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▶ La Última Copa

09/11/2010

Del autor nada que interese a nadie

▶ Siempre puede ser peor. Concluyó tras pasarle cuentas a la penúltima copa con fragmentos de hielo. Podía haber sido peor: Su lema favorito con que aliviar las heridas mal cicatrizadas del corazón.

Me llamó pasada la medianoche para que nos reuniéramos, ni más ni menos, en una suite del Hotel Arc; mandó un taxi a buscarme al extrarradio. 250€ del ala que pagaron en conserjería.

Mi espíritu desbordaba irresponsabilidad, mis huesos tienen tendencia a propinarme una colleja virtual en el hueso occipital del cráneo para recordarme, como un déspota dictador de maquinaria suiza, que no me junte con capullos ni no quiero volver al trullo. Sin embargo, la consciencia olvidaba que en los tiempos que corren mi compadre habría calculado mis deseos; es más, persuadiéndome con elementos más seductores que los que me recetaba mi equipo de la unidad de Oncología.

Las Ramblas se iluminaban desde la terraza de la suite hasta perderse en dirección al mar; hacía una temperatura agradable y el fenómeno primaveral había florecido retoñando árboles y alumbrando los geranios rojos de los balcones, desde la calle llegaban risas y voces llenas de vida.

– A tu salud viejo. – Brindamos con un par de escoceses de Etiqueta Negra – Tras el primer trago me miró fijo para a renglón seguido soltar una estrepitosa carcajada de efecto contagioso. Una costumbre arraigada a su ser en contrapartida a la adversidad.

– Bueno. Ya me tienes aquí. ¿Sabes que eres el único con potestad para sacarme de mi casa de madrugada? Cuando le dije a mi mujer que eras tu quien llamabas, me preguntó si estabas bien y cuando le dije que si, dio media vuelta y continuó durmiendo.

– De noche y de día. – Volvió a reír con los ojos cristalizados y bizcos como los de los gatos. – Toma, guárdate eso. – Dijo tendiendo una papelina con unos gramos. – Del que mola, compadre, – entre risas – Tailandés, viejo. Como en los buenos tiempos.

Me había servido al llegar, lo primero que hice al descubrir la mesita del salón cuya superficie de vidrio negro reflejaba el lujoso aposento alrededor de unas delimitadas cordilleras blancas en paralelo y justo en el centro del mueble.

Efectivamente era mucho mejor que el pesado manto de la morfina con el cual me degradaban en el hospital para hacerme mamar con la quimioterapia.

César y yo fraguamos un nudo que nos unía desde que nos conocimos hacía más de treinta y siete años. Desde la recogida de la naranja de California, en los EEUU.

Once años después de nuestra despedida en París estábamos en Barcelona, acomodados en modernas hamacas de diseño, tomando una copa a la luz del gajo de luna sin cruzar una sola palabra. Saboreando el instante del reencuentro, de sabernos vivos, de conocernos como no nos conoció ni nuestra madre. Únicamente los que disfrutan del silencio en compañía pueden considerarse unidos por el lazo umbilical de la amistad.

– Bueno chico, ¿Qué te cuentas de nuevo? – Rompió el sugestivo mutismo transcurrido un cuarto de hora.

– Me operaron del hígado. Es una retorcida historia de despropósitos con consecuencias mortales a corto plazo. No vale la pena comerse el coco.

– Pero ahora, ¿Estás bien?

– Joder. He venido, ¿No? Estoy aquí contigo. Chungo, pero resistiendo.

– O sea, que podía haber sido peor.

Fundimos las risas en una estrepitosa carcajada, pura envidia de los dioses.

– Podría. Pero ahora todo va bien. Estoy bien. Te lo juro.

– Y Marta y los críos, ¿Cómo están?

– Joder Joe, Tienes que ver a Isra, está más alto que tú. Y la niña, lista y guapa como la madre. Podemos comer juntos mañana. – Respondí con estéril soltura.

De pronto, su rostro, aquel páramo de surcos que, como el tronco podado de los árboles, le delataban la edad, se interpuso a mi capacidad cognitiva, y tan sólo llegué a sorprenderme a causa de la opacidad de sus ojos.

– Llamé a Marta. – Soltó gruñendo con media sonrisa – Hablé con ella. Sé que te has pirado de casa. Perdí tu móvil y la llamé a ella, fue por casualidad. Pero me lo contó todo. Las broncas, lo que pasó en el Hospital, lo de tu madre. – Hizo una pausa para tragar – Sé que te estás muriendo.

Aquel silencio donde siempre nos sentimos seguros se disgregó para transmutarse en un animal de pulioretano elástico y asestarme un afilado aletazo en mitad de la cara.

– Me dijo que vivías solo en una pensión de mala muerte. Porque lo preferías así, porque no querías ser ningún lastre para nadie. Que ya habías tragado demasiado con tu familia y los colegas. Que no salías a la calle, que no respondías llamadas. Muy mal rollo, ¿No? Te veo muy demacrado, viejo.

– ¡La jodiste! Después de tantos años, al final viniste para joderla. ¿Qué quieres? ¿Te manda ella? ¿Es eso? ¡A la mierda! Que os jodan a todos. Mierda – Pensé en levantar el culo de la silla, sin embargo, en mi situación, aquella noche quizá fuera uno de los últimos recuerdos que me llevara al otro mundo. Nunca antes se interpuso ninguna mujer entre nosotros. Además, de ser amigos, pues siempre lo fuimos, fundamos la amistad más pura y fiel entre un hombre con fortuna y otro sin ella. Hoy el destino nos intercambiaba los papeles. Increíble moraleja. Los pensamientos se agolpaban al final de mi tiempo.

Del interior de la suite sonaba Zeppelin, la banda preferida de Joe. Escalera hasta el Cielo.

– No te lo tomes a la tremenda hombre. Podía haber sido peor.

– ¡¿Peor?! – Provoqué un silencio que él, muy pragmático en sensibilidades emotivas, fue incapaz de respetar, rompiéndolo con su risa de cómicas modulaciones – Lo peor es que me contagies la risa, hijoputa. – Logré balbucear.

Así, una vez más, volvimos a regodearnos de las desdichas que nos hicieron fuertes, orgullosos por haber enderezado un retorcido y espinoso camino donde las pintaban bastos y descubrimos oros.

Secándome las lágrimas con el dorso de la mano, en un momento de hilaridad sostenida, pregunté: Este homenaje ¿Quién lo paga viejo?

Imposible, las risas ahogaban cualquier intento de entendimiento racional, sin embargo daban paso a una comunicación telepática, convergencia de ideales y deseos comunes.

Relajados y fatigados a resultas de la situación, el tailandés y el escocés, reposando en los escalones de cerámica que descendían del salón a la terraza entre geranios y jazmines en flor, contemplamos el firmamento estrellado.

– ¿Qué necesitas?

– No necesito más que me dejen en paz.

– ¿Yo también socio?

– Claro que tu también. Quiero acabar con esto de una puta vez, detener el tiempo, protegerme de mi mismo. A fin de cuentas sois mi familia. No quiero que los críos crezcan bajo la sombra de una mentira.

Cuando me operaron, al darme el alta, Isra me preguntó por qué no habían flores en la habitación. Que en las películas salían. No tuve flores, ni visitas, ni llamadas, Joe, ¿Qué quieres? Tu lo entiendes mejor que nadie.

– Si. Lo entiendo. – El semblante se le ensombreció por primera vez aquella noche, tensando los músculos del rostro y con los ojos centellando humedad. – ¿Eres consecuente? – Preguntó con circunspecta expresión.

– Si. Lo soy.

– Está bien. Me ocuparé de todo – Asintió dejando caer la melena cana que cubría los laterales de su semblante. Bajando el volumen de la voz por primera vez desde su llegada mientras rellenaba los pequeños vasos.

– Sabía que podía contar contigo.

– Pero es la última vez que…

Las carcajadas llenaron las horas postreras.

20 comentarios leave one →
  1. Perico permalink
    29/11/2010 20:21

    Joe puede venir desde el relato anterior. Surrealista; pero supongo que impresiona por su contenido de veracidad en clave de otra época en sitios actuales. Te lo puntúo muy alto.

  2. 21/11/2010 17:21

    Me alegra tu comentario amigo Rafael y que coincidas con Letras.
    Realmente es un texto inspirado en una realidad que me tocó vivir de cerca, escrito con más con el corazón que con la pluma.

    Bienvenido y bien hallado.

    Edu

  3. Rafael permalink
    21/11/2010 17:12

    Estoy con Letras, este texto esta genial.
    Lo que más me asombra es lo mucho que dices con cada descripción, casi sobran los diálogos. Lo que más admiro el orden profundo que tiene la historia diciendo solo lo necesario. Un gran trabajo, sí señor.

  4. Letras permalink
    14/11/2010 13:29

    Es espectacular. No se bien qué decir. Lo he guardado en word. Lo leeré con calma seguro que muchas veces. Joe puede marcharse tranquilo sin duda. Abraçada Edu.

  5. 13/11/2010 17:43

    En efecto Blopas, es una historia fuerte porque es un reflejo sentimental, porque la realidad supera la ficción, porque si hay que tener valor para vivir hay que tenerlo para morir con dignidad. Porque nuestra muerte sólo va a dejar una vacante, una ausencia para unos, un recuerdo para otros, alegre o triste, depende de la perspectiva, depende del contexto, de la fortaleza, depende del volumen de amistad.

    Sólo una vez tendremos un amigo así, sólo una vez deberemos decidir el modo en cómo despedirnos. No hay una segunda oportunidad. A diferencia de los electrodomésticos, no llevamos el libro de instrucciones bajo el brazo.
    No todo está en los libros ni en el viento, en cualquier caso, hay ocasiones en las que debemos ser como somos, actuar en consecuencia y asumir el resultado.

    Hay decisiones que valen un tesoro inimaginable.

    La amistad es uno de los más loables sentimientos que uno pueda tener la suerte de disfrutar. Deberíamos aprender a despedirnos con dignidad y valor para mostrar nuestros sentimientos a los amigos del alma, a ofrecerles un final de película, para que se lleven lo mejor de nuestros corazones.

    Aunque el comentario parezca algo cursi, hay que tener temple para enfrentarte así al final de una vida.

    Gracias por tu amable crítica.
    Un abrazo.

  6. 13/11/2010 15:56

    Primera lectura: el diálogo se enroscó en el estómago. Segunda lectura: reconocer amistades tan fuertes me terminó alegrando.

    La parte en la que le preguntó si ella lo había enviado es espectacular. Intenté ponerme en el lugar del amigo, entendiendo que la preocupación de Marta era lógica, y al mismo tiempo sabiendo que si por él fuera probablemente nunca le habría dicho ‘esas’ cosas. Aun cuando él mimo podía estar preocupado, en ese momento lo más fuerte era vivir su amistad y la necesidad de reír juntos aunque más no fuera una última vez.
    Una linda patada en el culo a la parca!! Muy bueno, eduard.

  7. 12/11/2010 18:12

    Amistad, lealtad, cara a cara con la parca feliz. ¿Le importa a uno lo que pensaron los demás cuando asoma el ocaso? ¿Se deja arrastrar por la vanidad del recuerdo, por lo que uno hizo o fue?
    Dos individuos que han vivido suficiente, que vieron morir a los mejores, que han sentido la injusticia en la piel, que de todo esto han hecho leña para el hogar, que la travesía ha sido el descanso, el viaje el sueño, el sueño la vida.
    Se necesita más valor para reírse de la muerte de uno que para quitarle la vida a otro.
    Una última carcajada armada de vida es un modo insuperable de cerrar el telón. Ojalá yo pueda hacerlo así, llegado el momento.
    PD Real. En una ocasión recibí una reprimenda por haberle salvado la piel al individuo en cuestión (En otra cuestión y contexto). Como se puede comprender, jamás olvidé “el detalle”

    Tits and bears

  8. 12/11/2010 17:35

    PS: Yo estoy de acuerdo con Anne y con Ernesto. Ya somos tres contra uno.

  9. 12/11/2010 17:34

    ¿Ya tienes el cuerpo cubierto de tatuajes, como Vigo? (-:

  10. 12/11/2010 16:33

    M, no creo que te hayas salido de la historia, tal vez te expandiste por uno de los laterales, pero retomaste y, te aseguro, todo converge.
    Ahora no tengo tiempo, tengo que ir a cumplir un encargo para la mafia rusa, después te diré el qué. Pues un post como el tuyo, no es para depreciar.

  11. 12/11/2010 16:30

    Ay Ernesto, lo que me gustaría a mi estar de acuerdo contigo y con Anne, poseer ese dominio del que hablas, pero uno (Yo en cualquier caso) Nunca está contento consigo mismo.
    De todas formas, si he conseguido que miréis por la ventana para ver lo que nosotros vemos en el relato, es más de lo que se puede pedir. Gracias por tu amabilidad.

    Un abrazote.

  12. 12/11/2010 16:19

    Darling, han pasado tres días y sigo pensando en tu historia. No tanto por el impacto emocional que me produjo (que es de importancia 1-A al momento de ver-escuchar-leer una pieza de arte y el que yo a menudo basta y sobra para el espectador), sino porque me dio la impresión de que teníamos una especie de desacuerdo latente ahí, lo cual, en general, no es de mis cosas favoritas para tener.

    Ayer, por ejemplo, trataba de dilucidar si era o no válido para mí lo que para ti parece ser el nudo de la historia “Individuos a quienes no sonrió la vida y se rieron de ello”. Tomé la idea, le di varias vueltas, la miré a contraluz…. es un ejercicio que hago muy pocas veces, creo que te he contado que no soy muy dada a la reflexión, posiblemente sea una tara adquirida… bueno, el caso es que concluí que depende de la circunstancia. Creo que es un tema sobre el que se podría conversar durante horas, quizá días, por el alcance. Como yo lo veo, al fin y al cabo es: ¿”ha valido o no la pena una vida”? Y en esto, tenemos una infinidad (infinidad en este caso, significa ocho, jeje) de puntos de vista. Está el del viviente, para empezar, el de su familia, el de los amigos, compañeros, etc., y si el viviente llegó a trascender, pues el de la humanidad, si al viviente o a quien analiza le importa, también podría tener cierta relevancia el punto de vista del Ser Supremo, aunque también hay quienes piensan que no hay diferencia entre el punto de vista del Ser Supremo y el propio…. etc.

    Mi propio punto de vista, muy personal, –opuesto, como corresponde, al de la psicología– es que no se trata, al final de los finales, de un asunto de “actitud”, sino de productos y de resultados. Es algo como ¿logré hacer lo que quería, sí o no? Como una gran parte de los seres humanos no tiene la menor idea de lo que quiere, pues… eso se responde por sí solo.

    Podemos complicarlo (a los humanos no nos gustan las cosas simples), y decir que teníamos ciertas metas útópicas que debimos cambiar con el tiempo, o que simplemente cambiamos de opinión, etc. Pero al final, el trompetista del Juicio no es (lamentablemente) Miles Davis, sino cada uno de nosotros. Siempre está, como útil comodín, aquello de “plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Supongo que en estos tiempos modernos, un blog de más de 6 meses, contaría como un libro…. así que probablemente una gran cantidad de bloggers iremos derechito al Cielo (espero que haya Wi Fi en esas alturas).

    Pero es eso. ¿Causamos el efecto que queríamos causar? ¿En qué medida? Y esa es, para mí, la medida en que una vida vale o no la pena (o sea para quien la vive). Mi maestro Jedi N° 0 (El maestro de maestros) sabiamente agrega a esto: ¿se alegraron los demás de que uno existiera? Y este sería entonces el segundo parámetro, una buena medida también. Hitler con seguridad logró causar el efecto que quería causar con su vida, pero la respuesta a la segunda pregunta…. ¡bueno….!

    No sé cómo llegué aquí, pero…. nada, todo eso salió de tu historia de algún modo.

    Luego de todo el rollo anterior, entonces, la carcajada final, si es de alegría genuina, sería, definitivamente, no sólo un tercer parámetro, sino –mucho más importante– el antídoto contra el veneno de la respuesta negativa a las dos primeras preguntas. Y en este caso, ser un antídoto significaría que el mismo fracaso NO volvería a ocurrir en la próxima vida. Estoy de acuerdo contigo.

    Love and cookies

    PS. Me salí completamente del tema de la historia y del blog. No “lo siento”, pero reconozco que así fue.

  13. 11/11/2010 20:02

    Magnífico relato de serie negra. Ambientes y personajes trazados con tal maestría que nos acomodamos junto a ellos, miramos a través de la ventana del hotel y vemos el bullicio de la Rambla, apreciamos el nerviosismo y la rabia contenida del que ha sido pillado en renuncio…

    Estoy de acuerdo con Anne, este estilo lo dominas y puedes conseguir lo que quieras con él.

    Un abrazo.

  14. 10/11/2010 16:40

    Micros, te suena a la perfección, con menos acidez y más crudeza. Estoy en blanco. Tengo un texto de 220 páginas en manos de un un corrector que no coge cualquier cosa. Ya es un primer paso. Y muy poca paciencia para obtener una respuesta.
    Dicho de otro modo, nado entre dos aguas porque no tengo ningún control sobre mis trabajos. Quiero tener la verdad ahora.

    Salut i avui un altre tanda de mes gols

  15. Tania permalink
    10/11/2010 16:31

    Hola que tal¡

    Permiteme presentarme soy tania administradora de un directorio de blogs y webs, visité tu página y está genial, me encantaría contar con tu site en mi sitio web y asi mis visitas puedan visitarlo tambien.

    Si estas de acuerdo no dudes en escribirme

    Exitos con tu página.
    Un beso

  16. 10/11/2010 14:25

    Ayer vi El fantasma y la señora Muir, una relación que va más allá de aquí y ahora. No se parece al texto pero me lo recuerda. Mis asosciaciones a veces no las entiendo ni yo. A lo mejor es que los protagonistas quieren vivir su vida con los sueños y recuerdos, y que llevarselos es mejor que empeñarse en rascarlos hasta quitarlos de la vida amargando a los que tienen al lado.
    También he pensado en la canción de james Taylor Llámame y donde quiera que esté vendré corriendo porque tienes un amigo.
    Salut i gols

    Me suena el texto pero más corto y menos ácido puede ser?

  17. 10/11/2010 11:09

    M8, ¿No quieres leerla dos veces? Lo entiendo. Sin embargo no comparto. Es una transición consumada con valentía. Con la verdad por delante, regida por el sentido común a pesar de la idiosincrasia de los personajes. Individuos a quienes no sonrió la vida y se rieron de ello.

    Concha, muy complejo, muy sereno y tan humano como cabe en el contexto. Y si; estoy de acuerdo, en poder pasar por las sendas embarradas de aguas tenebrosas y salir inmune. Has expuesto un excelente prisma para la ocasión, de mierda hasta el cuello y salir sin pringarse. Un ejemplo de fortaleza que no implica perder sensibilidad sino ganar serenidad y armonía.

    Anne, tu opinión vale mucho aquí como literata ilustrada. Al margen de la palabra; desgarrador (Que a mi me tiene enganchado por miles de razones) descripciones que construyen y estructuran el entorno y los lazos de la amistad más loable.
    No puedo seguir escribiendo así por la sencilla razón de todos los frentes que mantengo abiertos, hablo de lectura, hablo de escritura, ambas actividades son, al día, un día aprovechado, un día completo, un día Comansi.
    Poesía, serie negra, narrativa, novela ficción, de estilo de aquí y de allá, de pocas o muchas palabras y un abanico con un sinfín de colores, versos y descripciones.

    Abrazos, besos, manitas, un aperitivo a mi salud, y a ser felices.

  18. 10/11/2010 9:37

    Eduard, estoy emocionada. Tu relato es impecable. Las descripciones relatan por si solas el estado de ánimo del protagonista, descripciones que apoyan y resaltan el dialogo del protagonista y de su amigo. El dialogo es desgarrador, por no caer nunca en la autocomplacencia. Al fin un relato esplendido, al igual que M no deseaba que se acabará. Sigue escribiendo así Edu por favor, con esta intensidad soterrada. Has encontrado lograr un estilo propio percutante.
    Un abrazo,
    Anne

  19. Concha Huerta permalink
    09/11/2010 23:23

    Triste relato sobre un tema tan complejo como endiablado como el fin del propio sufrimiento. Relatas muy bien esa angustia del enfermo ser una carga para los seres queridos. Pero cuidado. A veces se puede llegar a las puertas del infierno y salir ilesos. No seria la primera vez. Un saludo

  20. 09/11/2010 21:43

    Diablos, Eduard!!!!

    Una vecina tiene a Fernando Montaner a todo volumen hace dos días, repitiendo una y otra vez las canciones más famosas del pequeño venezolano que probablemente jamás hayas escuchado en tu europea vida… fondo de acordeón: “La mujer de mi vida no es normal, es demasiado sublime, demasiado….” se escucha en este momento, aunque mi favorita es, naturalmente, “Soy tuyo”.

    Lo anterior fue para hacer una especie de transición y poder sacarme tu historia del estómago. Bastante trabajo que me dio. Qué historia más….. […] no lo sé, no la encontré, la palabra, luego de buscar en mi archivo mental por un tiempo razonable.

    No quería que se terminara, no sólo porque desde el principio no parecía que terminaría bien, sino por el feeling TAN sentido que transmite. (Estoy requetecontrasegura de que hay una forma más elegante y literaria de decir lo que acabo de decir, pero desconozco esas formas). Me dolió hasta el pelo al leerla. Hasta las uñas me dolieron. Y al mismo tiempo, admiré la poesía que se le desparramó encima, muy probablemente a tu pesar, y aunque en algún momento intentaras limpiársela con un paño no muy pulcro o más probablemente con la manga….

    A la palabra desgarradora le encuentro un no sé qué de cursi, que no la soporto y es una verdadera lástima, porque en este caso la necesitaba. Quisiera volverla a leer, pero no quiero. Tú me entiendes.

    Eres un bestia absoluto e inmisericorde. No es por eso que te quiero, en lo más mínimo, pero te quiero.

    PS: Es, quizá, como un tango. Como uno de los verdaderos. (Sólo una aproximación, no demasiado próxima, pero un intento al menos, para no dejar los puntos suspensivos flotando en la nada… la Naturaleza aborrece el vacío, por si no lo sabías.

    M Bleeding Heart

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