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► Extracto del Cruel Abandono

19/10/2010

Palmado en el Pasillo / Internet

Un mediodía me dispensaron el alta.

La administración del hospital, siguiendo los protocolos rutinarios, contactó con el familiar más cercano: Ángela, mi segunda hija, fruto del vientre de Eva, mi quinta esposa, con quien hacía más de veinte años no había tenido el placer ni el contacto.

Fue una sorpresa de órdago que accediera para hacerse cargo. Que tonto y que ingenuo, a mi edad; pues, naturalmente se trataba de una conspiración. Todavía oigo sus risas burlonas tras las sombras del telón.

Con los datos que Ángela hubo que facilitar, penetramos en la Periferia de la ciudad en una ambulancia de la Cruz Roja.

Adelantamos una hilera de rascacielos con cientos de nichos por habitar, sitiados por los poblados de chabolas, con los huertos ilegales repartidos por doquier, regados con las aguas fecales que encauzaban en la red de alcantarillados inconclusos.

Avenidas sin alumbrado, carroñas de gatos y perros pudriéndose en los arcenes bajo nubarrones estridentes de moscas. Calles sin asfaltar paralelas a descampados y vertederos con ratas grandes como conejos que cazaban y parían entre la inmundicia, el chasis de automóviles incinerados para borrar las huellas de quienes los robaron, chiquillos descalzos, piojosos y por escolarizar, no obstante instruidos para sisar en las líneas del metro, cuando no para practicar el tiro del tirachinas con el propósito de cazar un tierno pichón que echar al puchero.

Lejos de la Barcelona europea, mundana y moderna.

Al cabo de una hora de especulaciones sociales, a cambio de apoquinar unas cañas de cerveza en la taberna con los parroquianos más representativos del barrio, los sanitarios de la ambulancia ejecutaron el plan B.

Durante el regreso, el conductor, un cordobés argentino,  me ilustró sobre el caso, para nada extraordinario, sino al contrario, muy común.

Los familiares facilitaban una dirección, posteriormente daban de baja el teléfono de contacto. Cuando los servicios ambulatorios corroboraban la treta, los PS, que son las siglas para denominar referidos casos (Problema Social) éramos devueltos al hospital quedando a la espera de una plaza en los geriátricos subyacentes, ahora bajo la tutela del Gobierno de la Generalidad de Cataluña.

Aquella noche fui ubicado en la planta alta del pabellón de Sant Ramón, donde para mi gozo, pude compartir alegría y felicidad con el resto de internos, quienes como yo, habían sido excluidos de la sociedad como perros viejos y aburridos. Ancianos del primer mundo tiritando ante la incerteza del abandono, sollozando ante una impiadosa soledad que ya intuían cercana, confesando sinceros deseos de morir antes que depreciar sus dignidades.

Protestó uno de ellos en un arrebato de furia añeja:

Siempre fui hombre bueno. Jamás hice daño a nadie. Trabajé y pagué impuestos toda mi vida. ¿Para qué? Para que un adolescente con acné y una bata blanca después de meterme un dedo por el culo me diagnostique un tumor. Ni a mi Santa, en el cielo esté ignorando lo que aquí pasa, en éste antro de  pervertidos; ni a ella, a la cual todo le permití, la hubiese dejado profanar susodicho orificio.

Un diagnóstico hecho a dedo – Pretendí inventar un chiste que nadie supo apreciar.

Entonces estalló un amago de revuelta aplacada de ipso-facto por la ronda de chocolate caliente que repartieron las enfermeras. No obstante, el anciano, quien tan siquiera probó el cacao, volvió al ataque.

¿Qué es esta mierda? Un chocolatito para digerir mejor las pastillitas y a dormir. ¿Es qué no os dais cuenta viejos gilipollas? – Se dejó caer sobre la cama, capitulando la escena menguando entre patéticos gimoteos, siendo recriminado por un anciano de ojos saltones y narizota de patata, quien aprovechando la ocasión, le zumbó la taza de chocolate.

Mientras, en el despacho de la planta del final del pasillo, un joven médico con anteojos de marca, prescribía un aumento en la dosis de calmantes para el paciente número 8. Con el cual, jamás habló ni, desde luego, hablaría.

INTERNET

Era como si, después de ingresar en esta sala terminal, nos embutieran en cápsulas herméticas y, en secreto, nos lanzaran al espacio como basura cósmica.

15 comentarios leave one →
  1. 21/10/2010 22:28

    Es cierto, Edu, y es una putada. A veces hago lo posible por cambiarlo, a veces, más de lo posible. Siempre le cedo el asiento a los viejitos, sin importar el género, sea en un autobús, en una sala de espera, donde sea. Por supuesto que quien hoy es joven (como Sirenita), mañana será un viejo. Pero luego dejará su cuerpo, tomará uno nuevo, volverá a nacer, pasará por toda esa etapa espantosa de los pampers que irritan la pompa, de no poder comunicarte bien con tu cuerpo ni con los demás, luego esa horripilancia no menor de los 12 o 17 o 20 años en el sistema educativo (si tienes la desgracia de “caer” en una familia que allí te mandará) o de otro modo en las calles, por tu cuenta, si tienes la desgracia de “caer” en una familia que allí te mandará…. en fin…. Y vuelta y vuelta y vuelta. Hasta nuevo aviso.

    Por lo demás, estamos de acuerdo, JAMÁS te abandonaré en aquella residencia al borde del acantilado, donde tiran la basura al mar y siempre hay plazas libres. Antes te mandaría a secuestrar y te traería de incógnito con tu colección de anteojos oscures a mismo medio del Caribe.

    Muy buen chiste, de verdad, pero no como para decir que es lo mejor del blog, vamos!

    Firma, la gallina

  2. 21/10/2010 19:32

    Es cierto. Es una putada. Es real y lo vemos. Claro que lo vemos, lo vemos en todas partes dese el autobús al metro y paseando por la calle solitos.

    Si algún día se me va la cabeza del todo y abandono a mis padres en la vejez me gustaría que hubiera alguien alli para darme una buena colleja y dos pares de hostias.

    un beso

    PD: jajajajajajjajajaja si lo mejor del blog sin duda u____u

  3. 21/10/2010 17:26

    No digas eso M, di algo, por poco que sea. Somos la voz de quien no puede ser oído. Di que es cierto, que es una putada, di que somos conscientes, di que harás lo posible por cambiarlo, que le cederás el asiento a una abuelita en el autobús. Que siempre tropezamos en las mismas piedras, pues hoy quien es joven, mañana será un viejo.

    Dime que estamos de acuerdo, dime que no me abandonarás en aquella residencia al borde del acantilado, donde tiran la basura al mar y siempre hay plazas libres.

    Precisamente esta semana han detenido en Olot, Barcelona provincia, a un asesino en serie de viejitos que trabajaba en el mismo geriátrico que ellos descansaban de toda una vida. Con líquidos abrasivos tales como el salfumán o aguafuerte. Y el tipo encima dice que lo hacía por piedad.

    Media hora necesitaría pasar con él para explicarle como son las cosas más allá del bien y del mal. Me consuela saber que en la cárcel las pasara putas, pues estas alimañas no son bien recibidas y han de colocarlos a parte del resto de los reclusos. Ellos se encargarán más tarde que temprano.

    ¿Qué dice una gallina que se siente sola?
    Necesito “A pollo”.

    Ja,ja,ja, lo mejor del blog en lo que va de año,

  4. 21/10/2010 16:26

    […] En otras palabras, me has aplastado, no sé qué decir, Edu.

  5. 20/10/2010 12:21

    Lo estaba pero sentí el rastro de tus letras y lo seguí😉
    Ahora me vuelvo a la cueva. Un abrazo querido maestro.

  6. 20/10/2010 11:40

    Te perdono lo del chiste Micros, de todos modos es de un humor negro, negrísimo que no da para mucha risa.
    Somos tan poco previsores, tan adaptados al sistema, que tan siquiera contrastamos como será nuestro final si no cambian las cosas.

    Estimada lobita feroz,te creía buscando una cueva para invernar, pero no, veo que sigues aquí, observando a la especie humana que toma el autobús.
    Agradezco tu sensibilidad con el tema y tus amables letras.

    Abrazotes.

  7. 20/10/2010 11:26

    No viene a cuento pero vi hace poco Dogville y no puede evitar la comparación. Tratamos a los seres humanos como si fueran objetos, los disfrutamos hasta que dejan de servirnos y después a la basura. Lo mismo ocurre con los ancianos. Me entristece ver la mirada perdida de algun abuelito en el autobúes y pensar que estará solo, que nadie lo necesita ya.
    Algunos pocos afotunados tendrán nietos que les adoran pero en general acaban como tu bien dices en un pasillo de hospital esperando a la señora de negro.

    ¿No os parece absurdo que el comienzo de la vida sea celebrado y el final practicamente ignorado?

  8. 19/10/2010 22:07

    Para que luego alguien dude de la muerte asistida. No es necesario esconder bajo la alfombra la porqueria, simplemente es más humano dejar que cada uno sea libre de dejar de ser un mueble sin posibilidad de apoyar los floreros.
    Buena puesta en escena y buena interpretación.
    Disculpa si no me reí con el chiste, pero prometo no llorar tampoco.
    Salut

  9. 19/10/2010 21:05

    Llevas toda la razón Concha, vivimos tiempos modernos absurdos y sin lógicas, la comunidad científica invierte para alargar la vida en lugar de hacerlo para aumentar el grado de bienestar. Y así nos va.

    Decrépitos y enfermos deshechos humanos o morir antes con dignidad y las fuerzas suficientes para no convertirnos en un lastre.

    ¿Deberíamos tener todos la obligación de un testamento vital? ¿O esperar que se hagan cargo de nosotros llegada la hora?

    Agradecido por tu visita.

  10. Concha Huerta permalink
    19/10/2010 20:47

    Cruel, despiadado y real trato que se dispensa a aquellas personas que han alcanzado una edad que parece molestar a la sociedad consumista. De los hospitales mejor no hablo. he tenido experiencias para llenar una enciclopedia. Lo mejor no tener que pisarlos. Tendremos que plantearnos que vamos a hacer cuando la edad y la enfermedad nos pueda. Yo desde luego paso de ese trato…
    Un saludo

  11. 19/10/2010 19:50

    De hecho casi todas las grandes capitales poseen algún gueto que esconder, cual el padre alcohólico, el hijo drogadicto, la verruga en la nariz, el grano en el culo.
    Es más fácil esconder que humanizar, es más decoroso mantener lo feo en el trastero y lo bonito en el escaparate. Es más viable quitar del medio a los marginados que educarlos.

    Gracias por asomar Ernesto. Un abrazo.

  12. 19/10/2010 19:26

    Huecos para la supervivencia en una ciudad que oculta sus miserias, que retira de los lujosos escaparates aquello ya pasado de moda, o sencillamente viejo, y que ya no sabe aprovechar. Submundos previos al olvido, a la desaparición de lo que se considera ¿inútil?.

    Buen retrato el que nos das, duro pero real, y cada vez más frecuente. Por cierto, el chiste tiene su miga.

    Un abrazo.

  13. 19/10/2010 17:57

    Xmna; gracias por pasar, aún siendo una entrada triste y veraz. lo cierto es que a veces nos creemos lejos de estos problemas, nos olvidamos que son generacionales, y que iremos pasando por ciclos. Y que un día seremos nosotros los personajes del relato.

    Anna, el chiste es malo a conciencia, desde la vulgaridad que absorbe formas y caracteres, es un reflejo de como se vuelve uno según el entorno.
    No vayas a pensar que voy por la vida contando chistes tan grotescos.
    Es el cambio que implica la estancia en un recinto cerrado bajo leyes que uno ya no puede controlar, cuando uno ya no es, simplemente fue.

    Caricatura y Sombra

  14. 19/10/2010 17:18

    …como la vida misma. En nuestra sociedad, reino de la juventud, escondemos, relegamos todo lo que no es políticamente correcto, todo lo que nos estorba.
    Muy buena la descripción de la periferia, antesala del abandono, de la vejez. Muy malo el chiste.
    Un abrazo,

  15. 19/10/2010 14:41

    Que triste y sucede.
    Y luego se murieron. Y a nadie le importó.

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