome, aproximándome, por respeto, dignidad, solidaridad, no sé.
    Claro que con lectores así me resulta tan fácil como gratificante dedicar la pluma a cualquier temática. Y esta se plantó como un reto en mi mente, creo que una historias de chrieseli, con damas, caballeros y ballenas tuvo algo que ver, los ensayos de Micromios, Colomer etc.
    Reitero que con según que lectores esto es un premio.
    Gracias a toda la tripulación. Grumetes, Penélopes y oficiales de a bordo.

  4. 19/01/2010 22:10

    Wow. Un remate impresionante. Es como una pesadilla ¿sabes? con la lluvia, la desesperación, el dolor de los viudos, viudas y sub viudos, la decisión de enterrarlos en el peñón, los rayos y truenos…. Si a la vuelta de este comentario me dices que es cierto, entonces creeré sinceramente que eres Lucifer.
    Un abrazo

  5. 19/01/2010 21:59

    Buen relato.
    Las almas que perdieron la vida en pecado mortal vagaran por la niebla buscando la redención de los pecados. Quizás algún día cuando la memoria olvide, puedan encontrar la paz.
    Salut Master

  6. 19/01/2010 20:47

    muy bueno capitán, con aroma de leyenda narrada al calor de una fogata, con voz de viejo marinero, ronca por el ron de caña, y truenos en las ventanas, expectante primera parte, y negra como la noche más negra su conclusión
    las penelopes nunca debieron olvidar que los ulises siempre regresan a casa

    salut i aplausos

  7. 19/01/2010 20:12

    Siento no poder opinar sobre este relato, no estoy muy puesta en historias de pirateria. Me ha hecho gracia lo de los viudos secundarios!
    Una que se marea.

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