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▶ Historia Imposible de un Gafe

25/04/2010

Reedición Reescrita- Ilustración EB SL Minoría Absoluta

Imposible. Abel había decidido consagrar aquel día como el principio de su nueva vida. Como entrante, ¿cómo no? Dejaría de fumar. Comenzaría por desechar el café del desayuno y el cigarrito de después.

Sin embargo, al final del día, la conclusión no podía ser peor descrita: imposible. Abel estaba convencido de la existencia de la mala suerte, y por lo tanto, de sus malas artes. Ya no recuerda cuando lo pensó seriamente por vez primera, a considerarlo como un rasgo del carácter y asumirlo con digna resignación. La cuestión fue, que una vez obsesionado hasta la médula, la línea entre lo mentalmente correcto o incorrecto se distorsionó delante de sus narices, convenciéndose de ser un gafe profesional por la gracia de Dios.

Toda una vida de contrariedad y lucha interior, de Abel podrían decirse muchas cosas, pero no que fuera un flojo. Abel sacrificó cada minuto de su existencia en superar su maldición, la rehuyó, la descreyó, la desacreditó, la maldijo, la excomulgo, y todos sus esfuerzos cayeron en saco roto; imposible, se decía.

Sin novia, sin amigos, sin familia, la evidencia era de peso, en su compañía uno quedaba expuesto a todas las desgracias posibles.

Por respeto y ética moral, no caeré en la bajeza de exponerlas aquí para deleite de la morbosidad que genera el mal ajeno. Aunque bien pudiera llenar folios enteros, por las dos caras, de los avatares causados por su desaforado influjo, los dramas provocados por su mera presencia, accidentes, crímenes, enfermedades, suicidios; quizás como el menor de sus actos involuntarios, cuente la depresión profunda, o en el caso del mínimo roce con su ropa, transmitir una acelerada gastritis.

Me debo a mi oficio, sería deshonesto por mi parte, destapar sus turbios asuntos, resulta de una vida de complejas soluciones de supervivencia. Mi juramento me obliga a guardar silencio sobre las supuestas conexiones con pitonisas alcohólicas, hechiceros de medio pelo y brujas de alterne.

Como decía, aquí, en confidencia, Abel había madrugado, tal vez no durmió lo que hubiera debido, si bien, el cansancio no hizo mella visible. Arrancó el motor del coche a las siete en punto, con el informativo de la radio. En unos minutos era otro ataúd metálico haciendo carreras en la autopista del Mediterráneo, devorando kilómetros de asfalto.

Hora y media más tarde se hallaba en las calles del pueblo, sorteando el calor antes de que el sol ascendiera a lo más alto. Pasó por el banco a comprobar si las facturas vuelan, pero el interventor no se mostró comprensivo. Abel sabía, a ciencia cierta, que aquel gelatinoso ser enmascarado en un traje de lino oscuro, iba a sufrir un mal día, poco le importaba la forma, lo sabía, era suficiente.

A las doce veinte tenía hora con el especialista en el hospital, en casa ordenó un poco sus libros por hacer tiempo, apartó los que no leería ni atado y tras decidir tirarlos a la basura, los devolvió a su sitio.

Al ir sobrado de tiempo, fue a llenar el depósito de gasolina, lo cual era similar a pulirse la nómina del mes. La gasolinera abastecía a dos filas de vehículos, dos furgonetas y tres utilitarios, se colocó en la cola pensando que sería poco lo que esperaría.

Absorto en sus pensamientos, de súbito, un automóvil menudo pero pintoresco, se coló después de realizar una S y situarse delante.

Abel, de sangre caliente, increpó al conductor mientras filosofaba sobre su vida, el imán que poseía para los problemas.

El temerario conductor salió de su vehículo y se aproximó al de Abel sin dejar de soltar mierda por la boca. Era un elemento curioso, aunque no por único, había más con el mismo perfil y limitadas capacidades intelectuales. No quisiera parecer sarcástico con estos benditos, generaciones del futuro, pues ellos son inocentes de ser unos capullos integrales. Sin embargo, reitero la vulnerabilidad a la que viven sometidos, al acoso del consumismo, responsable de que los chiquillos vayan con malas compañías. Son marginados y ellos, en respuesta, roban, delinquen, arman bronca, beben, se drogan.

Abel no se inmutó ante las voces del muy hijoputa, impasible le echó una ojeada al colorido automóvil y esperó a que partiera.

Minutos más tarde, a unos tres kilómetros de la gasolinera, Abel observó los restos humeantes del accidente, el vehículo volcado con una de las ruedas girando aún, las ambulancias, la policía, los curiosos, el fiambre.

Encendió un cigarrillo con rabia cuando los dejó atrás. El retrovisor le devolvió la fatal escena empequeñeciendo. Imposible, maldijo en alto. Consciente de lo difícil que era dejar de fumar.

Imposible

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13 comentarios leave one →
  1. 01/05/2010 20:46

    Eduard, mon cher, eso no tiene la más mínima importancia. Sólo lo escribí como especie de tonta explicación para lo que comentaba Cerecita. Me sirve en todo caso, para tener una idea del proceso. Los hijos estos nuestros, hechos de ideas aunque mucha gente no lo crea y a diferencia de los de carne y hueso, se olvidan con relativa facilidad. Los parimos con mayor o menor esfuerzo, los echamos a volar y años después vienen de visita y somos capaces de desconocerlos. A mí me ha pasado más de una vez que he visto en una pared ajena un afiche que me ha llamado la atención o me ha gustado y cuando me acerco a ver el autor surprise! Es mío. Es impresionante. Loving you, M-8

  2. 01/05/2010 10:02

    M de memoria M de Milla M de maravilla. Después de hacer una pequeña supervisión con carácter retroactivo, me percaté de lo vago que me estoy volviendo, de la poca tolerancia que poseo para los malos días, el esfuerzo que merma paulatinamente al hacer o deshacer.
    Están en temporada de rebajas en el hospital y voy más a menudo. Eso me toca el casco.
    He perdido, mejor dicho, jamás puse orden en los relatos que fui colgando; al entrar visitas nuevas tengo a gala sacar lo mejor del repertorio, pero la jodida memoria me la juega. Tengo relatos en varias carpetas creadas con la intención del control. Caótico. No tengo claro lo que subí, lo que no, lo que repetí, lo que dejé en el tintero, con las ilustraciones me ocurre igual, esto último es lo que alertó tus sentidos cognitivos, estimadísima y queridísima M.
    De veras que siento la reedición reciente, pues he comprobado que tengo cuentos a medias, por terminar e incluso me parecen buenos.
    Un niño y un puente, bueno, yo también recuerdo tus comentarios sin tener que ir a buscarlos, lo creas o no.
    La memoria es así, le gusta divertirse con nuestros recuerdos.
    Kiss & ssiK

  3. 30/04/2010 22:30

    No comozco todas tus historias, una por una y de memoria (salió verso), pero a mí tamién me hizo tilín la camplanita. Sin embargo, luego de ver tu respuesta a Chrieseli, me doy cuenta de que no, que es la ilustración la que ya ilustró otra historia automovilística pasada, donde había un niño y un puente, si mal no recuerdo (o me lo imaginé?) El caso es que estos dos…. testaferros tuyos eran los protagonistas visuales. Hace dos días se cumplió un año de la muerte de mi mejor amigo y, por tanto, de haber vuelto a fumar, luego de un año de haber dejado de fumar. Me pareció la fecha perfecta para dejar de fumar… pero tu abuelo era un hombre muy muy sabio, Eduard, filósofo y poeta además. Cuando no puede ser no puede ser y además es imposible

  4. 30/04/2010 0:14

    me has hecho pensar que los gafes llevan en si todas las malas noticias de las que uno puede ser participe, sobre todo en este mundo, que con cuatro trazos perfectamente has descrito y con olor a gasolina.

    Yo me miento a mi mismo diciendome que no quiero dejar de fumar

    salut company e intententaré no fer-me tan car

  5. 27/04/2010 13:22

    Tienes razón, somos peatones al volante. Lo he comprobado está misma mañanita en mi 8º clase de conducir…
    Me lo estoy pasando en grande, salvo por todos los peatones que salen de debajo de las piedras.

    abrazo bien gordo hermano.

  6. 26/04/2010 20:23

    Cuando no puede ser no puede ser y además es imposible, decía mi abuelo.
    Gracias, Anne, por pasarte.
    Que la fortuna te acompañe con contrato indefinido

  7. 26/04/2010 19:52

    No solo hay personas gafes, también hay momentos gafes, palabras gafes, actos gafes. Lo malo es cuando se junta todo como le pasa a tu protagonista, demasiado es demasiado!
    Espero que hayas tenido un buen día y lo sigas teniendo, sin gafes en la costa.

  8. 26/04/2010 17:38

    No estaba seguro de cuando la subí, pero sumando lo que me dices Chrieseli, no debió ser hace mucho. Si es una reedición, tal vez demasiado reciente.
    Es curioso que mientras tu empiezas a quejarte del frío aquí lo haga yo del calor, del cual soy enemigo radical.

    Abrazote

  9. 26/04/2010 17:13

    ¿Es mi percepción o en algún minuto hubo alguna precuela de esta historia? ¿O es tal vez el retoque de alguna anterior?. O el frío está afectando mi comprensión de lectura?
    Un abrazo

  10. 26/04/2010 15:38

    Todos somos peatones, incluso al volante somos peatones al volante.
    Brothers forever, young wolf

  11. 26/04/2010 14:27

    Merd, he llegado tarde. Que consté que lo leí anoche pero me quedé dormida antes de escribir el comentario.

    El relato muestra una vez más como el ser humano (ignorante) se transforma al volante y como el ser humano (con 2 dedos de frente) mantiene la compostura.
    En cuanto al final, no es tan dificil dejar de fumar…hace falta fuerza de voluntad. Tu prota no es gafe solo esta en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. 😉

    adeu hermano lobo

    PD: es una pena que no seas mi padre, ayer Poseidon me lo dijo todo asique te libras de la pensión alimenticia y de la paga semanal.

    ¿Pero podemos ser hermanos no?

  12. 26/04/2010 9:37

    Para que luego digan que el factor suerte no es vinculante, lo de fumar es punto y aparte porque los no fumadores o ex-fumadores no entienden a los fumadores que no lo dejan. Deben pensar que nos atrae la idea de pillar un cáncer de pulmón.

    Hablando del tabaco, dónde ….
    Salut Micromios

    PD Ens hi-deixarem la pell (Corrígeme cuando creas oportuno. Yo nunca estudié catalán y seguro que hago millones de faltas)

  13. 26/04/2010 9:03

    Estupendo retrato de un gafe que te da pie para hablar de muchos temas. La sociedad que vivimos es un poco o un mucho gafe según se mire. Incluso se plantea dejar de fumar.
    Muy bueno el final.
    Salut

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