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▶ Introducción de Extracto Exacto

18/08/2010

De algún Botiquín Privado de Internet

Breve Introducción al Proyecto Literario

Al cambio de guardia, la UCI se convierte en una melodramática empresa de lamentos y gemidos. Ocurre igual en las salas del hospital donde padecen los ingresos más afectados. La esencia de dolor radica en la ausencia de planteamientos prácticos, ya que siquiera consta como asignatura en la carrera de medicina. A resultas de absurda paradoja, facultados, pacientes y familiares se enzarzan en una batalla carente de valor científico.

La polifacética biografía de Charly Parker me inspiró el remedio. Julio Cortázar me alumbró con El Perseguidor y Clint Eastwood me persuadió con Bird; entre ambos terminaron por convencerme.

Resultaba más simple conseguir unos gramos de heroína, que establecer un diálogo inteligente con los matasanos delegados para el caso.

El saxofón del Pájaro Libre guió mi camino con un producto caro, sin embargo más efectivo que cualquier combinación de medicamentos sintéticos de laboratorio.

Durante mi ingreso en el Hospital de Santa Creu i Sant Pau, el último de mi dilatada odisea clínica, advertí la experiencia como si hubiera caído preso de una pesadilla con Alicia en el País de las Penurias.

El arquitecto Lluís Domènech i Montaner (1850-1923) fue el encargado del proyecto. Gracias al legado del banquero Pau Gil, Domènech i Montaner desarrolló el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau como el edificio más relevante del modernismo catalán. Su valor arquitectónico y patrimonial superó su uso como Templo de la Salud, adquiriendo dimensiones de resonancia internacional y el reconocimiento por parte de la Unesco.

El más mediocre escritor habría acudido al archivo histórico del hospital sito en el mismo complejo a documentarse con los datos originales. Un escritor con ambición, sin duda lo habría hecho.

Los festivos son días hostiles para los enfermos. Puesto que los facultativos veteranos gozan la libertad del merecido estatus jerárquico; para cubrirse las espaldas dejan en su puesto a un MIR – Estudiante en el último año de carrera. – Los aspirantes, por lo general inseguros y asustados, ansían por todos los medios involucrarse lo menos posible en el diagnóstico de sus mentores, puesto que dado el caso, además de correr el riesgo de errar, les acarrearía tener que dar explicaciones.

Digo esto para recrear la conexión entre aquellos días festivos, la asfixiante ola de calor y los hechos.

Semana Santa de fin de siglo.

Aprovechando la súbita llegada del buen tiempo, me libré del yugo instrumental de la habitación donde yacía junto a un indecoroso octogenario, atado a la cama y completamente sedado. Comprobé los sueros después de asegurar las vías del catéter. A renglón seguido, me ausenté del pabellón bajo mi cuenta y riesgo, en pijama y zapatillas.

A paso lento y con la santa aquiescencia de las enfermeras, arribé al banco del jardín de enfrente.

El hospital era por entonces una auténtica muestra de progreso. Los veintisiete pabellones separados por floreados jardines invitaban a disfrutar del paseo mientras éramos contemplados por las mudas gárgolas de las fachadas.

Un conjunto artístico nutrido por la contribución de cientos de manos artesanales, un interior de mosaicos, pinturas, esculturas y obras de fragua asociadas todas para el proyecto arquitectónico.

Luego de haber paliado mi dolor con poco más de un cuarto de gramo de heroína adulterado con un veinticinco por ciento de lactosa, fui a explorar el nuevo entorno.

Frecuente era ver pasear entre los jardines del centro a los afectados, al personal del hospital, los familiares, las visitas, los grupos de turistas dirigidos por guías culturales. Los orientales fueron los primeros en concebir el hospital como Patrimonio de la Humanidad, perpetuando la genial obra junto a los enfermos deambulando por sus recovecos.

Por supuesto, me dejé retratar, siempre adherido al botellín de suero fisiológico e interpretando, con intenso dramatismo, distintas pantomimas de malestar general. Logrando captar para ellos imágenes únicas del típico patógeno español en su hábitat natural.

Susodicha situación tan metafísica como irreal me reportó un andamio de versos que atrapé al vuelo, y con los cuales escribí mi primer cuento en San Pablo, como era conocido el hospital por la mayoría de habitantes de Barcelona durante aquellos tiempos de transición lingüística.

15 comentarios leave one →
  1. 24/08/2010 16:13

    Why what?

    Holaaaaaaaaaaaaa M! Qué tal el desierto?

  2. 23/08/2010 19:02

    Lo dicho…. Why?

  3. 23/08/2010 9:31

    Te quedaste con el gran detalle, eh loba. Es que se está o no se está.

    Mordiscos.

  4. 23/08/2010 1:54

    jeje no había visto el bote de touch me, y eso para que sirve se pregunto ella? ^^

    [El más mediocre escritor habría acudido al archivo histórico del hospital sito en el mismo complejo a documentarse con los datos originales. Un escritor con ambición, sin duda lo habría hecho.] me encanta…

  5. 20/08/2010 10:25

    Perfecto Anne. Me acostumbré a leerlo tantas veces de forma mecánica que no vi la evidencia. Ha sido un detalle muy constructivo, más aún cuando las primeras líneas se supone tienen una importancia vital. Lo cambio súbito presto.

    Una aclaración, como tripolar y propietario de un desdoblamiento de varias personalidades, diré que, aunque cueste de creer, que sólo es una de esos personajes que mamé muy de cerca en su momento, pero para nada son representativos leales de la realidad, aunque la roce de muy cerca.

    Quizás sea yo, con 20 años más, como el lazarillo que siguió los pasos de protagonista, que convivió con él, que le pagó las fianzas y le ayudó a huir de los furtivos nidos de amor. Si bien, dejar estas dudas en el aire tampoco me parece mala idea.

    Gracias por la corrección.
    Besos y un abrazo Monumental

  6. 20/08/2010 9:41

    Ayer pasé a leerte y me quedé tan turbada que no te dejé comentario.
    Extracto exacto, eres tú, ni más ni menos. Te reconozco en la escritura impregnada de humor que fluye de la desesperanza a la risa. Perturbador.
    Me permito señalarte una redundancia, justo al principio. La canícula siempre es debida al calor.
    Una amiga muy resabionda te manda un abrazo.

  7. pipermenta permalink
    19/08/2010 11:20

    Vale. Me gusta. Me gusta tanto que si consigues el milagro de publicar seré la primera en gastarme todo lo que me queda cobrar del inem, en tu esplendida historia.
    ¿Puede ser posible un poquito más para no dejarnos con la miel en los labios?
    Adelante con ella, porque nadie más que tú, sabe lo que vale.
    Abrazos.

  8. 19/08/2010 10:27

    Charlotte, tengo un botiquín a petar de fármacos preciosos, pero en cambio me falta el más importante, algo para la Eduarditis, mal de alturas vertiginosas que no conoce el sentido común.
    PD Si necesitas algo, garantizada discreción.

    Amadísima Phatricia, como me pone que me digas que dan ganas de seguir leyendo. Es evidente que los libros lleven algo de nosotros, sino seriamos como los guionistas yanquis que copian y pegan, pegan y copian, fusilan y disfrazan.
    Verdad es que por algún lado la historia, cualquiera de las que escribo, lleve algo que me toque o me haya tocado de cerca.
    Puertas abiertas a la especulación.
    PD No conocía el libro, pero al leer sobre su autor, posiblemente lo busque más pronto que tarde.
    Gracias por el chivatazo.

  9. 19/08/2010 4:46

    Edward querido, sólo puedo decirte que cada día me sorprendes más, a veces leo tus textos en el correo, de a poco y no comento, pero ahora quise venir a decirte que me gusta, síii, me gusta, es ágil, bien lograda, creíble, dan ganas de seguir. Creo que en cada libro que escribimos dejamos un poco de nosotros, eso veo en este, algo de ti dibujando caminos con las letras.
    Un abrazo, (leíste Shantaram… creo que te gustaría)

  10. 18/08/2010 22:53

    Crecetetas y vaginaloka? ohh dios meu😀 hahaha

  11. 18/08/2010 22:52

    Primero me he reído con tu botiquín, luego se me fue quitando la sonrisa.
    Luego volví a sonreir, bien sabes tu porque.

    me muero por ver esas 150 páginas en una libreria, comprarlo y salir corriendo al parque más cercano para leerlo de cabo a rabo de una sentada.

    abrazos

  12. 18/08/2010 22:19

    CHrieseli, tengo 150 páginas que giran alrededor de este viejo Stone. Estoy trabajando en ello con delirios de grandeza y sin modestia.
    Veremos cuanto dura la nube de la ilusión.

    Pero no Claudia, no tienes porque pedir disculpas ni nada por el estilo. Es un placer saber que lees mis letras, cuando te venga en gana y cómo desees hacerlo. Yo sigo aquí, escribiendo, sin pensar más que en escribir y contar historias.
    Cuantos más seamos, más reiremos.

    Muchos Besos y Ánimos para echar para adelante. Y Abrazotes; evidente.

  13. 18/08/2010 21:17

    Mi querido Eduard…qué avergonzada me siento…por descuidada y distraída, di por sentada tu ausencia del Blog desde hace un tiempo en que lo anunciaste y no te busqué, y al no buscarte me perdí, de tu talento y de todo lo que ahora estoy recopilando…mis disculpas por la torpeza, y mi alegría por disfrutarte de nuevo! Un fuerte abrazo!!

  14. 18/08/2010 21:11

    Tan creativa como la foto que abre el relato, es la decisión de tu personaje…es que hay matasanos que hacen honor al nombre y dedican sus esfuerzos a acabar con lo que el paciente pueda tener de ileso…Qué gusto volver a leerte amigo!

  15. 18/08/2010 15:01

    Qué viaje mi querido Eduard. Bajo los efectos de la heroína un hospital. Creativo e insidioso, muy en tu estilo. Crítico pero divertido. Social, pero no tanto. Me ha gustado este paciente que pierde la paciencia y decide “curarse” a sí mismo de la manera que mejor le sale y de paso, posa para la posteridad, un concepto tan manoseado y tan lejano, como es la salud.
    Un abrazote

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