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▶ Premio Depredador

11/02/2010

Jurado compuesto por LoCoDaTaR&EduardBlanco

EL PADRE FERMÍN

Los niños jugaban el partido de fútbol en el patio durante la hora del recreo vespertino.

La Maestra y el Padre Fermín gozaban del encuentro como los que más. La una sin cesar de animar, el otro arbitrando y conteniendo las inevitables disputas.

El edificio de dos pisos encuadraba el terreno rectangular de juego. Abajo los talleres, arriba las aulas. A pesar de la contradicción, el bullicio de las voces infantiles era un esparcimiento angelical, hermoso y divino. Pues apenas quedaban niños a los que enseñar.

Diré el porqué.

La verdadera competición la libraba el ejército salvadoreño contra los campesinos organizados del FMLN.

Esto comenzó en 1.980, una protesta agrícola que acabó como el rosario de la Aurora. Una guerra civil que iba a durar doce años.

Para engrosar el bajo índice de reclutamiento, el Gobierno del Salvador otorgó una patente de corso al Ejército Nacional. Los militares barrieron pueblos y aldeas en busca de niños para el alistamiento obligatorio a partir de los diez años de edad.

Las escuelas, entonces, resultaron el objetivo más vulnerado, porque allí convergían los miedos de las matriarcas para decidir entre la educación o la lucha por la libertad, la ignorancia o la clandestinidad; los riesgos de cada una de las opciones. Si bien, todas tenían en común el poner en peligro la vida de sus hijos.

El pueblito quedó sin hombres jóvenes para trabajar la tierra. Vivíamos de las sobras de la siembra de maíz, porque el mayor beneficio iba a parar a las arcas de los terratenientes protegidos por el Gobierno.

Las ancianas contaban historias del ejército yanqui. Acusándole directamente de nuestros lutos. Maldiciendo su goma de mascar y su chocolate.

Lo cierto era, que debíamos cumplir los toques de queda rigurosamente, no variar ninguna ruta, por corta que fuera ésta, y jamás exponernos a las ventanas abiertas.

Había anocheceres en los cuales estallaban revueltas por los caminos y senderos que bordeaban las humildes viviendas. En pocos minutos el cerro se convertía en un hervidero de combatientes clandestinos, sombras disparando un AK47 o lanzando granadas de mano, dirigiendo orquestas de explosivos y tiros contra sombras enemigas.

En casa, nos refugiábamos bajo la mesa, mientras mamá, veloz como una moto de carreras, soplaba las velas que nos iluminaban y reforzaba la seguridad de las ventanas con los colchones. Celeste, mi hermanita, lloraba con las manos empuñadas apretadas contra los oídos y los ojos cerrados con rabia. Solamente se calmaba al sentir el regreso maternal.

Bien quietos, escuchábamos las voces de afuera, las ráfagas de metralleta, las maldiciones de unos y otros. Las madres gritando el nombre de sus hijos.

Las balas perdidas impactaban en los colchones, algunas los atravesaban yendo a parar a cualquier rincón del habitáculo. Oíamos sus silbidos por encima de la mesa, rompiendo cosas o mordiendo las paredes.

A veces, durante los tiroteos, mamá nos cantaba una canción linda. O Arielito, mi hermano pequeño, le hacía carotas a Celeste. Conseguía ponerse tan feo que acabábamos riendo los cuatro, acurrucados como pollitos bajo la mesa.

Papá murió hace casi un año. Emboscado por un chivatazo de los vecinos. Pues  ellos mismos dijeron que lo eliminó un escuadrón de la muerte que andaba con tratos con el terrateniente. Desde entonces mi mamá se supo sola, aunque no lo diga, pues para no decir, dice que no le quedan lágrimas para llorar.

Se la ve preocupada por mi próximo cumpleaños. Cumpliré los once. Seguramente me preparará una fiesta y me hará una tarta con nueve velas de colores. Un secreto que comparto con ella. Diremos a todo el pueblo que cumplí los nueve.

Lo que no entiendo es cómo puede ser capaz de engañar al Padre Fermín, que fue quien me bautizó. El pobre Padre debe estar perdiendo la memoria.

Un día los soldados le dieron una paliza por interponerse a un reclutamiento en la escuela. Los niños fuimos testigos de lo ocurrido; le golpearon en la cabeza a patadas y culatazos.

Será esa la razón por la cual ahora no le funciona bien el coco. 〄

Children of the Revolution

Entrada escrita y editada en este Blog por el autor del mismo en fecha del 24/04/2009. Del repaso poco minucioso que ejecuté como jurado, sin duda, el relato más emotivo, directo y veraz, merecedor del Premio Depredador, es El Padre Fermín. El premio correspondido es una lujosa residencia con vistas a la gran ciudad de Barcelona, la ganzúa con la cual acceder a la chabola será entregada en persona por el Director del Blog Relatos y Cuentos Depredadores. El escritor agraciado con el premio obtendrá el beneficio de habitar la vivienda durante los  próximos 40 años bajo contrato firmado ante notario.

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9 comentarios leave one →
  1. Perico permalink
    15/03/2010 13:56

    Eduard:

    Vengo con atraso pero te sigo. Los nombres, el escenario y la imagen final de búnker-depósito para el “premio” no están nada mal… porque es el relato de otro crío.

    Un abrazo.

  2. 18/02/2010 15:58

    Merecido premio a un narrador que se sabe meter en todos los charcos y salir airoso, y un premio limón a una admiradora a quién se le había pasado el post.
    Estoy de acuerdo con Fanou, la casa tiene excelentes vistas pero le hace falta algún arreglillo. Si quieres te hecho una mano que de esto entiendo un montón!
    Besos.

  3. 18/02/2010 11:42

    Premio al comentario más depredador, premio al comentarista más incisivo, premio a la generosidad por querer darme más premios, que no por virtuales son menos valiosos.

    El Timbaler del Blog
    Salut

  4. 18/02/2010 11:24

    premio al dedo en la llaga, a las letras sin complacencias ni complacientes, premio por desvelar realidades que se ocultan o se edulcoran, premio a la depredación literaria y a la busqueda de que una vez por todas las conciencias de las mayorias chasqueen y digan hasta aquí hemos llegado, enhorabuna y muchos premios te daria más

    salut

  5. 12/02/2010 16:48

    ☛ Vosor@s sois el mejor premio,la satisfacción de que alguna vez me hayáis leído, de que en algún caso os haya gustado, hecho pensar o incluso perturbado.

    Ahora bebo regresar al arrullo de mi celda a cumplir la condena impuesta por los Dioses.

    Salut,  @❡Ᏻ⁑⁋✪ y ♡

  6. 12/02/2010 15:49

    Me he quedado pensando en la capacidad de adaptación del ser humano, graficada en su máxima expresión con tu cuento. Tienes ese don y te mereces todos los premios, incluso los que vienen de ti que me imagino eres tu lector más crítico.
    Mil disculpas por no haber pasado a visitarte antes. Estuve leyendo un par de libros y se me armó un revoltijo de ideas, personajes, inspiraciones y demases que tuve que tomar distancia para ordenar el despelote. Ahora, ya todo está en su lugar.
    Un abrazote

  7. 11/02/2010 21:22

    El padre Fermín tendría que recoger el premio, pero estará ocupado arbitrando partidos e intentando que no se lleven niños que tras el fusil nadie recordará que algún dia lo fueron.
    Tal como está el asunto de la vivienda, una chabola con vistas, aunque tenga mala decoración no es mal premio.
    Salut mecenas

  8. 11/02/2010 17:50

    ✗ Eres la única que me entiende ℉an✪ʋ. Ahora ya sabes donde tienes tu casa. Pásate a tomar un café de vez en cuando.✿

    Miegoin Osaltres te lo agradeceremos de todo ♡

  9. 11/02/2010 17:40

    ¿Esa es la lujosa residencia? Las vistas son buenas, pero la decoración del techo no me agrada.
    El relato me gustó en su día. Tienes razón: bien merecido premio… aunque darse premios a uno mismo no vale, ni aunque lo haga otra de tus personalidades!

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