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▶ Historia de una Actriz Ilustrada

10/05/2010

Actriz Ilustrada

Sin quitarse el abrigo se acomodó en la silla para los clientes.

Siéntese por favor

Dije queriendo dejar una sutil constancia de mi notable ingenio. No obstante, soy culpable de dejarme fascinar. Era la mujer más bella que jamás había visto, insólita como un felino por descubrir, atrayente como la gravedad de la tierra y sugestiva como la mirada de una serpiente. Derrochaba elegancia natural, con una superioridad inusual para las mujeres de aquellos días.

Quiero encargarle un trabajo. Que siga a alguien, porque eso es lo que hace ¿Verdad Sr. Mórtimer? Seguir a la gente.

No moví un músculo facial, dejando que nuestras miradas se fundieran en el mutuo deseo. Si bien, un estúpido lapsus impidió que mantuviera los ojos atentos. Mientras fumaba, dibujaba órbitas de humo en forma gradual y ascendente; otra demostración de mis habilidades, uno de los círculos humeantes se me metió en el ojo, decorándolo como un tomate partido. Y lo peor, cohibiendo la excitación que, sin duda, mi virilidad provocaba en ella.

Sepa usted que me he informado de su pasado – Dijo de repente, dejándome con la mandíbula colgando de un cigarrillo. – Su paso por prisión y sus tres divorcios (El cuarto estaba al caer) Su expulsión con deshonor del cuerpo de policía.

No siga por favor – Interrumpí – Me halaga tanta afición por mi biografía. Pero ¿A qué se debe el honor? ¿Si puede saberse?

Quiero contratarle Sr. Mórtimer. Tengo mis razones personales y dinero para remunerar facturas y gastos extras.

Tengo una reputación moral que sufragar Srta. Parker, la cual, como bien se ha documentado, está en entredicho.

Cincuenta dólares la hora. Doscientos por adelantado.

– Trato hecho.

Comencé por ella, intentando fotografiar el recuerdo de sus marmóreas posaderas al partir en cuanto terminamos la entrevista. Angie Parker, nombre auténtico: Angélica Morales. Actriz, 31 años, metro setenta y tres, 90, 60, 90, europea, blindada por un agente anónimo que queda fuera del asunto. La Srta. Parker cometió el error de acudir a la comisaría personalmente a denunciar el acoso, mejor dicho, la supuesta persecución de un hombre al que nunca vio. Con todo, lejos de cohibirse a causa del trato policial, se envalentonó. Por expreso deseo de la casualidad, el sargento de guardia le proporcionó mi dirección.

Durante dos semanas no abrí las ventanas del despacho con la intención de contener el aroma de su perfume, también así mantuve la sesera centrada en el caso, y en caso de necesidad, un ambiente idóneo para la práctica del onanismo. Dormía de día y la seguía de noche. Aunque tuve que pedir un salvoconducto para que dejaran de vetarme la entrada a los locales que solía frecuentar. Infiltrado en la élite de los famosos, pasé percibido. Sin embargo, ello no impidió el resultado de mis pesquisas, sobornos al personal de cocina, camareros, peluqueras, jardineros. A pesar de peinar el distrito como el sedoso pelo de una muñeca, no di con una jodida pista. Y no podía defraudar a aquella mujer, existían posibilidades de boda si todo salía bien, razón por la cual decidí arriesgarme acercándome más.

Engrasé el viejo Colt y lo enfundé en el cinto. Acicalado como le hubiera gustado a la madre que nunca conocí, decidí convertirme en la sombra de su sombra. Aquella noche de estreno, descubrí al sospechoso entre bastidores, a pocos metros de mí, alto y fornido, con abrigo largo, cándido e inexperto; prejuzgué. Aprovechando un cambio de escenario a media luz, probé emboscarlo pipa en mano. Caí sorprendido, atrapado en mi propio plan, con el gélido cañón de un hierro presionándome el cogote. Al girarme para enfrentarme al captor, me quedé tonto, sordo y mudo.

Dejo el caso. Le devolveré hasta el último dólar. Búsquese a otro.

Pero, ¿Qué ocurrió? ¿A qué viene esta conducta? ¿Tuvo problemas?

La cité en el despacho esa misma madrugada. Mientras la esperé, bebiendo y fumando, me rompí la sesera buscando cómo asimilarlo. Una definición; inhumano. Lo vi con mis propios ojos y no iba a verlo más porque era imposible. ¡Imposible!

Usted lo sabía. Está buscando a un tonto para que cargue con el muerto, si se le puede llamar de este modo. Alguien que lo asesine a causa del pánico, o lo denuncie para acabar siendo linchado. ¿Quién es, Parker? ¿El fantasma de su abuela? ¿Un científico loco? Rompo el contrato delante de usted. Ahora váyase y no vuelva nunca. Hablo muy en serio.

Aseguré quitando el seguro al Colt del 45, apuntando justo en medio de los dos pechos más hermosos que jamás volvería a ver.

Si mi pasado ya era una caja de truenos dada mi profesión, haber suscrito la existencia de un hombre invisible me hubiera costado el permiso de armas y tal vez la reclusión en un loquero. Razón por la cual: Ustedes no me conocen, yo a ustedes tampoco. Y esta historia jamás tuvo lugar.

☆ReediciónSerie Etiqueta Negra★

10 comentarios leave one →
  1. 14/05/2010 15:51

    Eso es estar bien informado, o tener mucho internet por la mano.
    Sigue, sigue, tu sigue….que vas bien.

  2. letrasdeagua permalink
    13/05/2010 19:53

    Como sigo algo enf….. te repito ¡a los carromatos!! concediéndome todas las licencias literarias oportunas para reconvertir a este perdedor Señor Mortimer en un héroe del farwest protegiendo a la elegantísima Audrey [agazapada en el interior de una diligencia] disparando su Colt del 45 contra los más temibles arapahoe en un desierto cualquiera del extenso Colorado dónde la señorita que cierra el relato, por muy rubia que sea, no parece que tenga mucho que hacer.

    PD Qué guapísima era Audrey. Este mítico vestido negro tan elegante fue diseñado por Hubert De Givenchy. Dominique Lapierre obtuvo por su subasta en Sotheby’s 700.500€ [la cifra más alta alcanzada por una confección para la gran pantalla] que destinó a sus proyectos filantrópicos en India [Asha Bhavan Centre] donde se atiende a niños menores con problemas físicos o mentales, muchos de ellos irreversibles.

  3. 12/05/2010 23:02

    No quise ser más elocuente hasta haber hecho las correspondientes comparaciones con la original. Esta sí la recordaba. Fue de las primeras que leí. Pero el work no me ha dejado. Así que vine, provisionalmente, a decirte que me gustó mucho. Y que espero noticias, muchas y buenas. Besos’n icecream.

  4. Claudia Ibañez permalink
    11/05/2010 15:44

    Suscribo al pedido de que dejes a Audrey, tiene el glamour más honesto que jamás he visto…el encanto genuino, sin poses forzadas…Eduard: en esta línea temática, tenés estilo, tenés sello…no he leído todavía (ya vendrá) ni la cuarta parte de tus cosas y creo que si en cualquier lado leyera un relato escrito por vos pero sin tu nombre, podría decir que es tuyo…eso es talento…y muchos escritores pasan la vida tratando de buscar “su sello”, muy pocos lo encuentran, vos ya lo tenés. Gracias por otra historia! Un abrazo!

  5. 11/05/2010 14:00

    M Elocuente
    Charlotte: Perfect girl. Mi novia es calva, no tiene caspa y no usa laca.
    Pipermenta: Con lo dicho y la forma en cómo te pronunciaste es más que suficiente para agradecer tu prosa en un comentario, cuyas palabras son opinión clara y concisa de percepción.
    Digo, y aunque tenga más por decir, de momento callo.
    Anne, perceptiva y buena memoria, repasado pero este en especial muy poco, si bien debo decirte que los comentarios que me dedicaste por aquellos entonces los tengo enmarcados en el pasillo de mi choza. Fueron un chute francés de ánimos los cuales me empujaron hasta lo que hoy es el blog.
    Micro, eternamente abierto a tus palabras, opiniones y criterios, si suscribes a Anne, yo os suscribo a ambas, modestia aparte.
    Por los siglos de los siglos, Gracias MIL

  6. 11/05/2010 13:55

    Como el anterior texto, la mujer fatal se “come” la escena.
    Coincido con las anteriores, la auténtica mujer fatal tiene mucho de Audrey y coincido con Anne en el detalle de cerrar el despacho para mantener su olor.
    Pobre(s) fantasma(s).
    Salut

  7. 11/05/2010 9:35

    El protagonista se deja engatusar por la mujer fatal. Estoy de acuerdo con Charlotte , deja a Audrey y quita la rubia de en medio. Este relato, recuerdo haberlo leído el año pasado pero ahora está repasado, verdad? Muy bien logrado el retrato de la mujer fatal. Que tierno el detalle del señor Mortimer encerrado en su despacho para no dejar escapar el olor de Angélica Morales. Por cierto este nombre me suena, escritora quizá?
    Abrazos.

  8. pipermenta permalink
    10/05/2010 22:02

    Lo manejas de forma tan divina que asusta, el relato, digo. Por tu mente pululan viejas historias, locas por dejarse acicalar y engatusar por esa maestría tuya al relatarnos episodios míticos de la novela, más negra que el corazón de un blanco. Lo de la chica evoca retratos de alta escuela confundida entre los bajos fondos dónde mejor te ambientas. No le falta ni a ti ni al relato, la calidad necesaria para fumarse un cigarrillo a medias y dejar que el intelecto se ahogue con su propio humo.
    No tengo más que decir.
    Un abrazo.

  9. 10/05/2010 19:28

    Merd, ya no soy la primera. No pasa nada, sé que sigo siendo la niña de tus ojos🙂

    1º Me gusta como descirbes a esa femme fatal, como nos arrastras a callejones oscuros y como nos traes de vuelta con un final menos que esperado.

    2º La rubia buscona no pinta nada aquí déja solo a Audrey, es más guapa, es lista y tiene un “je ne sais qoui”…no puedes ir a dos bandos. -¿Rubias ó Morenas?
    -Pelirrojas dices? En serio?

  10. 10/05/2010 18:56

    🙂

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