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✔ Cuento Infantil para Adultos

31/01/2010

CIPA

El pequeño Joseph Popov era aplicado y muy social. La madre divulgaba sus bondades a los cuatro vientos, las cuales el padre entendía como debilidades, si bien ambos coincidían, sin errar, en los aspectos más notables del primogénito. El objetivo era mutuo, la protección, y para protegerlo ambos tendían a transmitirle su visión particular del mundo.

Tal y como sucede la mayoría de veces, esa mezcla de anhelos y aspiraciones comunes acaba siendo reducida a la ceniza de un sueño roto, puesto que el proyecto a hombre, al poseer carácter y personalidad, se hace a si mismo, forjando la voluntad con el esfuerzo, amoldando la opinión con los estudios, sumando experiencias a base de relacionarse con los demás.

Al salir del comedor, después de la pitanza del mediodía, los niños competían en los juegos de balón y otros pasatiempos infantiles.

Lo que la mamá sentía como un generoso acto de confianza hacia sus semejantes, papá lo entendía como un arriesgado reto al crimen fehaciente y presente en todos los rincones del mundo.

Joseph dejó su estupendo reloj sobre el asiento del banquillo de madera, donde los demás chicos esperaban el turno para jugar.

¿Viste? Hubiera aseverado papá. Duró menos que si hubiera sido una golosina de colores en la puerta de un….

Sonó el timbre por patios y pasillos y los chavales volvieron a sus clases a la carrera junto con el habitual y escandaloso griterío diario. Joseph esperó a que sus afines se instalaran para aproximarse a la mesa de la maestra a explicar lo sucedido. Pero la veterana decana agitó la mano exhortando al niño a volver a su asiento, mostrando así un total desinterés por el tema.

El vuelo distraído de una mosca captó su atención, entonces descubrió la perseverancia del escolar, quien permanecía firme ante su presencia, y al alzar ella los anteojos de su tabique nasal, él le refirió nuevamente los motivos por los cuales le resultaba inminente salir del aula para realizar unas comprobaciones vitales.

La profesora accedió otorgando su beneplácito en forma de profundo suspiro indicando la salida.

Joseph llamó a la puerta de una segunda aula del mismo curso en busca de los niños que según recordaba, se hallaban en el lugar de los hechos. Para ganarse la confianza de la profesora de aquella clase que no era la suya debía explicarse con eficacia y claramente. De dicho modo logró la declaración crucial de los testigos, cuya conveniencia creyó suficiente para acorralar al sospechoso, con un perfil físico contrastado a sazón de un enorme cabezón cubierto por un cabello negro como el carbón e hirsuto como el del puercoespín, dos cursos por encima y, por puro cálculo matemático, dos o tres años mayor.

Entró en la clase con decisión, sin dejarse intimidar por los comentarios burlones de los mayores, plantado delante de la profesora de Sexto relató, paso a paso, la desaparición del reloj que le había regalado su progenitor, cuyo valor sentimental iba más allá del infinito.

La joven pedagoga apreció la osada iniciativa a costa de perder un tiempo precioso, pues ya conocemos la máxima en los templos del saber: El tiempo es oro. Conquistada por el tesón del menudo Joseph Popov, se inclinó por echarle un cabo proclamándose como fiscal y jueza. Supongamos que sorprendida por el ejercicio de voluntad con el cual el chico logró llegar hasta ella; sin embargo, en desventaja a resultas de la ausencia del botín o en su defecto, una confesión.

Joseph no ignoraba quién había sido el autor del robo, pero no podía acusarlo sin la certeza de que el reloj continuara estando en su poder, o por prevención delictiva, oculto ya en la saca del caco.

Lo había visto sentado junto al objeto sustraído en el recreo de autos, los testigos reforzaron su versión con sus declaraciones; con todo, seguía negando el crimen con la enorme cabeza en un constante vaivén de derecha a izquierda y viceversa. Las pruebas circunstanciales no eran suficiente, enjuició la profesora pidiendo orden en la sala sin amenazar con desalojarla.

A las cinco de la tarde concluían las clases, al pequeño Joseph apenas le quedaba tiempo. Había hecho todo lo posible por recuperar el reloj, sin embargo lo había perdido con amargura después de superar, como hizo, las absurdas barreras de los adultos. El peso en la conciencia por haberlo podido evitar de no haberse confiado, recordando con agobio el sinfín de consejos paternales, regresó, con la mirada humedecida y cabizbajo, con sus compañeros.

Al enterarse del nulo resultado de las pesquisas, niños y niñas se solidarizaron en silencio, con las cabezas gachas y centrados en sus pequeñas mesas con los lápices de alegres colores, ahora tristes.

Entonces la estrella, pequeña pero firme, de los niños que se hacen a si mismos intervino en este cuento golpeando la puerta con unos tiernos nudillos.

Al sonar el timbre, mientras estallaba el reincidente griterío diario de la salida, por el resquicio lateral de la puerta asomó la enorme cabeza de pelo negro del alumno sospechoso solicitando la presencia de Joseph Popov, quien salió con una gran perplejidad reflejada en los ojos.

Toma” le dijo abriendo una mano, la palma empapada de sudor, entumecida y roja, con minúsculas marcas curvas de tanto clavarse las uñas “Estaba en mi bolsillo” A pesar de haber estado comprimido y en contacto con el sudor, el reloj parecía en buen estado. Marcaba las cinco y cinco.

Joseph, incitado por sus compañeros para ver cumplida justa venganza, con las gemas de los dedos formando piña, picoteó la frente del acusado, “¡Las cosas importantes se esconden aquí dentro!” Dijo de sopetón, traicionado por los propios nervios, mientras pensaba qué decir y el otro cabeceaba con un vaivén de adelante atrás, de atrás adelante, con su enorme cabeza de cuero negro. ✓

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16 comentarios leave one →
  1. 03/02/2010 9:57

    ❂ Bueno, cada uno le saca su propia moraleja, no por ser frecuente dejará de ser significativo o menos simbólico.
    Esperanzador.

    ✽ Dice:
    No cabe Esperanza.
    ¿Se fue en otro coche?
    (Chiste malo, malo, malo)

  2. Perico permalink
    03/02/2010 9:46

    No es una historia absurda ni de moralejas. Es un relato escolar muy frecuente… y en la oscuridad habitual de Eduardo,muy luminoso.
    ¡Lindo!

  3. 02/02/2010 17:55

    Siempre bienvenido Gerardo.

  4. allserieslinamarcela permalink
    02/02/2010 17:39

    Muy bueno tu blog, la escritura es un don que no se le da a cualquiera lo haces excelente, te pasaré a leer bastante, también tengo dos pequeños blogs

    http://mitoycuerpo.wordpress.com/

    http://allserieslinamarcela.wordpress.com/

    GERARDO

  5. 01/02/2010 16:53

    ❃ Esa conciencia que es como Pepito Grillo gritándote a la oreja, mientras intentas defenderte: Que yo no soy Pinocho que tiene el corazón de madera. ¿Habrá que mantener limpios los colmillos de la conciencia, para lograr soportar los remordimientos que nos acosan? ¿O dejarnos ya de hipocresías y demostrarnos que con buena fe también se alcanza el cielo? Estás perdida Charlotte, tu crimen aún no ha prescrito y has confesado en público. Yo de ti empezaría a preparar las maletas para la huida.
    Maldita Justicia.
    ❃ ♡Estimadísima Anne, tu nunca llegas tarde, en todo caso con un leve retraso. Si mi primogénito termina emulando a su padre, estamos perdidos, en este planeta no hay sitio para dos como yo; encima renovado, que tiemblen las columnas de la civilización.
    Yo también le enseñé a dar un beso por mejilla, como en su día enseñé a mis padres y hermanos.
    Le comte de ₩ontecristo

  6. 01/02/2010 16:23

    Como llego tarde y los comentarios dicen todo lo que hubiera deseado decir, me junto a las alabanzas, y añado un dicho popular normando que dice: los perros no tienen gatos… que traducido a un lenguaje menos campestre sería algo como: los niños suelen emular a sus padres en lo bueno como en lo malo.
    Como mis padres me enseñaron a dar un beso en cada mejilla, eso es lo que te mando… mua, mua.

  7. 01/02/2010 15:47

    Un cuento parecido me contaron de pequeña para demostrarme el poder de la conciencia. Claro que no lo comprendí hasta que yo misma caí en la tentación de sustraer un objeto bastante valioso a un niño que se pasaba el dia haciendoles trastadas a los demás. A pesar de estar segura de que lo que hacía era lo correcto, ya que estaba haciendo justicia a mi manera, esa noche no conseguí pegar ojo y al día siguiente tuve que confesar mi crimen.
    Maldita conciencia

  8. 01/02/2010 15:14

    ✺Amigo Colomer, totalmente de acuerdo con tu exposición. Buena es la técnica, mejor el método, pero no contemplamos estudiar la improvisación.
    Vivimos tiempos de protocolo, cuando algo rompe el protocolo la confusión hace mella en la condición humana, estando como estamos expuestos a fenómenos naturales, actos terroristas, accidentes, etc. Sin embargo como los peores caseros del planeta que somos, también somos malos en prevenir los cambios. Entonces es cuando hay que inventar, sacarle jugo a la sesera.
    Prepararse para lo imprevisible.

    Salut amic ♬♫♬♪♪

  9. 01/02/2010 14:51

    ❀ Eso creo yo, Cirera Vermella*
    Muros y pasillos pensados y fabricados por adultos para orquestar el complejo adiestramiento humano de los niños. Sus reacciones condicionadas al entorno de sus mayores. Amoldados a las necesidades de los tiempos.
    ✿Un enorme abrazo Cereza Roja*(Catalán/Castellano)✿

  10. 01/02/2010 14:28

    todo el mundo es bueno hasta que se demuestra lo contrario, y por desgracia las demostraciones de lo contrario son diarias, pero también la confirmaciones de la bondad. Todo el mundo es bueno y malo, al mismo tiempo, porque los hilos que nos atraviesan se tensan o se destensan según las circusntancias. El hilo educativo siempre podrá encuazar, pero al final es el hilo de los acontecimientos el que nos obliga a actuar de un modo u otro, a veces sin pensar ni recordar lo que nos han enseñado pues hay que inventar.

    salut company

  11. chrieseli permalink
    01/02/2010 12:53

    Querido Eduard: Me parece que has atinado justo en el medio con el título de tu historia. Somos los adultos y no los niños los verdaderos protagonistas de estos hechos. Complejos hilos mueven las relaciones humanas y la suma de nuestros actos empuja el resultado final. Desgraciadamente, muchas cosas una vez hechas no tienen vuelta atrás.
    Un gran abrazo,

  12. 01/02/2010 10:19

    ✔ Hola M. Enorme placer verte rondar por aquí. Dicen “Los científicos versados en el tema” que los niños con tendencias al hurto por el hurto, de objetos insignificantes, de mayores caerán en el mundo del crimen. El Alma está en el Cerebro de Eduardo Punset (http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Punset), científico con denominación de origen, así lo expone en referido libro que aconsejo sin dudas, no por su rigor, si por la claridad de sus respuestas a los misterios de la mente (No olvidar lo de Misterios).
    ✔ Hola Micromios. Como se nota la profesión y sus conjuntos, los distintos puntos de mira, el efecto producido por un azar, la influencia de una segunda persona, la acción de una tercera, la reacción del colectivo.
    ✔El vecino de la edad de nuestro crío siempre ha estado entrando y saliendo de casa como si fuera la suya, disfrutando de los juegos que aquí hay con toda libertad; llegada la hora de partir, siempre a la carrera, siempre agarrando cualquier objeto que quede a su alcance, siempre repitiendo el ritual diario de esperar la llamada de nuestro vástago diez minutos más tarde para exigir la devolución del objeto sustraído, que el otro negará haber cogido, sin obviar el castigo de sus padres, por desgracia, físico.
    Después de un año con la misma película, de finales dejó de hacerlo, no por conciencia, sino por evitar los castigos y los registros psicológicos, oculares y al extremo, a veces físicos. Ahora cuando se va, opta por arrasar con cualquier juguete, desmontarlo o romperlo.
    En resumen, el consejo familiar decidió reducir sus visitas.
    ♡Salut♡

  13. 01/02/2010 6:38

    Hermoso cuento para meditar. Eso de que dios ayuda a quien se ayuda dio reusltado. La insitencia del pequeño consiguió sus frutos aunque no sabemos si alguien más tuvo que ver en la resolución de los hechos. La mano de la justicia podría venir tras la cara de una profesora que diera una reflexión a la clase, o que los compañeros se burlaran del ladrón obligandole con su sorna a devolver lo sustraido(no olvidemos que fue a un alumno más pequeño)
    O pensando en positivo no siempre cuando se sustrae algo se hace con maldad, a veces un niño puede coger un objeto porque nunca lo ha tenido y quiere saber qué se siente. Piensa mal y acertarás no es un buen proverbio aunque el padre crea que si.
    Salut

  14. 31/01/2010 20:57

    Precioso, esperanzador y, especialmente, verdadero. Somos, esencialmente buenos. Sólo que a veces necesitamos que alguien nos lo recuerde. Joseph posiblemente le salvó la vida al cabezoncito. Todos los criminales comienzan con un ‘pequeño” crimen del que no puedieron arrepentirse o reparar a tiempo. Es el primer eslabón de una cadena irrompible basada en justificación-ergo estoy en lo correcto-ergo los demás están equivocados. Si somos capaces de ver que NOS equivocamos y que por ende podemos rectificar, hay esperanza, la habría habido hasta para Dillinger. WLL 4 U.

  15. 31/01/2010 19:51

    ✔ Habría obtenido este resultado u otro cualquiera, ninguno si no hubiera decidido actuar. Tan productivo es el destino como el camino que hacemos para alcanzarlo.
    Gracias por tu comentario y por la visita Pilar.

    La vida es una tómbola.

    Un abrazo

  16. 31/01/2010 19:39

    A veces, algo que nos esforzamos mucho por conseguir y no alcanzamos, al final nos viene “solo”. La pregunta es la de siempre… ¿Habría venido igual si no lo hubieramos intentado?

    Me parece más que un cuento, una fábula… eso sí, con varias moralejas.

    Un placer leerte. Un saludo.

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