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► Puta Mili

23/11/2010

OLEO del Autor

► Años más tarde constaté a través de internet que de aquella odisea en tiempos de paz existió, los reemplazos que allí juramos bandera guardábamos un recuerdo inolvidable a la sazón del Sargento Picurri, el sargento por antonomasia del Ferral del Bernesga.

La casualidad quiso que un buscador de la red me llevara hasta un foro de antiguos miembros de aquellos reclutamientos obligados por ley. La melancolía es un sentimiento inevitable y espontaneo. Las fotografías me inundaron los ojos con recuerdos que daba por olvidados, aunque lo mejor fuera la analogía entre los comentarios.

Además de los mensajes clásicos, todos los que cumplimos por la patria en el CIR por aquel entonces mantuvimos un vínculo común. Una evocación más fuerte que los lazos de la amistad, más romántica que la aventura de los amantes, la más férrea disciplina, la cual nos convertiría en los hombres que somos hoy. Aprendimos como manejarnos con un arma, a desfilar a pecho descubierto a 3 o 4º bajo Cero, cuando nos cuadrábamos para saludar a la bandera (Indispensables conocimientos para gozar de  una vida sana). Nada de ello era comparable al imborrable recuerdo del sargento Picurri, aquel suboficial chusquero, de los de antes de la guerra, de los que nunca ascienden, de los que ya no se hacen (Gracias a los milagros). El más feo y repugnante de todos los sargentos, alcohólico, pequeño, flaco, matón, fanfarrón, maricón; en suma: un cabrón malnacido.

El héroe representó la esencia del tiempo que el ejército nos obligó a cumplir a cambio de la satisfacción por haber defendido al país durante un espacio de tiempo malversado.

El Sargento Picurri, el reflejo de un glorioso ejército obsoleto, dirigido por rancios oficiales obesos y corruptos. La mayoría paletos ascendidos por las vías de la influencia y el amiguismo.

El sargento Picurri, el último suboficial de raza, con su Seat 600, su Star de 9 milímetros y su cruel voz de cazalla. Compartiendo guardias con suboficiales treinta años más jóvenes que él.

La mayor parte de comentarios discurrían alrededor de susodicho individuo. De todas la referencias, experiencia y aprendizaje, el Sargento Picurri resucitó en nuestras mentes como la clave del rol vivido. Habría que preguntarse el por qué psicológico del resurgimiento de tan tremendo canalla en nuestras memorias.

11 comentarios leave one →
  1. Perico permalink
    29/11/2010 20:32

    Saludos al Sargento Picurri.

  2. 29/11/2010 3:19

    Yo cuando juré bandera no la besé: soplé hacia fuera y cuando teníamos que gritar “Viva España” yo dije “Vicks Vaporub” Eso fue en el CIR de Sant Clemente de Sasebas. También teníamos un teniente borracho, pequeño, flaco, fanfarrón pero no maricón.

  3. 27/11/2010 23:14

    Tu cuidada descripción de Picuri me ha hecho recordar a otros Picuris sin disfraz. Aquellos son peores, te cogen a traición.
    Abrazos desde las antípodas.

  4. 27/11/2010 18:01

    Me choca que seas tu quien fluctúe estas dudas. Arte viene de artesanía (Sin consultas a la red) artesanía es hacer las cosas artesanalmente, es decir con las manos, en consecuencia: hacer las cosas con arte, con un estilo que te diferencie por calidad, originalidad, imaginación. Creo que un artista lo es cuando convierte en arte la materia, cualquiera que sea, por cualidades sensitivas o emotivas.
    Yo empecé con la publicidad y el diseño gráfico, lo compaginé con la música pues a partir de un primo que tocaba flamenco terminé con una eléctrica haciendo rock. En aquellos tiempos recuerdo mi obsesión con la lectura y las primeras tonterías con la escritura.
    Viajar, vivir, aprender, Estudio de Publicidad, Banda de Rock&Roll y cerveza.
    Siempre me he relacionado con toda clase de elementos supuestamente artistas, músicos que jamás leerán un libro, poetas que odian el hard rock, pintores que pasan de la literatura, pintores y literatos que pasan de las nuevas tecnologías para el diseño.
    Yo me considero un desconsiderado conmigo mismo, pues no logro definirme llegados a la cincuentena. Aunque a fin de cuentas no me va tan mal haciendo de escritor, dando clases de pintura e improvisando una jamsession de vez en cuando con los viejos colegas, escuchando música mientras escribo sobre mi un pasado psicodélico dentro de la opresión, el delirio que nace de la norma y la directriz, la razón del caos.
    Unas artes requieren del silencio, otras de la modulación o de un ritmo, otras de conocimientos técnicos, etc.
    Creo que perdí el hilo, pero tu ya me entiendes, ¿No?

    Kiss

  5. 27/11/2010 17:38

    Así es, número uno. ¿Sabes? siempre he querido saber qué hace diferente a un músico de un pintor o de un escritor. He conocido muchos músicos y varios pintores/artistas visuales-escritores; pero nunca un músico-pintor o un músico-escritor…. creo que hay algún tipo de diferencia esencial ahí y no logro establecer cuál es.

    Quizá es algo tan tonto como el tiempo o una selección de importancia…. por algún motivo, la música parece ser más absorbente que las otras artes y requerir mayor dedicación… He visto que para los músicos, el resto del mundo literalmente (o debería decir “musicalmente”?) desaparece. Para los otros, no. Love you, with love.

  6. 25/11/2010 19:00

    El Nº UNO de la Escola del Realisme Cabró i malparits, donde los modelos son los peores canallas de pura cepa, canallas que describen época y estilo, genios y figuras, macarras en un perímetro de metro al cuadrado.
    Increíble pero cierto, una alusión a mis pinturas, me cuesta creerlo, una alusión artística y literaria. Estaré alucinando.

    Universo Oscilante

  7. 24/11/2010 23:18

    Eduard, dear, si alguna vez tengo que hacer un retrato hablado de un canalla, te llamaré.

    Nadie lo hace mejor que tú. Estoy segura de que incluso –en el caso de los canallas– los hablas mejor de lo que podrías haberlos pintado. (A diferencia de tus mujeres de ojiverdes, donde toda la poesía se te vuelca en los pinceles chorreando aceites pigmentados).

    Me gusta particularmente cómo haces que se vean como lo que son, como lo que todo canalla es: un pobre tipo a final de cuentas, despreciable y maldito a más no poder, pero un pobre tipo. Eres el mejor de la Escola del Realisme Cabró i malparits.

    Love you.

  8. 23/11/2010 22:04

    Yo no hice la mili pero estuve parte de mi adolescencia e inicio de juventud en un internado. No teníamos sargento pero teniamos unas monjas que riete tu del Picurri. De aquellos tiempos me quedan los recuerdos de los domingos por la tarde, interminables, de los días de lluvia en el salón de recreo tocando la guitarra, de castigos ridículos y de una gran amistad.
    Salut i victòria

  9. 23/11/2010 15:49

    Gracias por tu visita y consecuente crónica Concha. La pregunta continúa ahí, Qué resortes provocan que la mente nos sorprenda con recuerdos tan remotos, que tecla toca ésto o lo otro para que de repente encadenes ciertos elementos y aparezcan esta especie de fantasmas.

    Aviador Loco Ernesto, supongo que habría más de uno de estos tipos que tanto juego han dado al orgullo patrio, quienes hoy son anécdota pero que en un pasado a algunos reclutas sufrieron de sus abusos delirantes, aunque otros (Entre los que me cuento) le doblábamos la sábana para cuando se acostaba borracho y cosas peores que inclusive aquí serían demasiado fuertes de contar.
    Gracias a la evolución y al progreso hemos dejado atrás a estas figuras del folclore ibérico.
    En una ocasión, el Sargento Picurri nos mostró una fotografía vestido con el uniforme alemán mientras nos decía: Lástima que perdimos la guerra.
    Ordenaba a los nuevos que fueran a lavarle el Mercedes, al rato cuando los nuevos reclutas se rendían a la evidencia de haber encontrado ningún Mercedes que lavar, el sargento los arrestaba por incumplimiento de las órdenes. El muy cabrón tenía un Seat 600 al que llamaba Mercedes.

    Abrazo´s

  10. 23/11/2010 15:20

    Me has hecho recordar la época en que “serví a la patria”, me decíana mi en la Base Aérea de Getafe, dónde tuve que hacer la instrucción como recluta, se suponía que para hacerme “todo un hombre”, algo que no debieron de hacer muy bien dada mi trayectiria posterior.

    Yo también tenía un sargento, en mi caso le llamábamos “medio polvo” por su corta talla, pero idéntico a tu Picurri, y éste además vigilaba con espewcial atención que no se leyerá el peligroso diario “Informaciones”. Formaba duo con un cabo primera, el “gelipollas” ya que así se dirigía a todos nosotros.

    Batallitas del abuelo Cebolleta.

    Un abrazo, compañero.

  11. Concha Huerta permalink
    23/11/2010 10:14

    Hay algunos personajes que el cerebro olvida en lo más profundo por algún motivo. Luego un buen día salta una chispa y el dolor de la humillación y el recuerdo vuelven como si los estuviéramos padeciendo. Un profesor amargado, un familiar violento, un sargento… Saludos

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