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¿Quién conocía a John Felipe?

02/02/2010

John Felipe Romero

✈ Hoy decidí volar hasta el ayuntamiento de mi ciudad, Mollet del Vallès, en la provincia de Barcelona. Sobreponiéndome, en un inclemente ejercicio de implacable voluntad, a la conciencia adormecida por la televisión basura junto con la conducta pasiva que iba deprimiéndome en lo más profundo de mi destartalado sofá. Si bien, lo que verdaderamente despertó mi instinto de reportero bélico fue al conocer que una de las últimas bajas militares de Afganistán, era un vecino.

Hoy, a miles de kilómetros de, ésta, su ciudad, yace el cuerpo de un joven de 21 años que se llamaba John Felipe Romero Meneses, español y catalán de origen colombiano, residente en Mollet del Vallès, militar del Ejército español.

El transfondo de la historia alertó una de mis antenas para detectar basura.

Sabía que era día de mercado, así que, después de ingerir el zumo diario a base de alcachofa, media docena de ajos más otra media de plátanos, cuatro huevos crudos y dos o tres dedos de pacharán leonés, me embutí en el traje antigravedad y salí de casa dispuesto a destapar la caja de los truenos.

Mi propiedad se hallaba a tres kilómetros de la Casa Consistorial en línea recta, sin embargo como dije antes, era día de mercado, la avenida estaba tomada por roulottes, furgonetas con mostradores laterales o simples y clásicas paradas, todo ello abastecido por un vasto catálogo de colores. Colores frutales, hortelanos, carniceros, de tonos variados en los expositores de ropa, raciales por parte de los comerciantes, blancos, amarillentos, mulatos, negros.

Era el pequeño lujo que aportaba viajar con el traje antigravedad, lento y relativamente seguro, puesto que para ciertos niños repelentes, encarnaba la perfecta diana móvil donde afinar la puntería a pedradas. Con todo, conducirse a unos dos metros de distancia con respecto a las cabezas más altas, ofrecía una perspectiva de casi todo el mercado.

Para quien pudiese caer en la posibilidad de que otros usuarios se sirvieran del mismo transporte, diré que es necesario un permiso especial reservado para Locos Datar y contados servicios de Seguridad, quienes utilizando trajes similares, pero más sofisticados, van a la caza de carteristas y niños sin escolarizar.

Sobrevolé los tenderetes de flores y plantas, de muebles y cuadros con marcos artesanales más valiosos que los propios lienzos. Los de ropa de marca marcada y los de informática avanzada. Crucé por una asfaltada arteria vital y descubrí la churrería, con la chimenea de su tejado echando humo blanco. Una cálida imagen en contraste a la temperatura que bajaba el mercurio de los termómetros. No pude contenerme y simulando abrocharme los nudos de los zapatos aún portando botas sintéticas me las apañé para colocar mi trasero sobre el conducto extractor durante unos pocos minutos. Gloria Bendita, aquel calorcillo ascendiendo por mi cuerpo mientras observaba en derredor, un instante para el placer a mitad del viaje.

Todavía no había alcanzado el nivel de vuelo adecuado cuando la incapacidad de previsión motivó nuevamente mi distracción. Una vendedora de frutas y verduras con el pelo plateado, paso lento, mirada cansada y más años que Matusalén, se trajo a la nieta para ayudar con los melones. Verdad es que la niña sería ya mujer, florecida y resplandeciente de bonita. Para nada se diferenciaba de los productos recién ofrecidos por la tierra, frescos y naturales, pletóricos de vida.

Ni el delantal ni el estar en un rincón anotando números en un pequeño bloc con un enorme lápiz, le robaban un ápice de atracción natural. Como del caparazón de la tortuga, desde su atuendo de frutera, salían los miembros que componían su ser, sus brazos finos y flacos, sus manos de uñas pintadas, los dedos poblados de anillos y un escándalo en brazaletes y pulseras, el pelo negro y largo recogido en una estupenda cola de caballo, salvo dos mechones caracolados, uno por cada mejilla, entrelazándose con unos curiosos pendientes encadenados con minúsculas tazas y cucharillas de café. Muy maquillada, con los ojos perfilados hasta la exageración con rimel negro, con la intención de impresionar a los adolescentes de su edad, con aquella mirada arrebatadora y sus enormes luceros de miel resplandeciente.

Con los ojos de la muchacha en la memoria inmediata, aterricé frente a la Casa de la Villa, o dicho más claro, el ayuntamiento.

Cuatro astas con cuatro banderas, ninguna de luto, a pesar de que su alcalde ya  había intervenido en televisión, visiblemente afectado por esta pérdida irreparable. “Se trata de una familia humilde y trabajadora, con tres hijos, originaria de Colombia”, señaló. “El padre llegó a Mollet en 2004, y antes había vivido en Parets (A tiro de piedra de Mollet), hasta que en 2006 hizo el reagrupamiento familiar, trayéndose a su mujer y sus tres hijos a Catalunya.” Uno de ellos era John Felipe Romero Meneses.

John Felipe Romero, de 21 años, llevaba tres en el Ejército y se fue hacia Afganistán en noviembre con el Regimiento de Cazadores de Montaña ‘Arapiles 62, con bases en Barcelona y Sant Climent de Sescebes (Girona), la primera unidad del Ejército ubicada en Catalunya que partió hacia este país.

L‘Ajuntament ha convocat per aquest dimarts (Martes) a la una del migdia (Mediodía), a la plaça de la Vila, una concentració silenciosa per manifestar la solidaritat ciutadana per la mort del soldat.

También repasé la prensa, dándome cuenta de que el medio nacional daba más bombo al asunto que la nuestra, más cercana y local. ¿Por qué? Hay tantos cristales de color para verlo e interpretarlo.

La pregunta que nadie hará pero estará en la mente de todos será:

Aquí, en Mollet del Vallès, ¿Quién conocía a John Felipe Romero? Llegó con 21 años en el 2006, pasó 3 en el ejército, formándose en el Cuartel de Sant Climent de Sescebes, 2009. En Noviembre de este año partió con su regimiento a Afganistán. Murió este Enero de 2010.

Se supone que a las 13hs de hoy, 2 de Febrero, delante del Ayuntamiento se le hará un silencio de un minuto como homenaje. Y tan silencioso será que ni se acordaron de bajar las banderas a media asta.

O mejor decir, habrá una confluencia de mamones prestos a hacerse la foto y aparecer en los medios de comunicación, manifestando sus condolencias a la familia y mostrándose afectados por la trágica perdida. Tertulia de hipocresía compartida. Pero la cuestión seguirá siendo la misma:

En realidad ¿Quién conocía a John Felipe Romero?

Con todos mis respetos y pesar para la familia de John Enrique

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12 comentarios leave one →
  1. 09/02/2010 17:38

    John Felipe se alistó en el ejercito por necesidad.
    A John Felipe no le conocía nadie de los que han hablado de él.
    La solidaridad con la familia, ¿en qué consiste?
    John Felipe es catalán y español una vez muerto, ¿y antes?
    Ninguna ideología mueve a los soldados para ir a ninguna guerra. Son profesionales que se juegan, a veces, la vida.También lo son los limpiacristales de rascacielos y nadie les hace un homenaje.
    John Felipe hacía su trabajo y ha muerto.Lo siento de verdad.Lo demás es literatura y de la mala.
    Tu viaje por tu ciudad refleja perfectamente la distancia entre el mundo de las palabras vacías,homenajes, banderas y solidadridades de lágrima facil y la vida real del mercadillo,la partida de cartas y el carajillo.
    Tu pregunta está bien planteada:¿Quién conocía a John Felipe?
    Yo añado otra: ¿Qué rayos creemos que hacía en Afganistan?
    La primera tiene una respuesta fácil: nadie.La segunda también: ganarse la vida.
    Simple y llanamente.Lo demás mentira ,mentira y mentira.

  2. 05/02/2010 15:18

    Eres un de 5 ✩✩✩✩✩

  3. 05/02/2010 14:20

    No hombre no, no digas eso, lo el traje distrae un poquito al lector de la cruel realidad.
    Personalmente me ha encantado 🙂

  4. 04/02/2010 18:20

    Si con tus sentimientos pudieran arreglarse las cosas te haría Reina por una Eternidad, pero por desgracia eso no es así.
    Lo del traje ha sido un fenómeno inesperado, estoy contactando con ingenieros y físicos para el primer prototipo.
    Y hablando en serio, si llego a saber la connotación del traje espacial no lo mezclo con el contexto del artículo. Me quedó un sabor agrio en la boca.

    Salut Maca

  5. 04/02/2010 15:30

    Cuando vaya a Barcelona(espero que sea antes de jubilarme jajaja) quiero que me prestes tu traje antigravedad.

    En cuanto al soldado John Enrique solo puedo decir que probablemente reinára la hipocresia, como tu bien dices apra hacerse la foto y luego a otra cosa mariposa, pero yo confío que por lo menos al rey y a unos pocos más (telespectadores incluidos) les ha importado de verdad y han sentido empatia y pesar por la familia.

    Salut

  6. Perico permalink
    03/02/2010 22:10

    Con la excepción del traje; los escuchado y leído en los medios, tu exposición – reportaje – sobre J.Felipe Romero (colombiano-español adoptado para ir a la guerra) expresa la hipocresía infinita de la Europa descafeinada y cargada de imbecilidades. pero a tu corresponsal lo conmovió esa muerte del “vecino”.

    Con el uniforme volador o sin él; viste que la vida en Mollet seguía igual como todos los martes, donde no se movió ni una puta furgoneta de la feria ni una desgraciada bandera oficial de su sitio y que a la postre se dejó una esquela para quedar bien. ¡A quien carajo del pueblo – alcalde incluido y ex-alcaldesa hoy consellera – le importó ese tal Felipe Romero! Actuamos aquí exactamente igual que los norteamericanos: Los negros, mestizos, sudacas y hasta criminales sólo sirvieron y sirven de “norteamericanos” en la guerra… Como los que se “nacionalizaron” aquí.

    Resultará que ahora resulta, que también le concederán el mérito de la Catalanidad… Para eso tenemos en Madrid a toda un Ministra nascuda en Catalunya.
    Muy buena la foto de J.Enrique con la esquela a sus familiares.

    Para redondear: Esto no ha sido negro ni ficción; es una bofetada para todos los naturales y viejos adoptados que ya se creen salvados/as de las guerra porque existe un ejército mercenario poblado por extranjeros necesitados. De aquí a privatizarlo sólo queda un paso.
    Grácias por todos los colombianos, ecuatorianos, hondureños que han debido alistarse para no ser retornados.

  7. 02/02/2010 21:06

    ✔ Vaya el éxito del traje especial. Tendremos que diseñar uno y patentarlo.
    Lo que no me podéis negar es que para la voz en off de un relato va que ni pintado, describiendo desde las alturas como una cámara teledirigida.
    Hasta yo me imagino a esas alturas, sin problemas de aparcamiento y demás.
    Salut

  8. 02/02/2010 20:11

    No puedo evitarlo, te veo sobrevolando un mercadillo con tu traje mientras dejas en evidencia a todos los políticos de foto y rueda de prensa. No estaría mal que fuera realidad y a algun@ se le cayera la cara de vergüenza no sólo por John Enrique sino por tantos que no tendrán a nadie que les recuerde.
    Salut

  9. 02/02/2010 18:29

    La guerra por si sola es un monstruo que jamás muere, sólo varía de lugar su radio de acción. Desde los albores va con la condición humana partirnos la cara por menos y nada.
    La tropa es otro cantar, cada uniforme tiene una historia viva y cuando se trata de soldados, no debemos olvidar que hombres y mujeres jóvenes van en el interior de esos uniformes en línea de fuego; por mi lejana experiencia militar y manteniendo el contacto con algunos elementos fanáticos de seguir al abanderado, creo que lo que más atrae del ejército es, Uno, la necesidad, Dos, la necesidad de sentirse parte de algo, la búsqueda de identidad que no se les reconoce en la vida civil por mil razones sociales. Tres, la falta de opciones más dignas. Y hoy por hoy, la ilusoria recompensa de la nacionalidad doble, si no la encuentran ilusoria que le pregunten a John Enrique de Mollet del Vallès, mi ciudad.
    Intentaré conseguir trajes para todos, pero procurar ser discret@s

  10. chrieseli permalink
    02/02/2010 18:10

    Querido Eduard: Las guerras están llenas de estas bajas anónimas. Soldados con más huevos que sensatez se lanzan en picada abrazando causas que dificilmente les tocan. ¿Búsqueda de gloria? ¿Necesidad de reconocimiento? ¿sentimiento de pertenencia? Alguna vez leí que la guerra no es por la causa que se defiende. En el frente no hay causas, es el minuto, el día a día, es el que está a tu lado. Finalmente, llegas por la gran epopeya y te das cuenta que de eso, sólo en los diarios. Diarios que no puedes leer, porque estás protegiendo tu trasero y el del que está a tu lado, para salir vivos de un hervidero que no es tuyo.
    Causa siempre desazón, o a mí al menos, saber que ha muerto un joven por una pelotudez de la vida, tan pelotuda como un accidente de tráfico o una guerra que no les pertenece.
    Un gran abrazo.
    Cómo me uno al club Locodatar?? Quiero un traje!!!! 🙂

  11. 02/02/2010 16:32

    Me olvidé contar que el traje antigravedad era también antihipocresía y sólo se puede comprar por internet; ¡Y no sé yo si se acabaron ya! Si me entero que aún quedan, ¿Te pido uno?
    Lo de la escoba para este siglo lo veo, cómo diría, romántico aunque desfasado.

    VMA Vecinos con Minoría Absoluta

    ♥ Salut

  12. 02/02/2010 16:18

    Un retrato muy acertado de la hipocresía reinante. Por lo demás me ha encantado el traje antigravedad, quiero uno. Mi escoba está para el arrastre.
    Una ciudadana anónima.

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