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▶ Calibre 38

13/05/2010

Reedición Serie Etiqueta Negra

♣♦♠♥ En el extremo del cenicero de cristal, un cigarrillo manchado de pintura de labios se consumía desintegrándose como un tubo cilíndrico de ceniza. A su lado una botella de whisky hacía la función de anfitrión para dos vasos con pedazos de hielo flotando en su interior. Estos objetos estaban cerca del borde de una mesa negra ovalada. La luz roja del techo se reflejaba en la superficie.

A un par de metros, enfrente mío, un tocador alumbrado por una carrera de bombillas; la mitad fundidas o apagadas. La melena negra agitada por dos manos ensortijadas caía suelta sobre la bata abierta de la mujer. Extendió una pierna, luego la otra y se quitó las medias. Después de apagar el cigarrillo, se giró hacia mí y reposó los antebrazos sobre los muslos abiertos, con la punta de los pies arqueados, dando un descanso a las plantas. Los zapatos rojos con tacón de aguja asomaban tirados bajo la cama.

¿Me pasas la toalla por favor?

Gracias cariño.

No dejó de mirarme mientras se secaba la piel, rociada de sudor. De súbito, lanzó el pelo negro entre las piernas, empujando la espalda hacia abajo con las manos apoyadas a las rodillas. En un segundo se reincorporó motivando un salvaje temblor en los pechos. Mi cerebro hervía como una olla a presión. No digamos en la entrepierna.

Entonces, sin levantarse del taburete, regresó al reflejo de su tocador. – ¿Quieres servir unos tragos? Ahí está la bebida.

Se frotó la cara con gajos de algodón que una vez manchados de rojo y azul tiraba a la papelera. Luego se desembarazó de las pestañas postizas y las joyas.

A través de mi vaso pude ver como se tomó el whisky de un trago, colocó los pendientes de ópalo y diamantes entre las horquillas, barras de labios, cepillos, perfumes, y una hilera de frasquitos brillantes. Me ofreció el vaso que no demoré en volver a llenar. Parecía tener un incuestionable deber por verse delante del espejo, contemplándose con dureza, la cabeza alta y la mirada altiva, inclusive amenazadora.

Al tercer trago sostenía el whisky entre las piernas estiradas, por encima de los muslos, y mantenía los ojos entornados hacia los dedos de los pies, prestando toda su atención al color de las uñas, un cigarrillo colgando de la comisura de los labios. Yo seguía acomodado en el sofá de la casa, impertérrito al juego de la gatita. Como un perfecto idiota en una situación discutible. Contratado de niñera a cambio de un fajo de dólares. No era trabajo digno para alguien como yo. – ¡Ni para ir a mear Carlitos! Ni para ir a mear. La acompañas tú. ¿Comprendido? – Todavía oigo las voces. La dama era una preciosidad, con unas piernas interminables, cintura de avispa y pechos de Diosa. Cómo describir la cara, la piel pálida, sin una peca, sin una arruga, los labios carnosos y rosados, pero ¿Y los ojos?, verdes como las esmeraldas que manejan los colombianos del Bronx.

Una escultura de carne y hueso que, harta de los negocios de su querido, el Boss de la familia polaca, le ponía los cuernos con el primer italiano que se cruzaba. Ésta fue la principal razón de la guerra entre los dos clanes del distrito. El cornudo tenía una lista negra de espaguetis asesinados y por asesinar. – Tú eres un tipo de confianza Carlitos. Conoces el respeto – Aún zumbaba en mis orejas su discurso, sentado ante un escritorio de oficinista en el centro de una nave industrial abandonada y pringosa, con un gorila del pueblo a cada lado, desertores del arado con menos cerebro que una gallina tuerta y más fuerzas que un buey de tiro. La verdad; sentía asco por el Polaco, por su negocio y por su vida en la ciudad. En cuanto a sus métodos, mejor no caer en sus manos. Despiadado sin escrúpulos, tenía a gala ocuparse personalmente de los asuntos más delicados sin obviar el dato de un pasado como charcutero en Polonia.

¿Me pintarías las uñas de los pies? Desde esa posición podría darte una buena razón para tus actos. – Dijo ella agitando los traviesos dedos del pie.

Mis actos. Los hombres quedan en el recuerdo por sus actos, las palabras se las lleva el viento. Pensé en las consecuencias de los actos y deduje que la vida depende del momento en que decides actuar por tu cuenta, cuando sientes con furia en tus manos las riendas tensas del destino intentando gobernar tus actos.

Accedí a su deseo que era el mío. Coloqué el 38 y el reloj de oro junto al cenicero.

Elegí el esmalte rojo sangre y me dejé llevar por la panorámica, el camino hacia el pecado que iba a consumar a placer. Soy víctima de mis debilidades, lo confieso y sé que mañana polacos e italianos sabrán que soy hombre muerto. Pero hoy, la mujer del Polaco, se enterará de qué pasta están hechos los hispanos.

Extendí mis manos hacia ella, la atraje con pasión, la besé y creyéndome vencedor me dejé vencer.                                                      ♣♦♠♥

Pillando el Punto

12 comentarios leave one →
  1. Perico permalink
    23/06/2010 9:01

    Ha vuelto a desconectarse la línea. Me gustó la sencillez del argumento y al fin, semejante mujer vale una vida.

    Un abrazo.

  2. 14/05/2010 15:47

    Letras: Celebro que te gustara el relato y su atmósfera, y no siempre dices o mismo, sucede que es difícil buscar qué decir cuando el autor se repite en su género sin variantes significativas de relato a relato. Aunque dudo mucho que tu tengas ese problema de no saber que decir.
    Sigue, sigue, enf..por mi no te cortes.
    Ortega y Gasset, este si me dijo mucho en mis tiempos de estudiante.

    PD Cierro los ojos y bailo al borde del tejado.

    Micro, siempre a tiempo, con las palabras justas y adecuadas, incluso he averiguado que a las mismas horas. Disciplinada, firme voluntad, compromiso.
    Llamando las cosas por su nombre.
    Salut i força

  3. 13/05/2010 21:01

    Si hay que morir que sea por una buena causa.
    No puedo evitar pensar en Rita H. bajando el pelo y levantando la cabeza retadoramente. Eso si, en color y con visa oro.
    Espléndida reedición
    Salut

  4. letrasdeagua permalink
    13/05/2010 20:18

    El relato es Soberbio Como De Costumbre. Magnífica atomósfera [siempre digo lo mismo ¿verdad? pero es que es verdad] Brillante juego en el que nos desgranas con detallada puesta en escena lo que está por ocurrir en un continuo intercambio entre los ¿naturales? gestos de la mujer del Polaco versus las tribulaciones de Carlitos que me temo que cobrará en balas de plomo o pies de cemento esa necesidad de demostrar la pasta de los hispanos. Si es que ya decía Ortega y Gasset que “el eversor termina cayendo prisionero”. Sigo enf….. Muy Bueno.

  5. 13/05/2010 19:38

    ¿Como que no estoy? Lo esencial es invisible a los ojos, sweetheart. SIEMPRE estoy, grábate ese dato estable e inamovible justo en el medio de tus hirsutas cejas. Como la marca de Caín.

    Ay Carlitos….! Muy bien escrito. No. Fantásticamente bien escrito. Fluido y unitario. Lo único malo que le encuentro a estos relatos es que atraen a las legiones de tus fans como abejas al panal y llego siempre tarde, cuando ya todo está dicho. Las suscribo a todas ellas.

    Ah, no, espera, falta algo. La foto. Es rubia, Tus mujeres son morenas de ojos verdes todas, con excepción de la irlandesa aquella, ¿me equivoco? El vestido, bata o lo que sea, inigualable.

    PS: Bendito cine negro… me sale hasta en la sopa en estos días. Anoche, en una conferencia en que estaba en una librería, terminé con un libro magnético entre las manos, leyéndolo apresuradamente junto a un café en el receso. No me preguntes cómo aterrizó en mis manos. En la portada tenía un puño cerrado y en las falanges mayores tatuadas las letras H-A-T-E. En la contraportada, naturalmente, estaba el otro puño…… ya sabes lo que decía. Aprendí al menos en esos diez minutos por qué le pusieron film noir los franceses….

  6. 13/05/2010 18:34

    Si? pues ya me la estas dando porque las coleciono.

  7. 13/05/2010 18:25

    Muy buena puesta en escena !

    Anda que me pide a mi que le pinte las uñas rojas y uso el 38. Es una aversión incomprensible, lo reconozco. Eso si, las piernas me pierden, con lo que quizás compense. Estoy hecho un lio.😦

  8. 13/05/2010 17:40

    La escritura pegada a la mujer fatal en blanco y negro donde resaltan el carmín rojo en el borde de la copa, los zapatos rojos y las uñas que el protagonista se dispone a pintar de rojo. Debajo de estos tres toques rojos late el deseo acrecentado por lo prohibido. Eduard, por mí que has pillado el punto.
    Eva tomando el sol…Sabina.

  9. 13/05/2010 16:03

    Charlotte: Sabes demasiado, hay una bala con tu nombre.

    Piper. Tu comentario es una descarga, pero no de balazos, sino de ánimos y energías. Se agradecen de corazón tus letras para este siniestro blog que naufraga sin rumbo claro.

    Claudia, gracias por las muestras de respeto inmerecidas a todas luces. Oso proclamar que aquí todos navegamos por parecidas travesías, con aparejos pares, mareas con vientos y ganas de ser leídos o rescatados.

    M, ay, si no estás.

  10. Claudia Ibañez permalink
    13/05/2010 15:16

    Acoto que tus mujeres tienen el glamour y la fatalidad del cine de los “años dorados” que le dicen…por lo demás, para qué hablar más que para darrte ánimo y agradecerte, Eduard…si fuera hombre, me sacaría el sombrero, si fuera dama antigua, haría una gentil reverencia…como soy una argentina promedio y efusiva te digo: “che, cada cuento tuyo que leo está mejor” y te doy un abrazo fuerte a través de la red.

  11. pipermenta permalink
    13/05/2010 12:35

    Ala, menuda forma de enganchar. Ese final creando cátedra ” …Creyéndome vencedor, me dejé vencer” es toda una declaración para que te lluevan balazos en forma de comentarios. En serio, una pasada. Me dejas con los ojos pegaditos a la pantalla, visualizando una entrega policíaca, en la que uno se abandona y con un hambre insaciable, espera el siguiente bocado.
    Ando yo también en acuerdo con Charlotte. Cada mujer que describes es una imagen que busca la perfección. Y por el gran Scarface que lo consigues.
    Salut

  12. 13/05/2010 11:21

    La acción se desarrolla en blanco y negro, nada más sensual y cautivador que eso. La luz roja del techo, el pintalabios, los zapatos y el pintauñas rompen la monocromía. Lo he vivido en fotogramas, una a una, como un CSI que toma fotos de la escena de un crímen.
    Tienes un estilo único a la hora de describir a tus hembras…cada una más bella e irresistible que la anterior. Me alegra saber que tu personaje esta vez ha caído en la tentación, a pesar de las consecuencias…

    Olé Olé y Olé al hispano/macho ibérico.

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